Viernes, 20 de enero de 2017

| 2007/01/06 00:00

Lo que el agua se llevó

Una divertidísima sorpresa que les arreglará este comienzo de año a los papás que acompañan a cine a sus hijos.

Lo que el agua se llevó

Título original: Flushed Away. Año de estreno: 2006.
Dirección: David Bowers y Sam Fell.
Guión: Dick Clement, Ian la Frenais, Chris Lloyd, Joe Keenan y Will Davies.
Voces de: Hugh Jackman, Kate Winslet, Ian McKellan, Andy Serkis, Bill Nighy, Jean Reno, Shane Richie.

Se entra prevenido a Lo que el agua se llevó: después de un año particularmente cargado de largometrajes animados por computador (se nos vienen a la cabeza, por poner algunos ejemplos, Vecinos invasores, La era del hielo 2, Cars, Happy Feet y Roja Caperuza), se siente que ya se ha visto todo absolutamente todo lo que esta película nos va a mostrar. Pero muy pronto, a los cinco minutos, a los diez minutos de proyección, nos damos cuenta de que estamos ante la más adulta de las comedias para niños de estos últimos meses. Quiero decir que Lo que el agua se llevó, con su trama ajustada, sus bromas inesperadas y sus pequeñas parodias a los más emblemáticos relatos ingleses, divertirá a todo aquel que se encuentre en ese ánimo: los espectadores desprejuiciados, los niños, los adolescentes, los ancianos que tengan el valor para otra producción de estas tendrán una buena historia, unos buenos personajes y unos buenos chistes de los cuales agarrarse durante los 85 minutos que dura la historia.

Detrás del ingenio inagotable de Lo que el agua se llevó se encuentran la Aardman Company, que empujó a un extraordinario equipo de realizadores británicos a crear Pollitos en fuga y Wallace and Groomit, y la división de la Dream Works Pictures, que les dio origen a las series de Shrek y Madagascar, y la presencia de ambos grupos se nota, claro, porque la animación por computador esta vez imita la nostálgica animación cuadro por cuadro, con modelos de arcilla, que tan bien les ha funcionado a los genios de la Aardman, y la aventura está plagada de los guiños cinéfilos que han hecho del mundo de Shrek, el ogro verde, un mundo en el que cabe todo el que quiera caber. Lo que el agua se llevó funciona a la perfección, pues, como la conmovedora historia de una antiséptica rata casera, el solitario Roddy, descubre el amor, la familia y la compasión cuando se va por el inodoro de su lujosa casa en Kensington, Londres, a un mundo subterráneo habitado por sapos, ratas y gusanos. Pero también puede ser vista como una amable burla al cine de Hitchcock, a las aventuras de James Bond y a los manidos viajes tipo Disney de los héroes del cine norteamericano.

El absurdo jamás se detiene en este divertido relato. Ahí están, en aquella cloaca que se parece tanto a Londres, ese padre de familia enyesado de los pies a la cabeza, ese hijo atontado que se pasa el día en patines, ese guardaespaldas albino con cientos de joyas alrededor del cuello, y ese mafioso con cara de sapo que se enloquece de ternura cuando está cerca de sus bebés. Pero, cuando uno piensa en la película, lo primero que le viene a la cabeza es la pandilla de babosas que cantan Don't Worry, Be Happy en el momento menos esperado. Qué bueno. Qué bien. Ya era hora de que el cine animado volviera a sorprendernos. Las cosas tenían que cambiar en la cartelera en este comienzo de año.

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