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| 11/9/2013 1:00:00 AM

Melodrama afgano

Khaled Hosseini, el exitoso autor de ‘Cometas en el cielo’ y ‘Mil soles espléndidos’, regresa a las librerías con otra historia inspirada en su país natal.

Y LAS MONTAÑAS HABLARON
Khaled Hosseini
Salamandra, 2013
382 páginas

La historia parece sacada del canal Hallmark. Sabur, un campesino pobre de Afganistán, ante la perspectiva del duro invierno que se avecina, decide dar en adopción a la pequeña Pari, quien ha estado al cuidado de Abdulá, su otro hijo de diez  años, porque son huérfanos de madre y su padre se volvió a casar con Parwani, una mujer del pueblo. 

Sabur viaja hasta Kabul con Pari para entregarla a un matrimonio rico que no ha podido tener hijos y así se da inicio a un largo periplo de los personajes desde el otoño de 1952 hasta nuestros días. Desde Kabul hasta San Francisco, pasando por París y la isla griega de Tinos. Un gran mosaico oriental en el que se entrelazan los destinos de varias generaciones en los tópicos del amor, la separación y el sacrificio.

Lo increíble es que el autor, como si de un argumento irrefutable se tratara, se ha apresurado a aclarar en las entrevistas publicitarias del libro que la historia es real: leyó en internet la noticia de una familia que tuvo que vender a su hija porque no tenía dinero. 

“Me impresionó y, comentándolo con mi padre, este me dijo que en los años cincuenta pasaba mucho. Me pareció tan doloroso que me puse en la piel de los padres que tuvieron que tomar esa decisión tan dura y sus consecuencias. Quería conocer el remordimiento por algo tan dramático”, declaró Hosseini a la prensa occidental. 

Khaled Hosseini es un médico afgano que huyó de su país en 1980 y que volvió a hacerlo en 2007. Vive en California donde se dedicó por completo a la escritura con gran éxito de ventas: Cometas en el cielo ha vendido 38 millones de ejemplares y fue llevada al cine. “Mis libros se han hecho famosos a mi pesar. Todo lo que me ha pasado es sorprendente y lo único que puedo hacer es escribir el mejor libro y esperar que la reacción de la gente sea igual a la mía”, dice.

Pero volvamos al melodrama, que se cocina a fuego lento: los hermanos, separados en el tiempo y en el espacio, jamás se olvidarán: se amarán a la distancia y en cada uno de los días de su vida. Entretanto, como telón de fondo, escucharemos leyendas afganas que resaltan sentimientos de pérdida y traición y, desde luego, a un país arrasado por las guerras occidentales y los talibanes (curiosamente se omite la invasión soviética en la década de 1980) e invadido luego por las ONG. 

El escritor afgano es hábil para explotar la mala conciencia de los occidentales que con sus guerras han destruido su bello y sufrido país. Sin embargo, la visión de Afganistán es soft o no es lo suficientemente dura como para espantar al lector que busca una historia edificante en un país exótico. 

La estructura narrativa no reviste mayor complejidad: la narración es lineal, como en los cuentos antiguos. Bueno, no hay que pedirle peras al olmo: Hosseini proviene de un país sin ninguna tradición novelística y, hay que reconocerlo, tiene el talento de esos viejos contadores de historias y sabe que el gran truco narrativo consiste “en llevar a la gente a donde quiere ir pero no en la forma que ella espera”. 

Para la muestra, el poderoso arranque de la novela: “Muy bien, si queréis una historia, os contaré una historia. Pero solo una. Que ninguno de los dos me pida más. Ya es tarde, y tú y yo tenemos un largo día de viaje por delante, Pari. Esta noche tendrás que dormir. Y tú también Abdulá. Cuento contigo, hijo, mientras tu hermana y yo estemos lejos. Y tu madre también. Vamos a ver. Una historia. Escuchadme los dos, escuchadme bien y no me interrumpais”. 

“Una historia es como un tren en marcha”, ha dicho Khaled Hosseini y por eso la gasolina que alimenta este tren a lo largo de casi 400 páginas, de sus variados personajes y sus tramas secundarias, es la promesa del reencuentro adulto de los niños separados. 

Según la advertencia: no en la forma en que el lector lo espera. Estamos ante un chantajista con talento narrativo. A quien le gusten estos trenes, bien puede subirse; a quien no, puede bajarse antes de partir.
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