Sábado, 21 de enero de 2017

| 1986/06/30 00:00

LOPEZ, EL CONCILIADOR

El libro de Thomas C. Tirado sobre López Pumarejo es una buena introducción a la biografía de él que no se ha escrito

LOPEZ, EL CONCILIADOR

Decía Jorge Eliécer Gaitán que este país se arreglaba con "cuatro entierros de primera". Se refería a los de Alfonso López, Eduardo Santos, Mariano Ospina y Laureano Gómez. Era una simplificación abusiva -como lo demuestra el hecho de que el primer entierro fuera el suyo propio- pero no le faltaba la razón. Civilizando la metáfora, podría decirse que este país se entendería bastante mejor a sí mismo con cuatro biografías de primera: y las de Gómez, López, Ospina y Santos deberían ser esas. (Sin mencionar el hecho de que una buena biografía tiene algo de entierro).
El libro del historiador norteamericano Thomas C. Tirado que publica ahora la Editorial Planeta ("Alfonso López Pumarejo, el Conciliador"), es una contribución al colmatamiento de esa laguna de la historiografía colombiana que es la casi total ausencia de biografías de personajes decisivos.
Aunque tiene el defecto de formar hasta cierto punto parte de otro género: las hagiografías, o vidas de santos, al cual pertenecían ya ciertos panegíricos sobre López Pumarejo firmados por amigos suyos. La razón, en parte, es la misma: el historiador Tirado se interesó por primera vez en la personalidad de López cuando vino a Colombia como miembro de los Cuerpos de Paz y se alojó en casa de Alvaro López Holguín, sobrino de su futuro biografiado, y las principales fuentes de su trabajo son igualmente muy cercanas a el sentimentalmente: su hijo Alfonso López Michelsen, sus amigos personales y políticos, y los periódicos y publicaciones cercanos a sus ideas. Se echa en falta la opinión de los críticos, de los adversarios y de los enemigos (y López tuvo también muchos en sus cuarenta años de vida pública). Ese es tal vez el sino inevitable del biógrafo: enamorarse de su tema, o de su personaje. Pero la parcialidad resulta a veces excesiva. "Culpa fue de los tiempos, no de España", decía un poeta de la Hispanidad. Thomas C. Tirado adopta en general el mismo espíritu: "Lamentablemente, aquellos que una vez le brindaron su apoyo no lograron comprender que había sido el sistema político, y no López, el que había fallado".
No hay que mirar el libro, sin embargo, como un análisis exhaustivo de la larga y compleja obra política de Alfonso López Pumarejo (cosa que, por otra parte, no pretende ser), sino como el recuento de un período limitado pero crucial de nuestra historia reciente: la génesis del Frente Nacional. Tirado subraya, remontándose pertinentemente a decenios anteriores, el papel no sólo protagónico sino fundamental que tuvo López en ese histórico entendimiento entre liberales y conservadores que puso fin a su "guerra civil no declarada" y que una visión superficial tiende a atribuir a sus firmantes explícitos, Laureano Gómez y Alberto Lleras. Muestra Tirado que la conciliación entre los dos partidos -no su desaparición, sino su reordenamiento político en torno a temas diferentes del puramente patológico de los "odios heredados"- fue una preocupación constante de López y el centro mismo de su acción política al menos desde su segunda presidencia (1942-45). Un entendimiento -subraya Tirado- no "mecánico y burocrático" sino "orgánico e institucional", lo cual en su opinión constituye la diferencia fundamental entre el Frente Nacional de 1957 y los numerosos casos de colaboración bipartidista que conoce la historia de Colombia.
Para Tirado (como según él para el propio López) la diferencia de fondo entre el Frente Nacional y todas las tentativas anteriores es en fin de cuentas una sola: que fue eficaz, y produjo una pacificación verdadera de Colombia. Cosa que en un colombiano raso que haya vivido la época del Frente Nacional puede despertar cierto escepticismo. Da la impresión desazonadora de que Tirado hubiera tenido en sus fuentes una fe demasiado ciega. Y también la de que hubiera limitado su análisis a los aspectos político-institucionales, desdeñando por completo el trasfondo social y económico ("orgánico", para usar su propia terminología) de esa etapa de la historia de Colombia.

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