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| 10/12/1992 12:00:00 AM

LAS TRES RESURRECCIONES

El Museo de Arte Moderno de Bogotá está exponiendo una muestra de arte contemporáneo español, que no niega la influencia de pintores como Picasso, y de hechos históricos como la guerra civil.


LOS FANTASMAS DE PICASSO, DALI Y Miró rondan por las salas del Museo de Arte Moderno de Bogotá en estos días. Sus obras no están comprendidas dentro de la muestra de arte español que actualmente se exhibe. Pero ellos están ahí, en todo caso, salvados del olvido y de las trampas del tiempo, a través de las obras de tres generaciones de artistas de la peninsula que aprendieron su lección. Que aprendieron a ir más allá de lo obvio a romper los esquemas.
Que aprendieron, sobre todo, a explorar en el complejo mundo del arte, sin temor a que los llamaran, como en efecto llamaron a algunos de ellos, "protagonistas de un arte degenerado". Y es que los tiempos no fueron fáciles durante las guerras mundiales. Tampoco lo fueron durante la guerra civil española. Tampoco durante el franquismo. Los aparatos militares que asumieron el controlen cualquiera de estas etapas de la historia se encargaron de acusar a los artistas de vanguardia, a los que pretendían buscar raíces y motivos mas allá de la academia, de hacer un arte propio de "comunistas, masones, judíos y demás ralea". De esto no se salvó ni siquiera Picasso. Su obra también fue oficialmente abominada. Pero Picasso trascendió los controles, los pudores, los absurdos y los caprichos de las maquinarias, y logró no sólo darle forma a su obra sino también a la obra de todos los artistas del siglo XX. Y su marca, por supuesto, se ha sentido con más fuerza en la propia España. Este es, precisamente, uno de los encantos de la Colección Arte Contemporáneo Español que actualmente se expone en el MAM de Bogotá, como parte de las celebraciones del V Centenario del Encuentro de Dos Mundos.
Ahí están los rebeldes de la España del siglo XX.
Hay tres generaciones de rebeldía representadas en 3 obras: los que se rebelaron contra la opresión que le dió forma a la guerra civil, los que se rebelaron contra los excesos del franquismo, y los que se están rebelando contra el mundo de hoy.
Son tres generaciones del destape. Hay de todo, es cierto, entre otras razones por la diversidad de edades de los artistas. Pero hay un común denominador: en sus obras no está el paisaje naturalista, ni el bodegón armónico, ni mucho menos el retrato académico. Está la línea suelta, la expresión pura, la liberación de las formas, la explosión de colores, el riesgo de la abstracción. Y casi todos han plasmado sus obras en grandes formatos. No por una moda: también el tamaño refleja ese anhelo de liberarse.
Es una respuesta casi obvia, cuando los artistas han vuelto a encontrar la luz, después de verse obligados a pintar en los sótanos, en los falsos pisos de las casas centenarias, en los cuartos perdidos de las fábricas abandonadas. Son las tres resurrecciones del arte español en este siglo.
La Peneración que cuenta con un mayor número de exponentes en la exposición es la nueva, la de los últimos 15 años. En esta el peso político se ha diluido. Su revelación no tiene, por lo tanto, el énfasis en el sistema, sino más bien en las condiciones de un mundo apocalíptico, aunque este hecho implique abordar problemáticas propias de las relaciones internacionales. No faltan, por ejemplo, las estrellas de la bandera norteamericana, impresas cautelosamente junto a las garras de una fiera. En sus obras, no obstante, se refleja la apertura de España hacia nuevos mercados; la fiesta del color, así mismo, parecería recrear el ánimo festivo del pueblo ibérico y la liberación de los jóvenes españoles, empeñados en una nueva conquista, la de la modernidad.
Vale la pena destacar la presencia de dos artistas que han influido ampliamente en el arte colombiano. Se trata, por un lado, de Antoni Tapies, con ese lenguaje que le da cabida al subconsciente, y que se deleita en el trabajo de la pintura por el simple placer de pintar, antes que por interesarse en pronunciar determinados mensajes.
De otro lado, está en la muestra el escultor Jorge Oteiza, maestro de Edgar Negret, y a través de éste de las nuevas generaciones de escultores colombianos, que han convertido a la geometría en su idioma plástico.
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