Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/09/06 17:48

“No quisiera que nadie perdiera nada por mí”

Este miércoles el Centro Nacional de Memoria Histórica lanza un libro de crónicas que cuenta la historia de diez militares víctimas de minas antipersonal.

En Colombia cada dos días, en promedio, una persona pisa una mina. Foto: María Paula Durán/Centro Nacional de Memoria Histórica.

En Colombia, de 11.446 personas que han caído en una mina antipersonal, 7.021 pertenecían a la fuerza pública cuando la pisaron. Ellos, que vivían para defender la patria, son también víctimas del conflicto. Perdieron un brazo, una pierna, una mano, un pie, la vista, la audición o varios de estos, a causa de un arma prohibida mundialmente desde 1997. Mañana, nueve militares que sufrieron este flagelo y la familia de uno que no sobrevivió al accidente  se reunirán en el Museo Nacional para ver su historia contada en papel. ‘Esa mina llevaba mi nombre’, es la recopilación de crónicas que narra lo que les pasó. Su autora, la editora judicial de El Espectador Diana Durán, habló con SEMANA.

Diana Durán es la primera mujer en ser editora judicial de El Espectador. Crédito: Cristian Garavito/El Espectador

Semana: ¿Qué van a encontrar los colombianos en este libro?

Diana Durán (D.D.): Son diez casos donde si bien el flagelo que sufrieron es el mismo, cada víctima lo asumió a su manera. Hay historias de mucho dolor, pero también de superación, de cómo encontraron una luz en el camino, de los diferentes duelos que hay y de cómo defender la patria es una labor loable que muchas veces el resto de los colombianos no apreciamos.

Semana: ¿Qué significa la mina para usted?

D.D.: Es el símbolo de la degradación del conflicto porque no discrimina entre combatientes y civiles. En vez de buscar aniquilar al adversario, quiere matarlo en vida, quitarle la moral, la autoestima y, lo más difícil de recuperar, su proyecto de vida. Yo las comparo con los ataques de ácido: no están diseñados para matarte pero te matan de alguna manera. SEMANA:

Semana: ¿Y para las víctimas?

D.D.: Es lo peor que les pudo pasar pero a la vez algo de lo que aprendieron. Para muchos, es simplemente lo que el destino les tenía guardado.

Semana: ¿De ahí viene el nombre del libro?

D.D.: Sí, es muy impresionante. Yo ya había trabajado el tema de minas y nunca había notado en los militares tanta convicción sobre la predestinación de la mina. Obviamente hay algunos que se burlan de esa creencia pero la mayoría piensa que ese era su destino, que la mina llevaba su nombre.

Semana: ¿Cómo surgió la idea de hacerlo?

D.D.: Es una invitación que me hizo el Centro Nacional de Memoria Histórica hace un año. Tuvimos unas reuniones para establecer los parámetros de búsqueda de testimonios y luego los acompañé a unos talleres que hacían con varias víctimas. Ahí escogí las historias. Queríamos que mostraran las distintas afectaciones que causan las minas, que fueran accidentes ocurridos en periodos y lugares distintos, pero eso sí, que todos los protagonistas fueran militares.

Semana: ¿Por qué?

D.D.: Era necesario mostrar el lado humano de las personas que día a día arriesgan su pellejo por nosotros en la guerra. Algo que con frecuencia se nos olvida.

Semana: ¿Qué hace diferente a una historia de la otra?

D.D.: Aunque el centro de las diez historias es el accidente con la mina, cada una da detalles de cómo luce la Colombia rural y de lo cruenta que es la guerra. Muchos de los protagonistas tuvieron experiencias cercanas al conflicto antes de combatir en él, otros tuvieron necesidades similares a las que tuvieron los guerrilleros que años después terminaron combatiendo, algunos fueron víctimas de violencia intrafamiliar, otros jamás soñaron con ser soldado, otros lo soñaron siempre, y así.

Semana: A pocos días de firmarse la paz, ¿de qué sirve leer estas crónicas?

D.D.: Fue una bonita coincidencia que el libro terminara publicándose por esta época. No estaba planeado. Pero yo -que votaré Sí en el plebiscito- creo que un libro como este deja ver qué significa la guerra para quienes la viven, y eso ya es útil. Nadie culpa a los de las ciudades de ese desconocimiento, es natural. Para eso existen herramientas como esta. Los soldados que fueron a la guerra perdieron partes de su cuerpo y de su espíritu por defendernos a nosotros y yo no quisiera que nadie perdiera nada por mí. Entender eso tal vez sea la utilidad de mi libro.

***
Me sentía culpable. ¡Es que yo activé los explosivos! ¡Casi toda mi escuadra murió ahí mismo! Mientras estuve en el Batallón de Sanidad tuve tratamiento sicológico, esa ayuda es la más importante. Mucho más si oía testimonios de otros que también han soportado lo mismo. Entonces entendí: nadie tuvo la culpa. Fue un accidente. Ese día tocaba y ya. ¿No ve que las minas tienen nombre propio? Claro que lo tienen. Pregúntele a otros, van a decir lo mismo. En los ejes de avance caía el último, el cuarto, el del medio, del que menos se tenía sospecha. A veces pasaba toda una compañía y caía alguien de la compañía siguiente. El primero de mayo de 2008, en la vereda La Cristalina de Puerto Rico, Caquetá, había una mina con mi nombre.

*El lanzamiento tendrá lugar este miércoles 7 de septiembre a las 5 pm en el auditorio Teresa Cuervo del Museo Nacional (Carrera 7 No. 28-66). Entrada libre. A los asistentes se les entregará el informe en el evento y estará disponible en www.centrodememoriahistorica.gov.co a partir de las 5 pm.

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