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| 5/21/2011 12:00:00 AM

Locos

El cineasta Harold Trompetero se la juega toda, con esta película valiente, en el intento de retratar la locura. **1/2

Título original: Locos

Año de estreno: 2011

Género: Drama

Direccion: Harold Trompetero

Guion: Harold Trompetero y Gerardo Pinzón

Actores: Marcela Carvajal, César Badillo, Inés Prieto, José Julián Díaz, Julio César Herrera, Luis Fernando Bohórquez.

Voy a decir  que Locos es un largometraje muy valiente que se ahoga en la cabeza de sus protagonistas. Pero antes vale la pena recordar que Harold Trompetero, su autor, es un blanco fácil. Porque sus películas son inocentes: cada una pelea a su manera, a veces con ingenio de publicista, de tanto en tanto con astucia colombiana, de vez en cuando con angustia de artista, contra una sociedad enferma que prefiere el dinero al amor. Su estética, que no ha sido nunca una pose, asume sin vergüenzas los barroquismos de lo popular. Sus personajes son adolescentes de todas las edades: seres solitarios en el borde de la locura que no consiguen articular del todo lo que piensan, que tratan de enamorarse, a pesar de sí mismos, en un mundo que quiere volverlos una cosa. Y sea como sea, de producción en producción, el enérgico Trompetero, con su pasión en busca de una forma, ha hecho lo impensable para un director nacido en Colombia: ha construido una obra.

Que, a la hora de ser reseñada, podría dividirse en tres. Películas de publicista: las sátiras estridentes Diástole y sístole (2000) y Dios los junta y ellos se separan (2006). Películas de espectador: los relatos populares Muertos del susto (2007), El man (2009) y El paseo (2010). Y películas de artista: las personales Violeta de los mil colores (2005), Riverside (2009) y Locos (2011).

Hay tres Trompeteros, pues, y los tres son honestos, y los tres creen en lo que hacen, produzcan las reacciones que produzcan, pero el que resulta más interesante es el Trompetero que lo arriesga todo en el intento de retratar el delirio: el director de Violeta de los mil colores, Riverside y Locos.

Locos es la historia de amor de dos enfermos mentales, el albañil Eduardo y la esquizofrénica Carolina, que un mal día escapan del hospital psiquiátrico en el que se han conocido. Se trata de dos buenos personajes interpretados por dos actores extraordinarios: César Badillo y Marcela Carvajal. Él, que desde la primera escena se revela como un tipo nervioso, ha sido contratado para pintar el manicomio. Ella, que va vestida de monja y con un celular para recibir las llamadas de Dios, se pasa los días fingiendo que no es tan peligrosa. Y entonces viene esa valiente decisión narrativa que termina ahogando la película: Trompetero insiste en contar aquel romance trastornado desde el delirante punto de vista de su protagonista, se lanza a encuadrar y a editar las escenas con la lógica hermosa, tosca y aterradora de la locura, y al final nos queda debiendo el mundo por el que se mueven sus personajes.

No entendemos la geografía ni la historia de aquel manicomio. No hay personajes secundarios. Ni hay un universo que mire de reojo a los dos enamorados.

El delirio se lo toma todo. Y entonces la trama muere así muera en su ley. Y es una agonía conmovedora por lo honesta, pero una agonía al fin y al cabo.
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