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| 5/29/1995 12:00:00 AM

LAS VOCES DEL FRIO

La visita de Olga Borodina y Dmitri Hvorostovski, las estrellas rusas del canto, demuestran que Colombia entró definitivamente al circuito de los conciertos internacionales.

BOGOTA SE PREPARA PARA RECIBIR A dos de las más extraordinarias figuras del canto contemporáneo el próximo 10 de mayo: la mezzosoprano Olga Borodina y el barítono Dmitri Hvorostovski. A primera vista simplemente podría tratarse del recital de dos grandes voces, muy jóvenes y ya en el cenit de sus carreras. Sin embargo, hay mucha más tela para cortar.
En primer término el hecho viene a corroborar que Bogotá entró definitivamente en el ciclo internacional de las giras de las grandes estrellas. En cosa de apenas un par de años, el público ha aplaudido a las sopranos Katia Riciarelli y Eva Marton y al septeto de Wynton Marsalis. Esto para no caer en el lugar común de los megaconciertos de Plácido Domingo y Luciano Pavarotti en el estadio El Campín.
Así, de la noche a la mañana, la capital está en la mira de estas figuras, como la presentación de Borodina y Hvorostovski sencillamente lo ratifica.
Cantar, lo que se dice cantar, históricamente fue cosa de italianos y quien no lo fuera tenía que italianizar su nombre. Así por lo menos sucedió hasta la Segunda Guerra. Para los años 60 vino la invasión de voces norteamericanas y poco después las inglesas y españolas.
Las voces rusas apenas eran del dominio de algunos expertos; claro, traían a la memoria la legendaria aparición del bajo Fyodor Chaliapin a principios del siglo que conmocionó al mundo. Pero no eran más que rarezas en los escenarios líricos occidentales.
Estos artistas, con pocas excepciones, estaban confinados a los escenarios de su país: el Teatro Bolshoi de Moscú y el Kirov de Leningrado, entre otras cosas porque debían encauzar cualquier posibilidad de presentaciones a través del Gosconcert, que ponía toda suerte de trabas, recaudaba los honorarios y más parecía una dependencia de la KGB que una agencia para representar artistas en el exterior.
Sin embargo, la caída de la Cortina de Hierro puso las cosas a otro precio. Las voces rusas son hoy por hoy el gran anhelo de los teatros occidentales, a tal punto que París cuenta con una agencia exclusivamente dedicada a representarlos.

LAS CARAS DE LA MONEDA
El fenómeno tiene varias facetas: por un lado la presencia de estos cantantes da la oportunidad a los teatros occidentales de llevar a escena el repertorio ruso que prácticamente es desconocido por el público. Pero en la contravía, los jóvenes rusos han resuelto incursionar en el repertorio occidental; para ello han recurrido a las escuelas de canto de Italia.
Habría que agregar que en Rusia no basta con cantar: el público exige credibilidad dramática. Allí, "una bella voz en un cuerpo estático nunca hará carrera", dice Lumidla Lincy, la agente parisiense de las jóvenes voces que vienen del frío a conquistar Occidente, como a principios de este siglo ocurrió con ballets de Diaghilev. Y claro, nada resulta más excitante para el público de la ópera que un cantante sepa actuar.

UNA PAREJA DE LUJO
Hoy por hoy, no menos de 30 jóvenes cantantes de la Rusia contemporánea son figuras invitadas de las casas de ópera de Europa y Estados Unidos. El fenómeno rehasa la imaginación: las mezzosopranos rusas son las nuevas Carmen y Margeritte de Fausto de los teatros de Francia, son rusas las voces invitadas para abrir temporadas líricas en Nueva York, Londres y Viena y lo inesperado: desplazan las voces italianas en su propio patio!
Las óperas de Chaikovski son pan de todos los días en Europa y Estados Unidos y es factor de prestizio de un gran teatro ofrecer al público platillos líricos del exotismo de La guerra y la paz de Prokoviev, Salambo de Mussorgski, Sadko de Rimski-Korsakov y Lady Macbeth de Shostakovich. Para Georges Gad, "las voces del mañana vendrán todas del frío de la ex Unión Soviética".
Los reyes de este fenómeno son los barítonos Vladimir Chernov y Dmitri Hvorostovski y la mezzosoprano Olga Borodina que pisan duro en todos los grandes escenarios y tienen ya el definitivo respaldo del establecimiento discográfico internacional que mueve tras ellos sumas millonarias.
Borodina y Hvorostovski se presentan la noche del 10 de mayo en el Colón en un concierto organizado por la Fundación Camarín del Carmen que contará también con la Orquesta Sinfónica de Colombia bajo la dirección de su titular Dimitr Manolov. Hasta la fecha, las grandes voces de Rusia jamás han pisado nuestros escenarios y menos aún en la plenitud de su carrera.
En la rápida imposición de estos divos ha desempeñado un papel determinante el sello discográfico Philips de Holanda que rápidamente firmó contrato de exclusividad con ellos. Los tiempos actuales no dan tregua y en la rápida imposición de una estrella, además de voz, también juegan otros factores: Borodina es atractiva: piel blanca, ojos verdes, cabellos hermosos, el cuerpo es espigado. Quienes manejan su imagen no dejan pasar por alto este hecho. Además canta un repertorio inusitado: óperas rusas, romanzas, ópera francesa e italiana, ahora incursiona con enorme éxito en el repertorio de las mezzosopranos de agilidad. En la actualidad es una de las divas del Covent Garden de Londres.
Con Hvorostovski tampoco se escatiman esfuerzos, su imagen hace pensar en una especie de Tom Cruise del canto y deliberadamente se evita transmitir una imagen demasiado rígida. Como cantante se anota no solo haber conquistado el público del Teatro de la Bastilla de París sino haber puesto a sus pies el de la Scala de Milán, al compartir escenario con el propio Pavarotti.
Son artistas inteligentes, saben exactamente dónde están y tienen los pies bien puestos sobre la tierra. Parecen no tener prisa. Son más los roles que rechazan que los que aceptan. Han recibido ofertas para cantar títulos de alto riesgo y se limitan a decir: "Aún no, quizás dentro de 10 años ".
Saben perfectamente que una mala decisión puede llevar a la ruina sus instrumentos privilegiados, cuando no llegan todavía a los 30 años. Tienen un pie en Occidente y otro en los escenarios de su país.

EL PROGRAMA BOGOTANO
Para Bogotá han preparado un programa que en su primera parte va casi con exclusividad a la ópera rusa: arias y escenas de lolanthe y Dama de Picas de Chaikovski, arias y dúos de la novia del Zar y Sadko de RimskiKorsakov.
Borodina irá a la ópera francesa con trozos de Sansón y Dalila de Camile SaintSaens. El resto del programa está consagrado al bel canto italiano del siglo XIX: fragmentos del Barbero de Sevilla de Rossini y de Latavorita de Donizetti.
Un factor adicional no debe pasar inadvertido: la presencia de Dimitr Manolov en la dirección orquestal. El titular de la Sinfónica de Colombia, nacido en Bulgaria, es un especialista en el repertorio lírico ruso y conoce este estilo a profundidad.
Adicionalmente nadie quiere pasar por alto el hecho de que la Sinfónica de Colombia encuentra aquí la posibilidad de lucirse luego de su negativa de acompañar a Pavarotti en El Campín y del descalabro de la actuación de la Filarmónica de Bogotá en la noche de Plácido Domingo.

CON NUEVA ACUSTICA
INGREDIENTE adicional del concierto de Borodina y Hvorostovski será para el público comprobar las reparaciones realizadas en el interior del Teatro Colón. No son muy evidentes pero sí 'audibles': los tapetes que cubrían la mayor parte del teatro, y que se instalaron en la remodelación de la década del 70 afectaban la acústica original de la sala, fueron retirados.
Lo mismo ocurría con las láminas de fibra de vidrio que se colocaron entre el tejado exterior y el plafond que representa 'las artes', que hace las veces de cielorraso de la sala. También se eliminaron para permitir de nuevo la circulación de aire en la parte alta del teatro. La sequedad allí venía generando problemas en las estructuras de madera que sostienen las cubiertas.
Es la gran expectativa: comprobar si finalmente se ha podido regresar a las calidades acústicas de cuando Teresa Tanco de Herrera hizo el primer concierto del Colón hace ya más de 100 años.
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