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| 3/4/2006 12:00:00 AM

A leer en colombiano

Tres nuevas novelas colombianas sirven de abrebocas para el 'boom' de lanzamientos previo a la Feria del Libro. Tres visiones diferentes del oficio de narrar.

Dos Fernandos, Quiroz y Toledo, y Mauricio Bonnett presentan en estos días sus nuevas producciones. Algo común a estos tres autores es que la novela no es el centro de sus vidas. Fernando Toledo (1948) es publicista de profesión, melómano de vieja data y periodista cultural. Quiroz (1964) también es periodista, y Bonnett (1960), quien vive en Londres desde 1986, es cineasta.

Desde el título de su novela, La cantata del mal, Toledo delata su pasión por la música. Le tomó cuatro años hacer realidad esta idea, y mientras tanto también escribió una biografía de Giuseppe Verdi (Editorial Panamericana) y un libro sobre Ana Mercedes Hoyos publicado en México, además de artículos para diversas revistas. Su novela está íntimamente ligada con la ópera y Toledo se valió de Yago Iriarte, un cantante de ópera ya retirado y enfermo, para exorcizar algunos de sus propios fantasmas. "En cierta medida considero que la música, por sí sola, sería una razón para vivir. Pau Casals, el insigne violonchelista, decía que lo mejor de la música es hablar de ella".

La cantata del mal se emparienta con dos episodios de la primera mitad del siglo XX. El primero se relaciona con el 'Comedatore' Bracale, un empresario lírico que había hecho una histórica puesta en escena de Aída frente a las pirámides de Egipto y luego vino a Bogotá con una gran compañía de ópera. Más tarde quebró con otra compañía en Bogotá y murió aquí en la pobreza y, hasta cierto punto, en el abandono. La otra historia que lo inspiró es la del maestro Luis A. Calvo, a quien le diagnosticaron lepra y fue recluido en Agua de Dios. "El otro ángulo real es el universo de las compañías de ópera que hacían 'la América' a principios del siglo XX. De ese mundo intenté nutrirme, como si fuera un escenario, en el planteamiento de una ficción absoluta que tiene que ver con la futilidad del éxito".

A lo largo del texto, Toledo muestra su interés por crear un estilo literario propio de la época en la que transcurre la trama. "Si me enfrentaba a las postrimerías de una 'belle époque' abarrocada y llena de retruécanos estilísticos, ¿por qué no intentar un lenguaje coherente con ese momento?", y agrega que es una lástima ver cómo se le da un uso tan pobre al castellano. "En la forma de expresarnos tanto hablada como escrita estamos reduciendo una lengua tan rica a unas pocas palabras mal repetidas. Estoy convencido de que la literatura tiene la responsabilidad de que el idioma español conserve todo su esplendor y magnificencia".

Nostalgias de Santa Bárbara

Por su parte, Mauricio Bonnett reelabora en La mujer en el umbral un episodio de su infancia a finales de los 60 en el barrio Santa Bárbara Occidental, en Bogotá. "Es casi inevitable que las obras de ficción tengan un elemento autobiográfico, al menos para anclarlas a la realidad. Pero el hecho de que los capítulos dedicados a Diego y Sebastián estén narrados en primera persona ha hecho pensar a algunos lectores que la novela es una crónica autobiográfica, lo que está muy lejos de ser cierto". Algunas de las anécdotas sí le ocurrieron o son parte de la mitología familiar; alguna vez escuchó una historia similar a la que le ocurre a la protagonista de la novela, pero Bonnett enfatiza que La mujer en el umbral es una obra de ficción.

Decidió lanzarse a la narrativa por un deseo de independencia y de tranquilidad. "El cine es un oficio colectivo. Incluso cuando uno dirige, todas las decisiones se toman en conjunto: hay que oír las opiniones de directores de fotografía, de sonidistas, de editores y, sobre todo, de productores. Porque el cine es ante todo un negocio. Woody Allen decía que si el 'show business' no fuera un negocio, le dirían 'show show'. Y tiene razón: hay demasiado dinero en juego para que exista libertad. El mundo editorial también es un negocio, pero es más benévolo".

Además, para Bonnett, un guión es a una película lo que un plano a una catedral, una guía que muy seguramente va a terminar en la basura si no cumple con todos los requisitos comerciales. "La novela es un producto terminado. Incluso si nadie quiere publicarla, ahí está: completa, autónoma, viva". Mauricio es hermano de Piedad, poetisa y también novelista y recuerda que cuando terminó La mujer en el umbral las primeras palabras de Piedad fueron: "No se le olvide que de ahora en adelante no somos hermanos, somos rivales".

Todo parece indicar que a Mauricio Bonnett le quedó gustando su nuevo oficio, pues ya tiene el trazado general de una nueva novela y un par de capítulos escritos, y habla de al menos cinco ideas que le gustaría novelar. "Pero se me ha cruzado en el camino la escritura de un guión, y el mercenario que hay en mí ha tenido que aceptar. Si uno no es Vargas Llosa o García Márquez, la literatura, desafortunadamente, no es lo más rentable".
Una coartada chimba

Fernando Quiroz ya había publicado En esas andaba cuando la vi, en 2002, una historia de amor que transcurre entre Buenos Aires y Bogotá, y en Esto huele mal aborda el tema de la infidelidad. La novela se basa en la historia real de un tipo que le dijo a su mujer que iba a estar en el club El Nogal, y se fue con otra la noche del atentado. "El Nogal permite ver cómo en este país la violencia le pasa a uno muy cerca. Cada vez más cerca. Me interesa explorar el tema de la violencia porque desde mi adolescencia he estado salpicado por ella. La violencia termina afectando aun a los que no son blanco directo de las balas o de un carro bomba".

Quiroz emplea un lenguaje directo, casi coloquial. "Me interesa la gente común y corriente, que esa gente siga hablando y comportándose en la novela como lo hace en la calle". Agrega que combina humor y drama porque en el fondo la vida es una tragicomedia. "No todo es trágico, no todo es cómico... uno pasa muy fácil de la risa al llanto".

Para Quiroz el tema de la infidelidad ofrece muchas posibilidades narrativas. "La infidelidad también me permitió explorar la diferencia entre los hombres y las mujeres a la hora de mentir. Nosotros nos armamos un lío en la cabeza, mientras que ellas por lo general manejan el tema sin despertar sospechas".
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