Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/06/16 00:00

LO QUE FALTABA

Más de diez años después de su muerte, se siguen descubriendo originales inéditos de Picasso

LO QUE FALTABA

Durante setenta años Pablo Picasso guardó estos diarios, estos cuadernos llenos de letras y dibujos, en un secreto que lindaba con la histeria.
Al momento de morir había logrado acumular por lo menos ciento setenta y cinco de ellos, con más de setecientos dibujos que ahora han sido descubiertos por primera vez en una exposición organizada en la Pace Gallery en Nueva York para sorpresa de todos.
Aun para quienes pensaban que lo sabían todo de Picasso, aquí hay sorpresas.
Aunque algunos de estos dibujos y anotaciones fueron exhibidos para personas muy cercanas, ningun museo o crítico había logrado tener acceso a ellos.
En octubre próximo el Atlantic Monthly Press publicará un volumen con el título de Je suis le Cahier: The sketchbooks of Picasso, en el cual se reproducen seis de estos cuadernos o diarios, llenos de anotaciones, comentarios, esquemas, trazos, borrones, correcciones y fragmentos de otros treinta y seis cuadernos.
Estos cuadernos varían, según el experto John Richardson quien escribió una de las mejores biografías sobre el pintor, de acuerdo con las condiciones de trabajo y el humor y tienen distintos tamaños y están compuestos de diferentes materiales. Hay unos en papel fino, otros en ordinario y uno fue armado por el mismo pintor usando cuerda, cartón y papel de dibujo.
Como dice Richardson, aunque algunos de los diarios se convierten en auténticas cajas de Pandora, el lector siente en todo momento que una corriente de insania, de miedo, de tormento interior recorre la débil estructura material de los cuadernos. Sin embargo, otros se van por el lado erótico, por una especie de memorabilia del sexo que le sirve al pintor para entrar en los órganos femeninos, diseccionarlos, mostrarlos impúdicamente, que se convierten en los estudios más intimos de la mujer realizados por artista alguno.
Uno de los diarios, de 1901, pequeño, del tipo usado en Inglaterra a principios de siglo para que los escolares aprendieran a escribir, acompañó a Picasso desde el invierno de 1900 hasta la primavera de 1901. En octubre de 1900, cuando el artista cumplía 19 años, abandona Barcelona para su primera visita a París. Es una visita ansiosa, mientras una de sus pinturas era exhibida en la Exposición Mundial, en el pabellón español. Por supuesto apenas tenía unas cuantas monedas en los bolsillos. Los apuntes de esa reacción ante París son desquiciantes, compuestos de palabras sueltas como "fanfarria... gusto deplorable... polvo de las calles..."Salón Japonés...".
Otro cuaderno, llamado del "Arlequín" porque está repleto de estas figuras de payasitos con bastones, es de 1916, según el experto Richardson el más completo e interesante de los diarios porque contiene las reacciones del pintor ante la Primera Guerra.
Los esquemas los dibujos, los trazos sin acabar reflejan la batalla interior que estaba gestándose mientras el cubismo y el naturalismo halaban de uno y otro lado. Cocteau y Picasso se encuentran en 1915 y el joven poeta queda deslumbrado, electrificado, según sus propias palabras. La inteligencia, la imaginación, el carisma, el físico del pintor, impresionan al otro. Igual reacción se presentó en Diaghilev cuando conoció a Picasso, en su estudio que tenía una ventana sobre el cementerio de Montparnasse. En esa época, una amante del pintor, llamada Marcelle Humbert, se enferma de tuberculosis, es internada en un hospital y en esas visitas Picasso descubre el morbo que le suscitan las sábanas, los dolores, los olores de los muertos y sobre todo, la soledad... en este cuaderno la palabra "miseria" se encuentra multiplicada muchas veces.
El diario de 1930, llamado de la "Crucifixión", es uno de los más reveladores de la obra picassiana porque muestra no sólo la influencia que sus peleas con la vengativa esposa Olga ejerció sobre su obra, sino también la pasión por la voluptuosa amante, Marie Therese Walter, un proceso síquico y sexual que daría origen a una serie de bocetos que más tarde serían canalizados en el "Guernica". La "Crucifixión" ya encierra la agonía, la desesperación, la soledad del pintor ante los conflictos que presenciaba en el mundo y los que se avecinaban para su patria.
Cada cuaderno tiene su mundo propio. Fue concebido, pintado, escrito en circunstancias agónicas: por primera vez son revelados algunos mecanismos secretos de ese universo demencial que de ahora en adelante hay que mirarlo de otro modo.--

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