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| 9/2/1996 12:00:00 AM

LIO DE FALDAS

La antigua primera dama de la cultura y la actual directora de Colcultura rompen relaciones por cuenta de la política cultural y el proceso 8.000.

Isadora de Norden y Gloria Zea sostenían hasta hace poco una relación que el tiempo se había encargado de estrechar. Eran dos amigas íntimas que no sólo compartían el mismo círculo social y los mismos amigos, sino que además estaban unidas por una causa común: la gestión cultural. Gloria Zea desde el Museo de Arte Moderno MAM y Colcultura; Isadora de Norden desde Focine, la Cinemateca Distrital y la subdirección cultural de la Cancillería. Incluso habían trabajado juntas en los tiempos en que Gloria Zea era directora de Colcultura e Isadora oficiaba como subdirectora de bellas artes de la institución. Ahora la vida las tiene enfrentadas. Y, para muchos observadores, el motivo tiene nombre propio: el proceso 8.000. Isadora de Norden pertenece al círculo íntimo del presidente Ernesto Samper. Se cuenta entre las 10 personas que defienden al primer mandatario contra viento y marea y rechazan cualquier acusación con el argumento de que todo es producto de una conspiración. Desde el momento en que Fernando Botero decidió hablar sobre las responsabilidades de Ernesto Samper en el ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial, Gloria Zea pasó a ser la madre del conspirador mayor. Con los bandos definidos de esta forma, el rompimiento era inevitable. Y llegó, pocas semanas después de que Isadora de Norden fuera nombrada a finales de marzo directora de Colcultura. Al asumir el cargo su primera tarea fue evaluar el recorte de presupuesto que había sufrido la institución para 1996 y tomar medidas al respecto. Entre ellas incluyó una que habría de prender el polvorín: reducir las partidas destinadas al Museo de Arte Moderno de Bogotá y a la Nueva Opera de Colombia, entidades que dirige Gloria Zea casi desde su fundación. De los 800 millones recibidos en 1995, Colcultura le asignó al museo 400 millones para este año. Con la ópera sucedió algo parecido y los aportes también se vieron reducidos de manera considerable en relación con el promedio tradicional. Gloria Zea no demoró en reaccionar. Según ella, una asignación de 400 millones de pesos es insuficiente para mantener una fundación del tamaño y las actividades del Museo de Arte Moderno. En cuanto a la ópera, la disminución de la partida amenaza con hacer abortar el último título de la actual temporada. Isadora de Norden, por su parte, defiende su posición con cifras: "De todas las instituciones de su género, con excepción del Festival Iberoamericano de Teatro, al que se le garantizan 800 millones cada dos años, el Museo de Arte Moderno de Bogotá recibe los mayores aportes. El Museo de Arte Moderno de Cartagena recibe 10 millones; La Tertulia de Cali, 50 millones; el de Medellín, 30 millones; el Ramírez Villamizar, 20 millones. No veo por qué Gloria se queja por recibir 400 millones". En relación con la ópera, Isadora es enfática: "En estos momentos la ópera no está dentro de las prioridades de Colcultura, pues hay regiones abandonadas de Colombia que requieren atención cultural inmediata. La idea es que la ópera sea financiada por la empresa privada". En otras circunstancias este debate no habría generado tantas suspicacias si no fuera porque en el fondo de la controversia se esconde el fantasma del proceso 8.000. Históricamente Gloria Zea ha sido una consentida de los gobiernos en materia de cultura, un privilegio personal que en estos momentos nadie duda perdió sólo por ser la madre de Fernando Botero. Así las cosas, las dos damas de la cultura están enfrentadas en una discusión en la que curiosamente, ambas tienen la razón. Así como hay quienes están de acuerdo con la directora del MAM en el sentido de que la reducción de las partidas fue fruto de una decisión mediada por el proceso 8.000, muchos opinan que ante un recorte presupuestal es apenas obvio que hasta Gloria Zea tenga que apretarse el cinturón. El caso de Gloria, sin embargo, no es el único que ha suscitado temores alrededor de que Colcultura se convierta en una entidad manejada al capricho de la Presidencia. Según varios gestores culturales consultados por SEMANA, la iniciativa de Isadora de Norden de retirar a Colcultura del control del Ministerio de Educación para adscribirlo directamente a la Presidencia de la República, su deseo de modificar los estatutos de los Fondos Mixtos para ejercer una mayor vigilancia sobre ellos y la idea de replantear la función de la programación cultural de los espacios de televisión, han alimentado la inquietud en muchos trabajadores de la cultura de que el instituto pierda la autonomía que había ganado en su última reforma, en virtud de fomentar la cultura estatal. Pero para Isadora de Norden estos temores son infundados: "Que Colcultura dependa de la Presidencia lo único que garantiza es que los proyectos culturales gocen de la atención que se merecen. Los Fondos Mixtos no van a perder su naturaleza, pero no hay duda de que hay cosas por corregir para que funcionen mejor. Y en cuanto a la televisión, los cineastas pueden estar tranquilos, los documentales no van a desaparecer. Por el contrario, van a aumentar pero bajo perspectivas diferentes. Estoy convencida de que la misión de Colcultura en televisión tiene que ser fundamentalmente pedagógica en el ámbito de la educación cultural no formal". Pero más allá de esta última polémica, lo cierto es que todo el debate ha nacido del enfrentamiento entre Isadora de Norden y Gloria Zea. Y la sensación general es que esta pelea no es sino un caso más de la polarización que ha motivado el proceso 8.000.
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