Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/04/02 00:00

Los libros que están enfrentando al terrorismo

Varios libros se volvieron una terapia contra el dolor y un rechazo contra la violencia desencadenada por el Estado Islámico.

Los libros que están enfrentando al terrorismo

No pasó mucho tiempo para que Tintín se convirtiera en el símbolo de la tragedia que desencadenaron los ataques terroristas de Estado Islámico en Bruselas, el 22 de marzo, en los que murieron 32 personas y resultaron heridas más de 300. Las redes sociales pocos minutos después estallaron con las imágenes del reportero creado por Hergé, llorando lágrimas de color negro, amarillo y rojo (los colores de la bandera de Bélgica).

Esta fue una forma en que el mundo mostró su solidaridad con el dolor: en muchas viñetas se veía a Tintín como víctima del acto de barbarie. Pero este no es el único caso. Casi siempre, tras un ataque de Estado Islámico o Al Qaeda, se desata un fenómeno editorial en toda Europa que transforma a algunas obras literarias en símbolos del dolor.

El primer caso se presentó en enero de 2015, cuando un grupo de yihadistas asesinó a Cabu, Charb, Tignous, Georges Wolinski y Philippe Honoré, todos miembros del semanario satírico francés Charlie Hebdo. La respuesta inmediata de los franceses fue exaltar la figura del filósofo Voltaire, símbolo de la Revolución francesa, y autor del conocido Tratado sobre la tolerancia.

En noviembre del año pasado, Estado Islámico asesinó a varias personas en diferentes lugares del centro de París y, entonces, la respuesta del pueblo fue armar altares callejeros en los que entre velas, nombres de los muertos y flores, aparecía el libro París era una fiesta (1964), de Ernest Hemingway. No se podrá olvidar que las personas, rodeadas por banderas de Francia, recitaban en voz alta un fragmento del libro: “Eran los únicos periodos de verdadera tristeza en París, porque era contra su naturaleza. Ya se sabía que el otoño iba a ser triste”.

El libro póstumo de Hemingway, como Las aventuras de Tintín y el Tratado sobre la tolerancia, dispararon sus ventas. Luego del atentado a Charlie Hebdo, el ensayo de Voltaire vendió 120.000 ejemplares en toda Europa. Entre tanto, París era una fiesta, de la editorial Folio, pasó de vender diez ejemplares diarios a 500 y reimprimió 15.000 ejemplares, luego de agotar sus existencias. Conseguir algo del personaje de Hergé también es difícil.

Algunas de las explicaciones a este fenómeno aluden a la psicología social, según la cual el ser humano busca barreras (en este caso la literatura) para protegerse, hacer catarsis o expiar culpas, como explica Juan Carlos Hernández, director del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana.

Así sucedió con París era una fiesta, libro que narra la juventud de Hemingway por las calles y cafés de la capital de Francia, donde compartió y conoció a personajes como Dalí. Al poner este libro en los altares, los franceses quisieron decirle al mundo que su capital es también la capital de la cultura, del amor y de la alegría.

Pero los libros no solo se han vuelto un símbolo del dolor. Los franceses y los belgas, y en general los europeos, recurren a estas obras clásicas para encontrar respuesta a sus dudas más complejas, frente a la situación política y social de su país. “Cuando un ser humano tiene en frente la realidad, lo que hace es asociarlo con algo que tenga en su mente para entenderla. Y cuando no encuentra esas asociaciones acude a los medios de comunicación. Sin embargo, estos no resuelven más que lo básico, así que busca a la literatura para entender lo más complejo”, afirma el experto en opinión pública Juan Carlos Gómez. Coincide con su afirmación el escritor, historiador y periodista Reinaldo Spitaletta, según el cual “la literatura trata esas tragedias humanas, incluso mejor que la historia”.

Lo curioso es que todas las personas acudan justo a las mismas obras literarias para manifestar su dolor o explicarse el hecho. Sin embargo, la respuesta a la acción masiva de compra de libros está en las redes sociales. París era una fiesta fue traído a colación por Danielle, una ciudadana francesa que en un video en YouTube habló de la obra para referirse a los atentados. A su vez, las viñetas y caricaturas de Voltaire y Tintín tuvieron el mismo efecto viral de las banderas de Francia y Bélgica, que las personas pusieron como filtro de sus fotos de perfil de Facebook e Instagram, como sinónimo de solidaridad.

Para Harold Salinas, periodista experto en análisis del discurso, hoy son más evidentes las relaciones entre la ficción y la realidad: las personas encuentran en las obras literarias muchos rasgos de su realidad social, política, económica y cultural.

Los libros de Voltaire, como los de Hemingway y Tintín, son obras universales que las personas han utilizado, no solo para representar sus emociones, sino para acercar al otro a su dolor. “En su momento, ‘París era una fiesta’ y ‘Tratado sobre la tolerancia’ reflejan acontecimientos coyunturales que vivió Francia, uno frente al esplendor de la cultura y otro frente la repercusión del fundamentalismo político y religioso”, explica el profesor de comunicación Rodolfo Prada.

Con el caso de Voltaire y Tintín resurge un espíritu nacional. Voltaire: emblema de la revolución que dio la libertad política y democrática a Francia. Tintín: un ícono con el que Bélgica se dio a conocer ante el mundo. Pero lo que comparten los tres libros es que son obras que en Occidente se han universalizado.

“Tiene relación que sean precisamente estas tres obras las que se vuelven símbolo del rechazo a Estado Islámico y Al Qaeda, pues ellas son un símbolo puro de Occidente, y lo que hay tras los atentados es una lucha ideológica y de poder entre Oriente y Occidente”, afirma Sebastián Álvarez experto en religiones del mundo y geopolítica.

Pero el fenómeno no es solo de Europa, también de África y Asia, donde hay autores que han aumentado sus ventas frente al terrorismo. En Nigeria, algunas obras de Chimamanda Ngozi Adichie han surtido el mismo efecto, como La flor púrpura, que habla del fundamentalismo en su país. La autora, además, ha sido invitada a conferencias internacionales para hablar sobre la guerra y el papel de la literatura.

El periodismo no se ha escapado del fenómeno editorial. El lector no solo busca símbolos, también una forma de entender lo que ocurre. Uno de los casos más representativos es el de Anna Erelle, quien escribió En la piel de una yihadista, donde narra que mediante una identidad falsa mantuvo conversaciones online con un miembro del aparato de reclutamiento de soldados yihadistas. Su interlocutor resultó ser Abu Bilel, el hombre de confianza de Abu Bakr al-Baghadadi, el califa de Estado Islámico.

Escritores como Alejandra Jaramillo, directora de la Escuela de Literatura de la Universidad Nacional de Bogotá, han manifestado que muchas obras han regresado a las manos de los lectores ante este fenómeno, pues tratan temas que siempre están palpitantes. Pero no solo responde a un hecho social, sino que va acompañado de la oportunidad comercial que está aconteciendo para las editoriales y librerías europeas, donde la oportunidad de negocio es inminente.

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