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| 7/2/2011 12:00:00 AM

Les paran bolas

Más que en otras áreas, en el sector cultural las protestas de la gente tienen eco. Tres casos recientes demuestran que sí hay oídos para los reclamos.

Un festival de cine que revivió, un debate sobre una restauración que había generado dudas y que gracias a un artículo de SEMANA se dio de frente y con argumentos y, por último, la movilización de un grupo de vecinos inconformes con un parque que, aseguran, se diseñó a sus espaldas. Tres casos que se han dado en el último mes en los que las voces de los inconformes han sido escuchadas por los que toman las decisiones.

Sí habrá festival

No son muchos los festivales de cine que se realizan en el país. De ahí la conmoción que generó a comienzos de mayo la noticia de que este año no se realizaría el de Cali, que se hace desde 2009, por falta de presupuesto. La reacción fue inmediata. Se creó un grupo en Facebook que pronto llegó a los 2.000 integrantes. En Twitter fueron muchos los trinos a través de los cuales los usuarios expresaron su apoyo.

A esta movilización se sumaron aquellos que habían asistido a alguna de las ediciones anteriores del festival: cineastas, representantes de otros festivales y publicaciones especializadas como Cahiers du Cinéma. Un artículo de Sandro Romero en la revista Arcadia en el que cuestionaba las prioridades de la actual administración en temas culturales atizó el debate y fue uno de los más visitados en el sitio web de la revista. Tantas voces juntas tuvieron eco. Un mes después, la ministra de Cultura, Mariana Garcés; el alcalde, Jorge Iván Ospina, y el secretario de Cultura, Carlos Alberto Rojas, anunciaron que sí habrá festival. Aquí el papel de la ministra fue determinante. Sobre el dinero, Garcés declaró al diario El País que lo obtuvo "haciendo milagros". También dijo que "no se puede concebir que Cali carezca de un festival, pues de esta ciudad surge la mayor parte de las propuestas cinematrográficas que se hacen en el país".

"La ciudadanía ya se sentía dueña del festival y no quería que se lo quitaran, son eventos de los que se apropia la gente, como el Petronio Álvarez", asegura Luis Ospina, su director artístico. No obstante, los recursos que aportarán el Ministerio de Cultura y el municipio de Cali (200 millones de pesos cada uno) no son suficientes para que el Festival tenga la misma envergadura que en sus dos ediciones anteriores cuando su presupuesto fue de 550 millones. No habrá competencia y la muestra tendrá lugar en ocho salas, con cincuenta largometrajes que se exhibirán entre el 17 y el 20 de noviembre.

La restauración

La polémica comenzó con el artículo de SEMANA en que se examinaban algunos aspectos de la restauración del Teatro Colón, entre ellos la decisión de reemplazar la lámpara de cristal que se instaló en 1948 por la original del teatro, obra de Luigi Ramelli -elaborada a finales de siglo XIX y que permanecía guardada- pero sobre todo el destino que tuvo: la Alcaldía de Arauca.

El asunto pronto tomó vuelo y los principales medios de radio, prensa y televisión se sumaron a la discusión. Hubo editoriales de El Tiempo y El Espectador dedicados al tema, junto a artículos e informes en los noticieros sobre el proceso de restauración del tradicional escenario. El tema estuvo durante varios días en boca de todos. El Ministerio no rehuyó el debate. En un foro que tuvo lugar en el Museo Nacional se explicó en detalle cada una de las obras que hacen parte de la restauración y despejó dudas. Expertos como los arquitectos Daniel Bermúdez y Claudia Hernández y el restaurador Rodolfo Vallín expresaron sus puntos de vista, todos en respaldo de las decisiones tomadas. Pero más allá de esto, lo importante aquí fue que se pusieron todas las cartas sobre la mesa para que las opiniones sean fundadas.

"Se pudo mostrar cómo cada una de las decisiones que se tomaron estaba encaminada a preservar los valores patrimoniales del teatro, pero también para adecuarlo a las exigencias de los eventos que albergará", aseguró Guiomar Acevedo, directora de Artes del Ministerio de Cultura.

La lámpara, símbolo del debate, regresó de Arauca. Con el argumento del alto costo de su mantenimiento, la Alcaldía de este municipio la devolvió. "Ahora está en un proceso de limpieza en el Museo Nacional. Luego se tomará una decisión técnica de qué hacer con ella. Hay varias alternativas. Una posibilidad es que esté en uno de los nuevos espacios del conjunto cultural del Colón", explicó Acevedo.

Polémica al parque

El tema viene desde el año pasado, cuando el Instituto Distrital de Patrimonio presentó un diseño del reconocido arquitecto Giancarlo Mazzanti para construir un parque -al que se le llamó Bicentenario- para cubrir la calle 26 entre las carreras quinta y séptima. El proyecto data de 2006, cuando el Instituto de Patrimonio le pidió a Rogelio Salmona que hiciera un primer boceto. Tras su muerte, en 2007, el relevo lo tomó Juan Camilo Santamaría, quien elaboró un proyecto un poco más detallado. Mazzanti llegó después a través de Confase, consorcio que tiene a cargo este tramo de la troncal de la 26. Al contrato de Confase, correspondiente a la Fase III de TransMilenio, se le adicionó el proyecto del parque.

Las voces de protesta aparecieron con el comienzo de las obras. La tala de árboles prendió las alarmas entre los vecinos reu-nidos en el colectivo Habitando el Territorio. Aquí también hubo grupo en Facebook y llamados a plantones de protesta a través de Twitter. Argumentan que no se tuvo en cuenta a la comunidad. "¿Por qué el Distrito delega en un privado una intervención de esta magnitud sin pasar por filtros, por la ciudadanía?", pregunta Luz Helena Sánchez, una de las líderes del movimiento. La movilización hizo que el Instituto de Desarrollo Urbano y el Instituto Distrital de Patrimonio citaran a una reunión el pasado primero de junio en la que se aclararían las dudas. Pero los vecinos no quedaron satisfechos. No están conformes con las respuestas a más de quince derechos de petición y por eso han recurrido a la acción popular, que podría paralizar la obra.

A la comunidad reunida en este colectivo no le gusta el diseño de Mazzanti. Lo consideran lejano de la propuesta original de Salmona y creen que este se apropia de una porción demasiado amplia del parque actual. No ven clara la modalidad bajo la cual Confase le entregó a Mazzanti la construcción del parque y creen que el Ministerio de Cultura ha ignorado un decreto, el 1905 de 1995, que lo obliga a tener un papel más activo, pues el parque hace parte del área de influencia de un bien de interés patrimonial: las Torres del Parque. Creen que se les impuso un diseño basado en una serie de franjas que cubren la vía, que para algunos, como el arquitecto Guillermo Fischer, tiene pretensiones de ser un ícono, pero a espaldas del entorno."Mazzanti no parte de la morfología existente para generar un diseño que dialogue con ella, sencillamente porque no le interesa y porque no es su procedimiento proyectual. Lo que le interesa es la imposición de un estilema sobre el lugar, sin tener en consideración la vegetación ni la arquitectura existente", escribió en el blog Torredebabel.info.

Mazzanti responde que los árboles que se han talado corresponden a la obra de TransMilenio y que si la idea era cubrir la 26, era inevitable intervenir una parte del parque, tema en el que "tratamos de ser lo más respetuosos posible". Sobre la forma de contratación, explica que "Confase estaba construyendo y le correspondía ese tramo. Era la única oportunidad; era ahora o nunca. No se volverá a levantar todo el sistema estructural cuando el TransMilenio ya esté funcionando". Argumenta que su propuesta busca que este sea "un parque que recoja otras actividades y que además active el sector, logrando así que llegue más gente al lugar; esto puede generar miedo. Mi tema es cómo activo y genero más espacio público para todos por igual". Sostiene que al diseño sí se le han hecho modificaciones a partir de sugerencias de la comunidad, como ubicar un poco más atrás el inicio de las franjas y disminuir su altura.

Estas modificaciones obligaron a expedir un nuevo plan director, que está pendiente de ser expedido mediante un decreto. De la aprobación de los cambios al plan director depende que comience la construcción del parque, pues por ahora las obras solo corresponden a la troncal de TransMilenio. Mientras algunos piden que se pare, otros solo piden que se cambie el diseño. El caso es que aquí, a diferencia de los otros casos, quienes han alzado la voz no creen que su protesta haya dado frutos. Por ahora.
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