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| 5/14/2016 12:00:00 AM

Colombia lee en la nube

El país vive un ambicioso proceso de digitalización de los libros que reposan en sus bibliotecas y universidades. Se acaban las excusas para no leer.

Cada año 35 millones de colombianos no leen ningún libro y, según el Dane, los demás leen dos en promedio. El bajo nivel de lectura del país no solo se debe al analfabetismo o a la falta de interés, sino a que muchas comunidades no tienen acceso a los libros.

Para corregir ese fenómeno, las bibliotecas y universidades emprenden ambiciosos proyectos de digitalización de contenidos. El más grande de estos proyectos es la Biblioteca Básica de la Cultura Colombiana, BBCC, un proyecto liderado por la Biblioteca Nacional, la Red Nacional de Bibliotecas Públicas (compuesta por 1.424 bibliotecas en todo el país) y el Plan Nacional de Lectura y Escritura, Leer es mi Cuento. La BBCC es absolutamente digital y permite descargar y leer todos los libros importantes para la construcción de la identidad nacional de los colombianos.

En la pasada Feria del Libro de Bogotá sus impulsores subieron a la web los primeros 25 títulos de su colección –todos de literatura–, entre los que están Elegías de varones ilustres de Indias, de Juan de Castellanos; El carnero, de Juan Rodríguez Freyle; La vorágine, de José Eustasio Rivera, y María, de Jorge Isaacs. Para 2018 este proyecto pretende reunir unos 200 títulos que incluyen gastronomía, cine, música y botánica, entre otros, todos con acceso gratuito desde cualquier computador, celular o tableta y desde cualquier lugar del mundo donde haya conexión a internet.

Para la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, lo más interesante de la BBCC es que “reunirá todas las obras que permiten entender la cultura colombiana para que tanto colombianos como extranjeros puedan leer los libros que han descrito y construido la identidad nacional, desde todos los ámbitos de la cultura”.

Y aunque es el más ambicioso proyecto de digitalización, no es el primero. En 1995, Jorge Orlando Melo comenzó el proceso en la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República. “Desde entonces, –asegura Melo– estábamos conscientes de que debíamos transitar hacia lo digital, especialmente con las colecciones patrimoniales y los libros de valor histórico, que con los años se hacen menos manipulables y cuya reedición circularía poco y sería muy costosa”.

En cuanto a lo patrimonial, la Biblioteca Pública Piloto de Medellín ha dado ejemplo a nivel internacional en el trabajo de digitalizar su material físico, con más de 100.000 obras desde 2008 hasta la fecha. Y tiene el archivo fotográfico más grande de América Latina, pues conserva 1.700.000 imágenes tomadas desde 1848. Además, construyó una plataforma virtual con textos, fotos y audios de la mayoría de sus obras, donde incluye las grabaciones de las conferencias académicas dictadas en su sede desde 1978.

Tanto la Luis Ángel Arango como la Piloto se orientaron principalmente a convertir el material histórico que por su antigüedad no es posible manipular. Y con el paso del tiempo han llevado a la nube diversos contenidos a pesar del riesgo de que los usuarios dejen de ir a las bibliotecas. “Digitalizar es volver más fácil el acceso de todos a la lectura. Nos mueve la conservación y la difusión de contenidos para todo tipo de públicos, tanto los que acceden desde sus dispositivos, como los que prefieren el papel”, afirma Cruz Patricia Díaz, coordinadora de contenido de la Biblioteca Pública Piloto.

Pese a lo anterior, el terror ante lo virtual sigue latente y retrasa la digitalización de otros productos editoriales colombianos. Uno de los principales temores, como asegura Manuel Gil, experto en mercado editorial, es la facilidad que da la web para que alguien use ilegalmente los derechos de autor. Pese a ello, afirma que “actualmente, todas las empresas editoriales (incluyendo aquí a las bibliotecas) deben tener una doble cadena de valor, que dirija sus esfuerzos, de manera paralela, hacia lo digital y lo impreso”.

Además estas, como cualquier otro producto o servicio cultural, han ido diversificando sus servicios al ofrecer charlas y exposiciones de arte, entre otros planes educativos que llevan público a sus sedes.

Un ejemplo de las estrategias para convocar a la gente es el proyecto Gaboteca de la Biblioteca Nacional, el cual ofrece un inmenso catálogo digital e interactivo sobre las referencias bibliográficas – con fotos y recortes de prensa incluidos- que esta biblioteca tiene acerca del nobel Gabriel García Márquez. Pero a diferencia de los antes mencionados, no permite descargar o acceder virtualmente a la lectura de las obras. La idea es seguir estimulando a los usuarios a visitar la biblioteca para que tengan acceso físico a las obras.

Otros más osados se han inclinado por lo digital en formatos mucho más arriesgados. Es el caso de las creaciones digitales de la convocatoria Crea Digital, promovida desde 2012 por el Ministerio de las TIC, la cual lanzó recientemente la Biblioteca Digital, que contiene los proyectos ganadores de dicha convocatoria en formato e-book; este incluye –además de texto– videos, audios, ilustraciones, fotografías, infografías y herramientas de toma de nota, comentarios e interacción del lector con el texto.

Cada vez los contenidos van más allá del PDF, ya que no solo se escanean sino que se someten a otros procesos que cautivan a los lectores con formatos como los Epoc, HTML y e-book.

Y en ese proceso las universidades no se han quedado atrás. Por ejemplo, la Universidad Nacional, además de permitir acceso libre a sus contenidos académicos, lidera la participación de Colombia en la plataforma Scielo (Scientific Electronic Library Online), un sitio web de acceso gratuito y sin restricciones, en el que publican las mejores investigaciones científicas de los países latinoamericanos en todas las áreas del conocimiento, sin excepción alguna.

Aunque parece el mundo ideal, Jorge Orlando Melo pide cautela con los libros nuevos: “Si las bibliotecas los montan en la red, la gente no los comprará. Así se acabarían las profesiones literarias”.

Aun así, la democratización de la lectura, en la que Chile, Brasil, Perú y Argentina llevan la vanguardia, es un largo camino que pretende eliminar las barreras de acceso, todo hacia una meta: que en 2018 los colombianos pasen de leer dos a cuatro libros anuales. Ojalá funcione. n

Presencia virtual 

Algunas bibliotecas de Colombia se podrán visitar por Google.

Google Street View, la aplicación que permite hacer recorridos de 360 grados por las calles y lugares del mundo, incluyó en mayo a los edificios de cinco bibliotecas colombianas. Entrando a la aplicación, cualquier persona podrá hacer una visita virtual por las bibliotecas José Eustasio Rivera de Neiva; San Javier de Medellín; El Tintal, Gabriel García Márquez y Virgilio Barco de Bogotá.

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