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| 4/6/1998 12:00:00 AM

LE LEYENDA VIVE

Los premios Grammy sirvieron para redescubrir al prodigioso pianista cubano Rubén González, quien ya retirado y a los 77 años logró su sueño de grabar un disco como solista.

Quienes conocen de música no dudan en afirmar que los más grandes pianistas cubanos de este siglo, encargados de llevar la interpretación del instrumento hacia límites insospechados dentro de los ritmos modernos latinoamericanos, son tres. Luis 'Lilí' Martínez, compositor de Alto Songo, y Pedro Justiz, Peruchín, arreglista de Benny Moré y quien introdujo la influencia del jazz y el piano como solista en las orquestas de son, fallecieron luego de haberse convertido en verdaderos monstruos del teclado de la mano de las más famosas bandas de los años 40. El tercero es Rubén González, quien a los 77 años se había retirado agobiado por la artritis y viviendo del recuerdo de una época que lo llevó a tocar con orquestas tan legendarias como la de Arsenio Rodríguez, Raúl Planas, Mongo Santamaría y Enrique Jorrín, inventor del cha-cha-chá. El mayor símbolo de su retiro era el viejo piano de su casa en La Habana, que ya había sacado la mano por los efectos del tiempo y el gorgojo el día que llegó a visitarlo el productor Ry Cooder para escucharlo tocar, una mañana de marzo de 1996. La idea de Cooder, un gomoso guitarrista norteamericano dedicado desde hace años a rescatar la música autóctona africana y latinoamericana, era invitarlo a participar en un proyecto antológico que reuniera en un solo disco lo más granado de la tradición cubana entre compositores, intérpretes y ritmos. En él intervendrían luminarias de la talla del propio Planas, Ibrahim Ferrer, Manuel 'Puntillita Licea' y Francisco Repilado, más conocido como Compay Segundo, quien a los 89 años conservaba en su voz y su guitarra el sabor de los años de esplendor. Mientras escuchaba, Rubén le sugirió que era mejor hablar en el hotel donde Cooder se hospedaba, el pomposo Hotel Inglaterra de La Habana Vieja. Una vez allí, el piano del bar principal parecía estarlo esperando desde siempre. Luego de una conversación intrascendente, González dejó a Cooder hablando solo y se sentó al piano. Sus manos pronto recuperaron la sutil pero arrolladora magia de antaño y prácticamente el hotel entero se paralizó para seguirle las notas. El asunto había quedado resuelto, sólo que del primer disco prensado nacieron dos: uno titulado Buena Vista Social Club, un compacto que revivió con nostalgia los mejores momentos del son, la guaracha, el bolero y el danzón cubanos, y terminó ganándose el premio Grammy de este año en la categoría de Mejor Album Tropical Latino. El segundo, otra fabulosa recopilación de clásicos interpretados por la Afro-Cuban All Stars, banda que se encargó de reunir a las viejas glorias con las nuevas generaciones bajo la conducción de Juan de Marcos González,quien también dirigió el primero.Durante dos semanas los más célebres intérpretes cubanos estuvieron reunidos en el Estudio Egrem de La Habana, entre marzo y abril de 1996, ejecutando la nostálgica y emocionante tarea. Pero lo mejor estaba por venir. Una vez concluida la grabación y apagadas las luces del último día de charanga y guaguancó, Rubén González no resistió la tentación de seguir tocando. A oscuras y con los ojos cerrados invitó a sus dedos a bailar sobre las teclas en un estado de improvisación que obligó a Orlando 'Cachaíto' González, sobrino del legendario Israel López 'Cachao', a seguirlo con el bajo. El momento fue tan estremecedor que los productores no tuvieron más remedio que encender las luces y sentenciar lo que Rubén González había esperado desde siempre: "Tú tienes que grabar un disco solo". Nació entonces un tercer disco, el definitivo, un repertorio escogido por el propio González, quien grabaría acompañado de la banda de añejos colegas con los que había compartido más de 50 años de música. Dos días fueron suficientes, pero había pasado toda la vida para lograr el milagro.Hoy, ya retirado y a punto de coronar los 80 años, Rubén González ha demostrado que su leyenda continúa más viva que nunca.
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