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| 2/12/1990 12:00:00 AM

Lo bueno, lo malo y lo feo

A pesar de grandes proyectos, el balance del urbanismo en Colombia no es el que se esperaba.

A pesar del predominio de los esquemas racionales del mundo industrial y financiero, existen todavía esperanzas ligadas al transcurrir del tiempo y a las fechas significativas. El ingreso en la última década del siglo XX y la despedida de la penúltima despiertan hoy particular interés, se hacen recuentos de lo ya acontecido y se intenta la construcción de cuadros de predicción de aquello que, a partir de lo más reciente, indica la posibilidad de la llegada de algo bueno, regular o malo en los años venideros. En la década que acaba de concluír sucedieron en el país muchas cosas, positivas y negativas, en los campos del urbanismo y de la arquitectura. El ver algunas de ellas aún cuando sea en forma sumaria permite construír una imagen tenue de aquello que aguarda en el futuro inmediato.
- En el campo de las ideas la pasada fue la década de la ciudad y del espacio público. En universidades y centros de investigación, en foros y seminarios por todo el país se discutieron los problemas urbanos y los conflictos surgidos entre distintos puntos de vista, unos conservacionistas y otros indiferentes, unos en defensa y otros en ataque de los intereses ciudadanos. Planes como los que se pasaron para los centros urbanos de Cali y Bogotá fueron los primeros intentos a gran escala para atender problemas importantes de esos sectores urbanos en deterioro. Lamentablemente ambos planes quedaron a mitad de camino en su realización gracias a la discontinuidad que es propia de los cambios políticos y administrativos.
- La década del 80 fue también la década en la cual el patrimonio histórico, urbano y arquitectónico fue objeto de interés creciente dentro y fuera de los recintos de estudio en los que habitualmente ha sido tomado en consideración. Campañas como la emprendida por la revista Proa desde 1980 han buscado incrementar no sólo el interes sino las acciones tendientes a la conservación de ese patrimonio. El inventario del patrimonio aumenta cada día. Paralelamente, actos legislativos tales como el Decreto 067 expedido por miembros de Planeación de Bogotá, legalizaron la destrucción de sectores enteros de la ciudad para admitir no tanto su densificación sino el aumento de la renta del espacio, sin medir los alcances reales que medidas de esta índole tienen sobre una ciudad ya bastante afectada por este tipo de atentados terroristas.
- El cruce entre el interés por la ciudad y el interés por el patrimonio histórico se manifiesta en nuevos enfoques del problema de los centros históricos. En Bogotá se estableció la Corporación Barrio La Candelaria, primera entidad pública destinada a manejar un centro de ciudad. Cartagena fue declarada "patrimonio de la humanidad" en reconocimiento a los valores de su sector histórico, pero aún no cuenta con un organismo para su manejo. Colcultura ha incluído el estudio de una política nacional sobre centros históricos en la agenda de sus reformas jurídicas y administrativas.
- A lo largo de la década se proyectaron y realizaron parcialmente planes urbanos de gran envergadura. "Ciudad Salitre" y "Parque Central Bavaria en Bogotá", actualmente en ejecución, muestran lo que puede llamarse el "enfoque de los años 80": planeación estrictamente comercial poco interés espacial y fuerte apoyo publicitario. El Metro de Medellín es sin duda, la obra de mayor impacto urbano que se haya realizado hasta ahora en Colombia. Discutido y discutible como es, bien puede convertirse en algo extremadamente importante para su ciudad. Como otros tantos proyectos, se encuentra ahora en el limbo en espera de su conclusión.
- En Bogotá, el Parque Simón Bolívar aguarda todavía la llegada de funcionarios cuyo interés real sea la ciudad. Algunos de los que hasta ahora lo han tenido a su cargo parecen recrearse en la obstaculización de su construcción, demostrando, una vez más el triste papel de quienes consideran que cumplir con su deber consiste en interponer su transitoria presencia en la realización de proyectos de interés, mientras defienden a capa y espada propuestas anodinas o nocivas que dejan algún margen de beneficio en sus hojas de vida o en sus bolsillos.
- La década que terminó fue escenario de inmensas construcciones y de inversiones extraordinarias. Se inició con la construcción del Centro de Convenciones de Cartagena, entonces considerado enorme con sus casi 30.00 metros cuadrados y terminó con Bulevar Niza y Santa Bárbara dos centros comerciales en Bogotá que alcanzan la cifra apreciable de casi 90.000 metros cuadrados. El aeropuerto "José María Córdoba" en Rionegro y los terminales de transporte de Medellín y Bogotá hacen parte de este grupo de construcciones de gran magnitud.
- "Arquitectos al borde de un ataque de nervios" sería el título indicado para hablar de los centros comerciales de la década. Unicentro es un edificio que, visto ahora en retrospectiva, nunca pretendió ser más allá de un simple centro comercial. Sus sucesores quieren ser mucho más que eso, quieren ser obras maestras de la arquitectura. En ellos se perciben fuertes desequilibrios emocionales causados tal vez por el tamaño enorme por la inmensa inversión y por la "licencia para matar" que autoriza hacer todo aquello que pueda atraer al usuario y despertar sus pasiones consumidoras .
- A pesar de ser considerada como una "mendiga aristocrática", la cultura ha tenido en la década algunos aportes arquitectónicos: teatros, museos, bibliotecas y centros culturales de diversos tamaños se han realizado en el país, como apoyo a esta que, en medio del desastre nacional, parece ser la única y mejor expresión del espíritu colombiano. El Teatro Metropolitano de Medellín, el Amira de la Rosa en Barranquilla, el Jorge Isaacs en Cali, los Museos de Arte Moderno de Bogotá y Quimbaya en Armenia, el Camarín del Carmen, el Teatro Libre, el Teatro Popular y el Centro Cultural del Gimnasio Moderno en Bogotá son algunos proyectos que muestran cómo, con buen apoyo físico, la cultura puede crecer y multiplicarse.
- La Casa de Huéspedes ilustres construída en Cartagena según el diseño de Rogelio Salmona, ha sido premiada en Chile como el proyecto latinoamericano más importante de la década.
La calidad que podría alcanzar la arquitectura colombiana de contarse con un sistema financiero menos bestializado, daría como resultado, mejores espacios públicos y privados para la habitación, el trabajo, la cultura y la recreación, a costos proporcionalmente menores que los actuales, fruto del vampirismo comercial de muchas de las empresas financiadoras, urbanizadoras y constructoras que actualmente tienen en sus manos el destino habitacional de los ciudadanos, como una de las tantas calamidades que los aquejan.
A menor escala y con ínfimo despliegue publicitario se llevan a cabo labores que representan interés en el futuro. Proyectos urbanos y de vivienda con participación comunitaria, indagaciones en tecnologías apropiadas, recuperación documental de valores culturales, tareas de rehabilitación de asentamientos de población pobre o marginada, recuperación de obras de valor testimonial, propuestas de apoyo a la descentralización administrativa, etcétera, se desarrollan al margen de la farándula del dinero y de la publicidad y sientan bases para que, cuando el país encuentre alguna dirección coherente, esos aportes se puedan aprovechar en bien de los que, para entonces, poblarán lo que haya quedado de él.
Alberto Saldarriaga Roa
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