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| 1/9/1989 12:00:00 AM

¡LLEGO ROGER RABBIT!

Por fin en Colombia el milagro tecnológico de la animación, que se convirtió en la película del año en el mundo.

A primera vista, es una historia de las que Hollywood hacía en los años 40. Un cotizado actor de cine, que acaba de alcanzar un resonante éxito, es acusado de un crimen que no cometió. El personaje debe enfrentarse a una investigación en la que todas las pruebas apuntan a su condena. Además, aparte de su carrera cinematográfica, piensa en la relación con su esposa,la despampanante Jessica, una de las mujeres más bellas que haya visto la pantalla. Una mezcla de mujer fatal y novia dedicada, que con su torneado cuerpo y su voz melodiosa se convierte en el sueño de amor de los espectadores.
La suerte de Roger, el actor perseguido, cambia cuando se encuentra con Eddie Valient, un detective privado que se encargará de demostrar la inocencia de su cliente. Borrachín, obeso y algo entrado en años, Eddie se convertirá en el ángel de la guarda de una de las personas a las que menos soporta en la vida. A partir del primer encuentro, investigador y cliente forman una pareja dispareja, que no podrá disolverse porque a cada minuto que pasa debe sortear los peligros propios de esas películas que hicieran famoso a Humphrey Bogart. Intrigas, persecuciones, pistoleros a sueldo e informantes son algunos de los riesgos que amenazan a este dúo. Hasta aquí, todo suena a película ya vista o a burda copia.
Pero las cosas cambian cuando el espectador, sentado cómodamente en su silla, se enfrenta a una de las cintas más revolucionarias en la historia del cine, en lo que a la técnica se refiere: "Quién engañó a Roger Rabbit". Su éxito de taquilla en todo el mundo radica en el hecho, aparentemente simple, de que por primera vez dibujos animados -lo que los norteamericanos llaman cartoons- alternan durante toda una película, una hora y media, con actores de carne y hueso. Anteriormente, en "Mary Poppins" se trató de hacer algo por el estilo, pero fue sólo una corta escena que para su época fue todo un logro. Roger Rabbit, el personaje principal, es un dibujo animado tridimensional,de tamaño humano, lo mismo que la bella Jessica, su novia. Un conejo estrella que huye, teme, ama y sufre como cualquier persona.
La idea surgió hace varios años, en la cabeza de uno de los coproductores del filme, el famoso Steven Spielberg. Sin dudas la idea era ambiciosa y complicada de realizar. Por eso Spielberg vio la necesidad de contar con el concurso de una de las firmas más expertas en este tipo de trabajo y desarrolló la idea con la ayuda de los estudios de Walt Disney. A partir de la muerte de su fundador, en 1966 los estudios Disney venian en franca decadencia y sólo Disneylandia y Disney World continuaban llamando la atención del público, pero siempre con el gancho de los personajes creados hace más de 20 años. Desde hace unos cinco años para acá, la Disney comenzó a resurgir y el proyecto del conejo actor estaba ni mandado a hacer para su definitivo renacimiento. Con estos ingredientes, los encargados de animación comenzaron a trabajar codo a codo con los expertos en efectos especiales de la compañía de Spielberg, hasta que lograron este actor de mentiras, inseguro y veleidoso, mediocre pero famoso, que pone a sufrir durante casi dos horas al detective encargado de probar su inocencia.
Antes de que el proyecto marchara en forma, pasaron largos meses en que Spielberg y sus muchachos hicieron centenares de pruebas hasta que por fin una los convenció. Lo que hasta entonces era el sueño de un muchacho obsesionado por el cine podía convertirse en realidad, y lo que en un comienzo se pensó iba a costar US$27.5 millones, terminó costando US$45 millones. La primera decisión fue la de conseguir el director apropiado. La escogencia recayó en Robert Zemeckis, quien se había hecho famoso al dirigir "Regreso al futuro". Zemeckis se encargó, no sólo de dirigir, sino de conciliar los papeles de los muñecos animados y los de los actores de carne y hueso. Según el director, se decidió que la historia transcurriera en los años 40 "porque resulta mucho más incréíble en una época pasada y seguramente los mejores fueron esos años en los que los cartoons eran algo muy significativo".
Otro problema consistió en escoger al actor encargado de representar al detective Eddie Valient. Los productores contactaron a varios grandes de la pantalla, pero todos salieron corriendo ante la perspectiva de alternar con un simple dibujo. En realidad, ninguno quería arriesgar su carrera por un conejo de orejas grandes, cabeza triangular, tórax delgado, pies kilométricos, nervioso y tartamudo. Finalmente surgió un valiente: Bob Hoskins, quien estuvo nominado para el Oscar por su actuación en la pelicula "Mona Lisa", accedió a encarnar al detective desmañado y eternamente enamorado de una mesera de bar. La cosa no fue fácil. Hoskins debió actuar solo, imaginando que el inoportuno conejo estaba a su lado.
Luego de leer el guión y a punto de comenzar el rodaje, el actor intentó todo tipo de trucos para acostumbrarse a hablar con un ser imaginario, pero ninguno resultó. La solución al problema llegó cuando un día, mientras miraba a su pequeño hijo jugar en la sala de su casa, vio cómo el niño se imaginaba compañeritos que hacian travesuras con él. Hoskins resolvió hacer como su hijo y en las intensas sesiones de filmación llegó a imaginar que Roger Rabbit caminaba con él, estaba sentado en la misma mesa, le daba besos o lo empujaba. La experiencia llegó a extremos alucinantes. Al finalizar la filmación, que se llevó a cabo en Los Angeles y Londres, Hoskins comenzó a tener problemas,"pues vivía noche y día con dibujos animados. Los veía sentados a mi lado en los restaurantes, les hablaba, realmente creía que estaban allí". Lo cierto es que el actor, a lo largo del rodaje debió imaginar que las sillas que se caían por medio de alambres o los cigarrillos que se encendían a control remoto o las copas de vino que eran servidas por complicados brazos mecánicos, en realidad eran el resultado de los movimientos, locuras y trastadas de su orejón compañero.
Mientras se hacia este trabajo "en solitario", en otro estudio a miles de kilómetros de distancia, Richard Williams, el director de animación, trabajaba en los muñecos que en la versión final habrían de llenar los huecos que acompañaban a Hoskins el actor que hablaba con el viento.El trabajo con figuras tridimensionales fue fundamental para lograr el mayor realismo posible. Y lo increíble es que los magos de Amblin -la compañía de Spielberg- y de Disney lo lograron. Para comprobarlo están los millones de espectadores en el mundo entero que cinco minutos después de comenzado el filme se han olvidado de que Roger Rabbit es sólo un muñeco y padecen con él el temor de ser condenado injustamente por un homicidio que no cometió.
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