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| 2/8/2004 12:00:00 AM

"Le tengo terror al costumbrismo"

Una enfermedad innombrable que azota a la pacata Bogotá de comienzos del siglo XX le sirve de telón de fondo al poeta Gonzalo Mallarino en 'Según la costumbre', su primera novela.

Bogotá, comienzos del siglo XX, poco después del final de la Guerra de los Mil Días. Una enfermedad tenaz comienza a propagarse entre quienes buscan placer por fuera del lecho nupcial. Los mercaderes del sexo proveen de adolescentes campesinas a las casas de lenocinio para evitar que los clientes se contagien.

Todavía faltan unos 30 años para que Fleming descubra la penicilina, así que Anselmo Piñedo, un tímido médico que no conoce las mieles del amor, se empeña en combatir la enfermedad con los remedios de su época y el método de la prueba y el error.

Su contraparte es el proxeneta Calabazillas. Ambos son los responsables de narrar, en primera persona, las dos caras del desarrollo de la enfermedad.

En ese escenario, Gonzalo Mallarino (Bogotá, 1958) construye la trama de Según la costumbre (Alfaguara), su primera novela. No es una historia truculenta ni efectista, en ningún momento emite juicios de valor, y tampoco es un relato costumbrista. No hay referencia a hechos ni personajes reconocibles, a duras penas se nombran calles y barrios de la ciudad. "Le tengo terror al costumbrismo, afirma el autor. Yo quería construir mi propia ciudad enferma, mis propios enfermos, mostrar cómo se degradaban sus cuerpos, mostrar el dolor oculto de una enfermedad inconfesable". Como en esos cuadros impresionistas en los que las formas son poco precisas pero el color se encarga de reflejar una atmósfera, Mallarino se interna en la sordidez de una sociedad atrapada en sus preceptos morales y una enfermedad que no se menciona jamás en el libro: la sífilis.

No le fue fácil escribir esta novela. "Hace varios años llegó a mis manos una crónica de don Tomás Rueda Vargas que se refería a un desfile de coches entre Bogotá y Chapinero que tuvo lugar en 1904. Yo siempre había querido narrar la Bogotá de 1900 y me puse a investigar sobre el desfile". Al buscar en periódicos de la época información adicional sobre el desfile no encontró nada. En cambio, se topaba a cada instante con un anuncio recurrente. "Llegó el 606", que resultó ser un remedio eficaz para contolar y curar el mal. Encontró crónicas de un periodista que asistía a la aplicación de la droga y Mallarino se dijo: "Esta es la historia".

La investigación acerca de la enfermedad, que aunque no se menciona sí se describen sus síntomas y manifestaciones, le tomó un par de meses. "Lo difícil fue encontrar el lenguaje apropiado para contar la historia. Yo la tenía estructurada en el primer semestre de 1996, pero duré estancado seis años en las primeras 20 páginas y no me salía".

Entonces Mallarino se acordó de su vieja amiga la poesía (entre 1986 y 2000 ha publicado cinco libros de poemas) y en su ritmo encontró la clave para contar esta que en el fondo no es más que una historia de amor enmarcada en la melancolía y la sordidez de una Bogotá pacata y provinciana.

Según la costumbre es la primera parte de una trilogía. Mallarino ya completó la tercera, titulada Nosotros y Adelaida, sobre la biznieta de Anselmo, habitante del barrio Pablo VI. En la segunda parte Mallarino reflejará el ambienbte de la Bogotá de los años 50.
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