Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/09/14 00:00

LO QUE EL TIEMPO SE LLEVO

Con "Un amor de Swann" llega la primera obra de Proust llevada al cine.

LO QUE EL TIEMPO SE LLEVO

Lo bueno de películas como "Un amor de Swann", que llega por fin a las carteleras colombianas es que la mayoría de los espectadores que nunca ha leído nada de Marcel Proust, tendrán acceso ahora por esta vía a uno de los libros de "En busca del tiempo perdido" y se sentirán atraidos por esos personajes decadentes que componen un mundo complejo. La película, que muchos recordarán por la belleza morbosa y abierta de una mujer-animal como Ornella Muti, y otros por la presencia de dos excelentés actores como Alain Delon y Jeremy Irons, es dirigida por un alemán llamado Volker Schlondorff, quien se ha caracterizado porque buena parte de su exitosa carrera cinematográfica se alimenta con historias literarias muy populares. Después de hacer películas con los personajes de Robert Musil, Heinrich Boll, Marguerite Duras y Gunter Grass, con la ayuda de dos apasionados de Proust, Jean Claude Carriere (el asiduo de Buñuel) y Peter Brook (el de "Marat Sade"), hizo una especie de resumen de toda esa galería de personajes y sucesos, tamizó la mezcla, la batió, la volvió a colar y el resultado rechazado por algunos críticos franceses, es la relación sadomasoquista, pervertida entre Swann y Odette, los dos personajes. Lo curioso es que luego de la frustración sufrida por otros directores empeñados en hacer películas con Proust (René Clement, Luchino Visconti quien quería hacer "Sodoma y Gomorra", Joseph Losey con la ayuda del dramaturgo Harold Pinter y el mismo Peter Brook), recayera esta misión en un realizador cuyas películas son espectaculares, salvajes, con héroes que aceptan difícilmente su destino, como el reportero de "El falsario" o el niño de "El tambor de hojalata" o la terrorista de "Katharine Blum", héroes que nadan contra la corriente, que organizan su destino con las piezas equivocadas del rompecabezas, que se defienden como pueden, dejando de crecer, o apelando a la muerte silenciosa o simplemente sirviendo de testigos al derrumbe total de un país inocente. Scholondorff dejó atrás la espectacularidad y lo salvaje y la sangre y la desesperación para concentrarse con la ayuda de un extraordinario director de fotografía como Sven Nykvist (el de las películas de Bergman), en los detalles pequeños, en las sedas, los encajes, la piel sudada de la Muti, los espasmos gozosos de Irons, sus vestidos, su acicalamiento ritual en presencia de un criado, los cándelabros, las mesas servidas, los manteles muy blancos, los carruajes con sus caballos y cocheros, las calles de una ciudad llena de sombras, en los susurros entre concierto y concierto, en las zancadillas que las señoras les colocan a las otras, en la infidelidad de los varones, en el ascenso de esa ramera hermosa que buscará el dinero entre las sábanas y lo consigue: la película, bueno es decirlo, no es entretenida ni divertida ni emocionante pero en cambio, le permite al espectador asistir, tomándose todo su tiempo, toda su paciencia, al derrumbe moral, al hundimiento de un hombre, al ascenso de una mujer y a la decadencia de toda una época, toda una generación, toda una clase social y política.
Al lado de Jeremy Irons (el mismo de "La Misión", un Swann ardiente, obsesionado, elegante), Ornella Muti (la Odette en la cual confluyen muchas críticas) nos topamos con Alain Delon (como el barón de Charlus, untado de blanco, amanerado, transparente, cínico, incrédulo), Fanny Ardant (como la duquesa de Guermantes), y Marie-Christine Barrault como Madame Verdurin, personajes y rostros hundidos sin remedio entre la nostalgia de una película que sirve para que algunos que ignoraban a Proust, luego de la versión de este director alemán, se lancen a buscar el rastro del olor dejado por el cuerpo moreno de la Muti-Odette.

"VALE MAS LA PACIENCIA QUE EL TALENTO"
Para los franceses y europeos pocas películas tan esperadas como Un amor de Swann". Con ocasión del estreno, el director Volker Schlondorff dialogo con varias revistas especializadas. SEMANA hizo un resumen de sus declaraciones.

P.: Usted parece fascinado con la literatura, con el complejo mecanismo de adaptar famosas novelas al cine. Ya lo logró con Robert Musil ("Torless"), con Heinrich Boll ("El honor perdido de Katharine Blum "), con Marguerite Duras ("El golpe de gracia"), con Gunter Grass ("El tambor de hojalata ") y ahora con Proust:
¿por qué?
R.: En el fondo soy un escritor frustrado, me fascina la palabra escrita, cuando no estoy filmando escribo mucho y rompo casi todo, y en los guiones siempre intervengo porque hay algo que me dice que la literatura no me es ajena.

P.: ¿Pero, por qué Proust?
R.: Porque es un escritor fascinante, conoce el ser humano como pocos, sus libros son auténticos tratados sobre la conducta de los hombres, sus historias reflejan conflictos y necedades, momentos sublimes y también instantes ridículos.

P.: Otros directores se quedaron con las ganas de filmar Proust...
R.: Son circunstancias que confluyen, momentos casi mágicos dentro de este arte y este negocio que componen el cine en todos los países. Si uno coincide con estos momentos, si está cerca entonces puede filmar lo que quiere. Por supuesto, tendrá que tener paciencia y conocer la gente indicada y estar listo para cuando le den la señal. Muchas veces he llegado a la conclusión simple de que, en esta actividad del cine, vale más la paciencia que el talento o la imaginación o una buena historia.

P.: ¿Cómo fue el trabajo para seleccionar personajes y circunstancias de una obra tan vasta como ésta?
R.: Alguien dijo que mi película, dentro del árbol frondoso proustiano era sólo una ramita, una derivación. Bueno, lo tomo como un elogio. La verdad es que el trabajo con Jean Claude Carriere y Peter Brook fue concentrarnos en la pasión de Swann por Odette, una pasión corrosiva, que lo destruye ante sí y los demás, que lo vacía de todo sentimiento que no gire alrededor del cuerpo y los caprichos y la ambición de esa mujer. Cuando nos fijamos unos parámetros exactos, concretos, cuando comprendimos que las relaciones de esa pareja y otros personajes eran más que interesantes y válidas para construir un guión, nos lanzamos de cabeza... sin paracaídas.

P.: ¿Sin paracaídas?
R.: Claro porque, cuando se supo que nuestra intención era adaptar por primera vez a Proust en el cine, todos nos cayeron encima, nadie nos perdió un paso, vigilaban nuestro trabajo y más tarde, en el set, hubo que colocar más vigilancia que de costumbre para evitar la presencia de curiosos.

P.: ¿ Y cree que atrapó ese mundo, esa mirada de Proust?
R.: Bueno, si no lo logramos plenamente al menos rompimos con el mito de un autor que estaba prohibido para el cine.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.