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| 1/11/1988 12:00:00 AM

"LO DE LA INSPIRACION ES PAJA"

DAVID MANZUR
David Manzur vuelve a exponer. Y lo hace en Bogotá, en el Museo de Arte Moderno, con un San Sebastián que revela lo mejor del oficio de pintar y las innegables influencias de la pintura españo la del siglo 17. SEMANA habló con él sobre sus proyectos y su oficio.

SEMANA: ¿Es cierto que piensa viajar a Italia?
DAVID MANZUR: Sí, me voy porque quiero aprender a pintar

S.: ¿Qué quiere significar cuando dice "aprender a pintar"?
D.M.: Es en el sentido estricto de la acción de pintar, o sea físicamente pintar. Voy a aprender lo que es la cocina del arte que, inclusive, es un acto humilde. La pintura tiene un proceso físico que puede repercutir como resultado en el ojo del espectador. Hay, por ejemplo, unos aspectos de la materia en donde el tratamiento va a estar en razón directa del efecto final.
La pintura al óleo ha tenido siempre problemas de reflectividad, de homogeneidad en la superficie y todo esto se resuelve cuando se conoce, no digamos los secretos, pero sí muy bien el oficio, que consiste en los equilibrios de los barnices, de las mezclas de cera, de los secantes, de los disolventes. . Y esto es lo que físicamente significa aprender a pintar.
He tenido obsesión por conocer muy a fondo esta forma de pintar, la estudio y he estado asesorado inclusive desde Italia. Esto, desde el punto de vista conceptual, no significa nada.
Asegurado ese concepto general, en mi caso es un ajuste entre la tonalidad y el dibujo, casi en una forma escultórica... He pasado toda la vida aprendiendo y, como uno nunca termina, me gustaría perfeccionar más los conocimientos de la materia misma.

S.: ¿Qué opina de quienes desprecian el "oficio"?
D.M.: Depende, porque hay artistas que no tienen que hacer grandes despliegues de oficio y, sin embargo, pueden decir mucho desde el punto de vista conceptual; y hay artistas que sí necesitan mucho oficio para poder decir lo que quieren decir. Es algo muy personal. Hay. artistas buenos en trazos elementales y hay buenos en una gran ejecución.

S.: Recientemente se abrió un taller de critica. ¿ Usted cree que ésta se puede ensenar académicamente o que es cuestión de sensibilidad?
D.M.: Yo tengo mis dudas. Poseo un entrenamiento de 22 años analizando y viendo. Incluso a mí mismo, porque soy mi propio problema. El crítico tiene que tener una gran cultura visual, una gran memoria visual, un gran sentido selectivo. Hasta ese punto se puede guiar, pero luego entra a jugar el aspecto del criterio, donde el crítico arriesga y tiene que tener también imaginación, y eso ya es personal. El crítico debe tener, además, una visión universal, poder de adaptación, de autocorrección con el paso del tiempo, como la tenía Marta Traba, y una gran elasticidad. Todo esto me parece difícil de lograr en un taller de arte.

S.: ¿Para usted qué predomina: el oficio o el concepto?
D M.: Doy mucha importancia al oficio. Nunca comienzo un cuadro si no hay un diálogo previo con el objeto en términos anímicos. En mi caso lo ideal es el equilibrio: decir bien lo que se piensa bien. Muchos grandes planteamientos de este siglo, tal vez por la fugacidad del siglo 20, se dicen en un trazo. Yo personalmente necesito una gran cocina de medios, pero admiro la pintura de acción de De Kooning, de Jackson Pollock, de Franz Kline...

S.: ¿Cuál es para usted la clave del pintor?
D.M.: El trabajo y el tiempo. El arte es una larga paciencia. Las horas del día son pocas. La apariencia, la actitud que se asuma no importan. Y lo de la inspiración es paja.
S.: ¿El San Sebastián podría interpretarse como un cuadro político, al ser un homenaje genérico al joven caido?
D.M.: Lo que me interesa mucho es el aspecto plástico: los valores de luz, de dibujo, de color. No busco nada determinado con ello. En efecto, creo que casi todos los jóvenes colombianos en este momento, de derecha o de izquierda, son "San Sebastianes".
¿Qué tal los soldaditos que matan cada rato? ¡Lo triste es ver morir a la gente joven con sus ideales. No hay derecho ! .

S.: ¿Qué libros lo han marcado?
D.M.: Hace muchos años lei el "Caspar Hauser" de Jacobo Wassermann y no lo he podido olvidar. Es una historia extraña, una leyenda que tiene base en Alemania. También las "Memorias de Adriano" de Marguerite Yourcenar me impresionaron mucho.

S.: ¿Qué está leyendo en este momento?
D.M.: Un libro de André Malraux sobre la contemporaneidad y otro de Herbert Read, que es un tratadista de aspectos plásticos.

S.: ¿Qué opina del boom del San Sebastián?
D.M.: Como dicen, a cada uno le toca su cuarto de hora... Es un cuadro del que estoy seguro. Creo que el cuadro se ha proyectado hacia los demás, y eso es lo que más me importa.

S.: ¿Cuánto piensa permanecer en Italia? ¿Cuándo piensa regresar?
D.M.: Hoy en día el acto de viajar no es un acto de abandono. No pienso nunca dejar a Bogotá, porque para mí no hay en el mundo ciudad más completa para trabajar. Por el clima y el medio. Viajo en junio pero tengo copado este lapso con un programa específico: a fines de febrero expongo en la Alfred Wild. La temática son los caballos. Mi estadia en Italia es temporal y estará alternada con mi trabajo de aquí. --
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