Viernes, 20 de enero de 2017

| 1983/03/21 00:00

LIANDO BARTULOS

El Teatro Libre de Bogotá prepara gira por China y Europa. Presentarán tres de sus ultimas obras.

LIANDO BARTULOS

El Teatro Libre de Bogotá se está preparando para una de las giras más ambiciosas en la historia del teatro colombiano. Treinta y nueve personas comenzarán el próximo siete de marzo un viaje que tendrá escalas en China Popular, España, Noruega, Yugoeslavia, Alemania Occidental, Alemania Oriental, Inglaterra, Francia y Holanda, países donde presentarán tres obras: "La Agonía del Difunto" de Esteban Navajas; "Episodios Comuneros" de Jorge Plata y "Los Andariegos" de Jairo Aníbal Niño. Estos dos últimos trabajos se estrenan en las tablas bogotanas esta semana. Además llevan un repertorio de danzas colombianas con música de Jaime Carrizosa y coreografía de Martha Rodríguez. SEMANA habló con Germán Moure y Ricardo Camacho, directores del grupo, sobre la gira, las nuevas obras y su posición frente al teatro colombiano .
SEMANA: ¿ Cuál es el motivo de la gira?
Ricardo Camacho.: El ministro de cultura de China estuvo aquí en agosto del año pasado y nos invitó. Inmediatamente nos dimos cuenta de que con el pasaje Bogotá-Pekín podíamos hacer escala en otros países. En diez años no hemos salido ni a la esquina. Necesitamos que el grupo se airee, que conozca otras experiencias, tome otras perspectivas, que el grupo se abra la cabeza, se cualifique, aprenda, eleve su nivel y por otra parte confronte su trabajo con experiencias de otros países.
S.: Cuando trabajan, ¿cómo se enfrentan a una obra teatral?
R.C.: Nosotros tenemos una visión del teatro como de un arte total, que es algo que parte de un autor, donde intervienen unos actores, unos directores, unos escenógrafos y tratamos de hacer un trabajo en equipo que resalte todos los aspectos de la obra teatral. Por ejemplo, cierta corriente actual de interpretaciones shakesperianas pone el acento en una determinada cosa no más, olvidando que Shakespeare es algo supremamente vasto, profundo, prácticamente inalcanzable. Por ejemplo, analizan al "Rey Lear" desde el punto de vista de la soledad. Entonces, ¿en qué insiste uno en una puesta en escena? Pues en todo lo que está servido en el texto. Allí hay de todo. Hay la lucha por el poder, la traición la ingratitud, la lucha de clases, el amor, el odio, el combate. En ese sentido, pretendemos resaltar todo.
S.: Pero ustedes han evolucionado en su concepción teatral. ¿Cómo ha sido ese cambio desde hace 10 años para acá?
GERMAN MOURE.: Creo que ha habido una cualificación del grupo. A través de estos diez años hemos aprendido a hacer teatro, hemos aprendido solos muchas cosas. Solos no en el sentido de que nos caiga el Espíritu Santo, sino en el sentido de estar encerrados aqui durante tiempos largos dándole muy duro a estudiar la obra que vamos a hacer, el momento histórico en el cual la obra fue escrita y la razón por la cual la montamos ahora. Vemos una cualificación intelectual y formal del grupo bastante grande.
R.C.: Yo pienso lo mismo que Germán. No ha habido un cambio desde el punto de vista de la concepción con la que se creó el Teatro Líbre a la concepción con la cual trabajamos hoy. Cuando formamos el grupo estábamos identificados en cosas muy elementales. Primero, en una posición política en la cual seguimos identificados, una posición política ante la transformación de la sociedad. Y estamos identificados en hacer un teatro que coadyuve a la transformación de la sociedad y un teatro hecho con la mejor calidad estética y artística. El otro elemento es hacer teatro con personajes, que desarrolla a los actores, que rehuya el simbolismo, el cliché, el esquematismo. Entonces, desde ese punto de vista, hemos avanzado en una concepción. El hacer Shakespeare para nosotros significó una cambio en el sentido de la cualificación del oficio, no de la concepción. En ese sentido, pensamos ha habido un avance bastante grande, aunque no definitivo, en el camino de la profesionalización.
S.: ¿ Y cómo es un grupo profesional?
R.C.: Un grupo que en cada obra "eche los restos", como dicen los jugadores de póker; un grupo para el cual cada obra sea una experiencia distinta, todo un reto, todo un desafío y toda una aventura creativa dentro de esos parámetros. Nosotros podríamos hablar extensamente de lo que cada obra ha significado internamente dentro del grupo, de todos los mitos y tabúes que ha roto. Ese es el verdadero sentido, cuando uno se mete a hacer estas cosas. Lo otro es repetir sobre la base de que se tiene un método. El arte que se hace a partir de métodos es un arte pobre; recortado, esquemático. Nosotros no tenemos escuela, no se nos puede encasillar. Nosotros no somos un grupo ni grotowskiano ni stalinavskiano ni brechtiano. Somos un grupo para el cual cada experiencia es única e irrepetible; no tiene fórmulas, al contrario, cada obra destruye las fúrmulas, si es una verdadera creación. Reinventa todo el arte del teatro, si no, no vale la pena.
S.: ¿ Cómo ven en este momento el teatro colombiano y cómo se ven ustedes dentro de él?
R.C.: Pienso que dentro de la cantidad nace la calidad. Hay gente que dice que en estos momentos sale la gran producción del teatro colombiano. Eso no es cierto. Nosotros apenas estamos abriendo una trocha. El estado del teatro nacional es deprimente. El mismísimo Teatro Nacional lanza S.O.S. cada rato. La Mama y El Local han tenido que interrumpir labores. Pero por otro lado está funcionando la Escuela Nacional de Arte Dramático, hay grupos de teatro de provincia. El movimiento viene ahi, empujando. La calidad vendrá más adelante.
S.:¿ Y ustedes?
R.C.: Este grupo vive en crisis, en discusión. No tiene verdades reveladas, no tiene varita mágica y tiene altibajos, profundas crisis. Ha tenido saltos, períodos de estancamiento. No sigue una línea recta, una autopista. Como dijímos antes, nuestra experlencia es única e irrepetible. No pretendemos imponerle a nadie nuestra visión del teatro .

LOS ANDARIEGOS
El teatro de denuncia en Colombia no siempre ha tenido resultados afortunados. Basta recordar algunas de las obras representadas a mediados del decenio pasado donde sólo importaban los gritos de guerra que alli se lanzaban. Era la famosa época del teatro de "Consigna y cartel", de la cual aún persisten algunos rastros. "Los Andariegos ", la nueva obra del Teatro Libre de Bogotá, muestra cómo se pueden llegar a denunciar las injusticias sociales sin caer en el esquematismo, haciendo de este montaje un trabajo realmente profesional.
Su autor es el dramaturgo, cuentista y, por qué no, poeta, Jairo Anibal Niño. El material tanto de esta como de toda su obra es el pueblo, mejor, el contacto que él tiene constantemente con el pueblo. Jairo Anibal ha viajado por todo el pais, muchas veces a pie, y en su continuo trajinar ha vivido con los cosecheros nómadas, esas personas que viajan a lo largo y lo ancho del pais detrás de la caña, el café, el arroz y el algodón.
Hace años les prometió a sus amigos andariegos escribir un texto alrededor de ellos y el resultado ha sido el montaje más colorido y musical de los que hasta ahora ha realizado el Teatro Libre de Bogotá. La música ha sido compuesta por Francisco Zumaqué e inicia una nueva experiencia en este teatro.
"Nosotros nunca habíamos cantado y bailado en un escenario, jamás.", dice Ricardo Camacho, uno de los directores de la obra.
La obra comienza con un sueño tormentoso y termina con una pesadilla. En las dos visiones se encuentran todos los deseos, los miedos y los valores de uno de los personajes Adán Montero. El es cabeza de uná familia que va a perder la tierra por una hipoteca que no pueden pagar. Pensando que con los buenos sueldos que ganan los andariegos pueden subsanar el préstamo del banco, Adán Montero enlista a toda su familia -su señora, una hija y dos hijos-, y se van a recoger una cosecha de café. El argumento es aparentemente sencillo, pero las tipificaciones de los personajes y de las escenas dan cierta densidad a la obra, concebida con muchos elementos de la dramaturgia tradicional. En ella se encuentra una pugna, una lucha, una historia de amor, un desenlace inesperado y un reconocimiento imprevisto. Todos los personajes tienen un desarrollo psicológico individual, un comienzo y un final. El espectador sabe qué queda de ellos.
La obra dura dos horas y veinte minutos y hay poco lugar para el bostezo o el aburrimiento. Cada escena, apoyada en la plástica de algunos cuadros y en la música, mantiene la atención durante toda la presentación. Para montar muchas de las escenas y en busca de una mayor verosimilitud y credibilidad tuvieron que acudir a profesores especializados en la materia. Dos actores recibieron cursos de magia otros dos, clases de pelea con machete y casi todos, de canto.
El espectáculo, bien construido presenta, sin embargo, algunos detalles que no tienen el perfeccionamiento que el espectador espera, asi como ciertos diálogos un poco fuera de contexto. Pero la obra, en general, es una recreación afortunada y vistosa de una amarga realidad.

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