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| 2/15/2014 11:00:00 AM

El secreto

En esta breve y magistral novela la escritora norteamericana Edith Wharton explora los conflictos de dos mujeres con su clase y con su época.

Edith Wharton
La solterona
Impedimenta, 2013
138 páginas

Un  clásico  es  un libro escrito hacia el futuro.  Delia Ralston y Charlotte Lovell, los personajes de esta exquisita novela breve de Edith Wharton, se levantan por encima de su época –‘Nueva York a mediados del siglo XIX’– y tienen todavía cosas que decirles a los lectores del siglo XXI. 
Edith Wharton es la cronista de la alta burguesía neoyorquina: “En el viejo Nueva York de 1850 despuntaban unas cuantas familias cuyas vidas transcurrían en plácida opulencia. Los Ralston eran una de ellas”. Una cronista detallada –quien quiera conocer la forma de vida y el pensamiento de esa clase social debe leerla– , aunque poseedora de una mirada crítica e irónica como fue el caso de la propia autora que perteneció a ese mundo y voluntariamente se marginó de él: “Los Ralston pertenecían a la clase media de origen inglés. No habían llegado a las colonias para morir por un credo, sino para vivir de una cuenta bancaria”.   

Las heroínas de Wharton encarnan el drama de las mujeres inteligentes que intuyen otra posibilidad de vida, pero se encuentran fatalmente atrapadas en un rígido código social en el que el decoro y el silencio parecen inamovibles.  No son mujeres rebeldes, no subvierten el orden establecido, sin embargo, lo que ocurre en sus conciencias –el atisbo de otra forma de ser mujer– es suficiente para hacerlas memorables: “Y a continuación, los bebés; los bebés que se suponía que ‘lo compensaban todo’, pero que resultaba no ser así? por más que fuesen criaturas entrañables. Una seguía sin saber exactamente qué se había perdido o qué era aquello que los hijos compensaban”. 

Verse a sí mismas como una tercera persona viviendo una vida destinada a otra mujer es el sentimiento que acompaña a Delia Ralston y a Ellen Olenska, la protagonista de La edad de la inocencia, la obra más conocida de Wharton que popularizó la homónima y estupenda película de Scorsese. Por cierto, gracias a la versión cinematográfica de La solterona, que en su adolescencia enamoró a la traductora Lale González-Cotta, tenemos hoy esta nueva traducción y edición de la novela de Wharton: “Cuando a los quince o dieciséis años vi en la televisión ‘La solterona’, dirigida por Edmund Golding en 1939, me desasosegó aquella historia que difería sustancialmente de la de los buenos y malos a las que estaba habituado mi romo criterio juvenil”.  

La película la llevó a leer la novela en su idioma original –The Old Maid– y, al compararlas, descubrir algo que se perdía en la adaptación cinematográfica: la ironía, la ambivalencia de la mente de Delia Ralston, las sutilezas y las elipsis de la historia.  “No pude sustraerme a la tentación de traducir la novela”, dice Lale González-Cotta. El resto fue una tarea más fácil: convencer a la gente de Impedimenta, una editorial española dedicada a rescatar joyas literarias. 

La solterona es una narración intensa y veloz, de una increíble modernidad. En pocas páginas se presenta toda una época, transcurren veinte años y podemos apreciar dos generaciones. No hay lugar para lo superfluo y lo insustancial. La aceleración del tiempo histórico resalta con mayor nitidez el dibujo de los destinos individuales. Charlotte Duvall, la prima de Delia, va a casarse, al igual que ella, con un Ralston. Una jugada predecible y ganadora, lo que debe ser para perpetuar per secula seculorum aquella elite de familias neoyorquinas. Poco antes de la boda, una confesión de Charlotte a Delia hace que esta última intervenga para impedirla. Ese secreto, que de conocerse alteraría el orden y el decoro, debe permanecer oculto. Y las mujeres, las matronas jóvenes y viejas, más que los hombres, son las encargadas de mantener el orden. 

Charlotte y Delia quedarán indisolublemente ligadas por ese secreto que las hará cómplices y amigas y cambiará la vida de cada una de ellas. Charlotte se convertirá en el prototipo de la viuda: amargada, maniaca, víctima. Y Delia, en otra mujer, la que quiso ser y no fue. El secreto le permitirá vivir una vida vicaria y transgredir en silencio los valores que ella misma encarna. Volvernos cómplices de ese secreto es el gran logro de esta pequeña obra maestra. 
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