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| 10/3/1983 12:00:00 AM

LAS PRIMERAS SILABAS

¿Qué pasa con la industria del doblaje en Colombia?

Ha ocurrido durante años. Cientos de enlatados, buenos y malos, divertidos y sosos, desaparecen intempestivamente de la pantalla chica, sin contemplación con los televidentes, debido a problemas de doblaje. Ya pasó una primera vez con "Dallas" y con "Flamingo Road". Ahora están fuera del aire "Dinastía", "Falcon Crest" y nuevamente "Dallas" .
Las soap-operas, como llaman a estos novelones en los Estados Unidos, se han convertido en una nueva adicción para millones de televidentes. Cautivados por una interminable sucesión de tragedias, dramas pasionales, intrigas y negocios de dudosa ortografía, adobados todos con buenas dosis de suspenso, se acostumbran a contar los días y, muchas veces, a programar sus actividades en función del episodio siguiente.Todo, para que un buen día, un acartonado presentador anuncie que "por problemas de doblaje", la programadora se ve obligada a reemplazar la serie que estaba presentando.
Las emociones que venían in crescendo quedan súbitamente hipotecadas; los interrogantes abiertos. Sin saber a qué horas, la audiencia queda en vilo.
Estas series, producidas en "paquetes" en los Estados Unidos, están íntimamente ligadas al ciclo de las estaciones. Se producen durante una estación y luego se envían a México para ser dobladas al español. Sin embargo, los mexicanos, que tienen prácticamente monopolizado este mercado, no pueden garantizar el doblaje rápido del "paquete" de episodios.
Viene entonces el retraso y la necesaria suspensión de la serie en aquellos países que la han comprado. Estos impasses, que se han vuelto crónicos, ponen sobre el tapete las preguntas: ¿Por qué en Colombia no se doblan las series? ¿Cuáles son los inconvenientes que se presentan para que en Colombia no pueda desarrollarse una industria similar a la mexicana?
El doblaje, casi tan viejo como el cine, parece ser actualmente monopolio de los mexicanos. Dueños absolutos del mercado latinoamericano, desbancaron hace años a los españoles, quienes fueron los pioneros del doblaje en español. Su tono "seseante" marcó con su sello de fábrica a las películas de la época dorada de Hollywood de los años 30.
Con el paso del tiempo, sin embargo, y luego de varias versiones de la inmortal "Casablanca", se pudo comprobar que Humphrey Bogart perdía admiradores cada vez que, con un tabaco entre los dientes, musitaba un "vamos nena", nada compatible con lo que los espectadores estaban viendo. Así, poco a poco, el marcado acento de la madre patria fue perdiendo demanda.
No se acomodaba en manera alguna al espíritu de los nuevos tiempos, los tiempos de la TV y los enlatados en serie. Se abrió, así, un nuevo campo para los mexicanos, cuyo cine tenía un sólido mercado en los países latinoamericanos. Tomaron muy en serio esta posibilidad y se dedicaron a darle bases a la nueva industria.
Actualmente, una infraestructura compuesta de modernos y sofisticados aparatos los ha convertido en los principales, si no los únicos, realizadores profesionales de doblaje. Capaces de hacerlo en forma masiva y con suficiente personal entrenado en la materia, han logrado reducir los costos para hacerse altamente competitivos y acaparar el mercado en los países de habla hispana. Por otra parte, debido a una ley que obliga a que todos los programas exhibidos en el país sean doblados por mexicanos, se ha logrado desarrollar aún más esa industria. Esto, aunado al hecho de que los mexicanos conforman el mercado más amplio de enlatados y pagan casi tres veces más por una serie como "Dinastía", disminuye las posibilidades de que un contendor pueda amenazar sus dominios. Además, las casas distribuidoras de películas norteamericanas y europeas pefieren tratar con ellos y aun en casos de gran demanda de doblajes no vacilan en "hacer cola" y esperar para que sean los mexicanos quienes les hagan el "trabajito". De esta manera, las venden más caras, porque pueden incluir en el precio el costo del doblaje.
ASOMANDO LAS OREJAS
No obstante que los mexicanos han logrado un alto grado de perfeccionamiento, y que se han acercado a lo que pudiera considerarse un español internacionalizado, no han podido, sin embargo, eliminar el inconfundible "cantadito" mexicano. Esto, sumado a que se hán descartado de plano los doblajes españoles y argentinos por el acento del primero y la descuidada gramática del segundo, abren una posibilidad para Colombia. El acento neutro que se le atribuye al español de los colombianos, lo mismo que la famá del buen manejo del idioma podrían crear un campo de trabajo para innumerables personas que, entrenadas en la TV y la radio, no siempre están desempeñando papeles en las telenovelas y radionovelas de turno. Colombia, pues, podria estar asomando las orejas en una nueva industria que ya tiene a su haber unos primeros pinitos.
El primer intento se llevó a cabo hace cinco años con una película rumana, "El comisario acusa", y con tres películas de Harold Lloyd. A pesar de que fueron bien dobladas, de éxito fue relativo, porque las películas no fueron taquilleras. El mayor logro ha sido el doblaje que sé hizo de la serie "Los Borgia" de la televisión francesa, presentada con un buen rating de sintonía el año pasado. En "Dinavisión" en Bogotá se adelantó todo el trabajo de doblaje y sonorización con voces y técnicos colombianos. Aunque la "primiparada" les costó algunos pequeños errores en el arte del "lipsing" (la sincronización del movimiento de los labios de los actores con las voces que los doblan), los resultados generales fueron positivos, y la serie fue pasada en varios países con el doblaje realizado en Colombia.
El camino que hay que recorrer es aún largo y difícil. Algunas empresas, luego de invertir jugosas cifras, instalar estudios y proyectar ambiciosos planes, claudicaron a medio camino.
Los costos eran excesivos, la industria no resultaba rentable. "Dinavisión" y "Gramacol", entre otras, abandonaron la idea para dejar solitario en el camino al Centro de Producciones Audiovisuales que actualmente, bajo la dirección de Gustavo Nieto, es la única empresa que realiza doblajes en el país. Hoy por hoy se están doblando en Colombianos capítulos de "El show de Lucy" y las series "Jóvenes e inquietos" y "Días de nuestras vidas" (próxima a presentarse). Incluso, han llegado a salvar el pellejo de algunas películas colombianas en las que cierta falta de experiencia y de recursos técnicos han determinado un sonido deficiente. Re-grabando el sonido, por medio de dobraje, han mejorado las fallas y obviado problemas de sonorización.
El mayor obstáculo con el que tropieza la industria del doblaje en Colombia es el económico, pues los precios no son competitivos con los mexicanos: mientras México cobra mil 200 dólares por media hora de doblaje, Colombia a duras penas logra reducir el costo a 2 mil dólares, si desea que la industria sobreague. Las programadoras prefieren, entonces, comprar en los mercados de enlatados las series ya dobladas en México, pues equivale a un ahorro promedio de mil dólares por cada media hora. Por otra parte, la ley mexicana establece que las películas extranjeras que se exhiban en México, sólo pueden ser dobladas allí. Esto reduce necesariamente el mercado potencial de los doblajes colombianos, especialmente si se tiene en cuenta que México es el mayor consumidor de enlatados de Latinoamérica.
Independientemente de los factores económicos y de los recursos técnicos y de personal entrenado que puedan afectar el despegue definitivo de la industria del doblaje en Colombia, lo que tiene en ascuas a millones de televidentes colombianos es la amenaza permanente a la cual están expuestos: que sus series predilectas sean sacadas del aire, intempestivamente, por retrasos en el doblaje. Un problema crónico que perjudica a millones de televidentes con quienes, en cierta forma, se rompe ese compromiso tácito que se establece cuando un programa hipoteca sus emociones. El televidente tendrá que esperar durante meses hasta que México pueda prestar el "destapador" para abrir nuevamente el enlatado.
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