Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/3/1997 12:00:00 AM

LAS PENAS DE LAS DELICIAS

Beatriz González plasma su dolor ante la violencia del país.

La obra de Beatriz González se orientó desde sus inicios por los derroteros del movimiento pop según lo testimonian diversas pinturas para las cuales acudió a símbolos publicitarios, y así se percibe todavía en su estrategia de extraer imágenes -al igual que Warhol en los años 60- de las tragedias reveladas por la prensa. Pero el pop sufriría una variación fundamental al imponerse en América Latina adquiriendo un sentido social crítico, lo cual se hace manifiesto en el trabajo de esta pintora que no solo ha representado cuitas, suicidas, masacres, magnicidios y las viudas de la violencia, sino que ahora presenta en la galería Garcés Velásquez una oportuna exposición que gira alrededor del sufrimiento de las madres de los soldados secuestrados por la guerrilla en las Delicias.
La muestra logra con creces su cometido. En ella se pone de presente la sensibilidad social de la pintora, su profunda preocupación ante los hechos de violencia que sacuden al país, su inquietud por el destino de la sociedad colombiana y su dolor ante la arbitrariedad y la injusticia. Un autorretrato de la artista desnuda llorando constituye no solo la más clara comprobación de su capacidad de sublimar el cuerpo humano, sino el más patético testimonio de su susceptibilidad y capacidad de compasión.
La exposición también hace evidente la vocación pictórica de esta artista que desde niña dejó perplejas a las monjas del colegio con su ingente talento y que en la universidad asombró a sus profesores, entre ellos a Marta Traba, por la calidad de 'sus ejercicios de estilo'. El color de las obras es personal y pertinente al tema, e incluye azules, ocres y morados que combinados con prudencia incrementan la tensión de las situaciones que describen. Si bien los rostros de los protagonistas son difíciles de precisar debido a las manos que los cubren en señal de angustia y a cierta premeditada torpeza que emparenta sus trabajos con los de Maripaz Jaramillo, las representaciones hacen manifiesta una gran habilidad para plasmar, con mínimos detalles, la aflicción y el desconsuelo.
Aparte de pintora, dibujante y grabadora, Beatriz González es también crítica, curadora historiadora y asesora de diversas entidades en materia de artes plásticas, y como es apenas natural, en un océano tan amplio no todas las áreas tienen la misma profundidad. Es importante reconocer, sin embargo, que como promotora de su producción su trabajo es admirable, y así puede comprobarse en las reproducciones de sus lienzos en los catálogos de las exposiciones que organiza y en la extraordinaria valoración del arte figurativo de los años 70 y 80 que es patente en las actividades a las que se halla vinculada.
Pero dejando aparte los conflictos de intereses, lo cierto es que Beatriz González se cuenta entre las más destacadas pintoras de las últimas décadas en el país, y que su trabajo se inserta en la tradición nacionalista y de preocupación social que iniciaron los artistas de los años 30 y 40, aunque actualizada con recursos de la vanguardia internacional. La exposición no deja duda de su adhesión a principios del arte moderno como la racionalidad, la originalidad, y la particularidad estilística, de su apego por el manejo de las circunstancias que determinan reconocimientos, ni sobre sus humanitarios sentimientos y la mortificación que le significan los padecimientos y desafueros de la guerra.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1844

PORTADA

Francisco superstar

La esperada visita del papa a Colombia tiene tres dimensiones: una religiosa, una política y otra social. ¿Qué puede esperarse de la peregrinación del sumo pontífice?