Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2015/09/15 17:00

“Los corruptos no se dan por aludidos”

El escritor de novela negra Lorenzo Silva es uno de los invitados a la Fiesta del libro de Medellín. SEMANA habló con él de su obra, de crimen y de corrupción.

Lorenzo Silva. Foto: Archivo particular.

Ha escrito una veintena de libros, pero sin duda se destaca por ser el autor de la serie policíaca protagonizada por los investigadores Bevilacqua y Chamorro. Con una de sus entregas, El alquimista impaciente, obtuvo el Premio Nadal en 2000. Lorenzo Silva, nacido en Madrid en 1966, es uno de los invitados a la Fiesta del libro y participará a partir de mañana de Medellín Negro, un congreso de escritores de novela negra que se extenderá hasta el próximo viernes en el Salón Humboldt del Jardín Botánico.

SEMANA: ¿Cuál es la diferencia, o hablamos de lo mismo, entre novela negra, thriller y novela policiaca?

Lorenzo Silva:
Siendo estrictos, hablamos de cosas diferentes. En la novela negra predomina la mirada al trasfondo social del crimen, en el thriller la pura intriga y la tensión de la narración y en la policial el enigma o el misterio acerca de la autoría y circunstancias del crimen. Pero yo diría que en la moderna literatura criminal esos tres elementos aparecen fusionados, no hay novelas químicamente puras, que prescindan de unos para afirmar de forma absoluta algún otro. Todos hemos leído de todo y somos deudores de ello.

SEMANA: Aunque en Colombia no se siente ese furor, ¿por qué se venden y se escriben tantas novelas negras?

L.S.:
Es una buena pregunta, sobre todo a escala mundial. Siempre ha sido un género atractivo para los lectores, porque tiene bazas para implicarlos y captar su atención desde la primera página, pero quizá en este momento, de cierta crisis de modelos a escala planetaria, necesitemos y apreciemos más una literatura que está habituada a indagar las zonas de conflicto, las grietas de las sociedades y las gentes.

SEMANA: ¿Cómo explicar que en un país en conflicto como Colombia, donde hay violencia urbana y rural, no se escriba mucha novela negra?

L.S.:
Quizá (hablo como extranjero, y eso me impone prudencia) porque está demasiado presente, porque no es posible tomar la distancia necesaria para literaturizar, que en cierto modo es siempre poetizar y abstraer.

SEMANA: País dónde también hay mucha corrupción...

L.S.:
La corrupción es un fenómeno literariamente interesante, y presente en todos los países, también el mío. Y digo que es interesante, desde el punto de vista de la novela negra, porque exige un relato que lo desvele y exponga, en su inmoralidad y sobre todo en su nocividad, para contrarrestar ese discurso soterrado y alternativo que propugna que con un poco de corrupción, y con las posibilidades que procura, una colectividad puede tomar ciertos atajos que al final convienen. Eso nunca es verdad. La corrupción es un juego perdedor, siempre, para los países que la practican y consienten.

SEMANA: Y en países nórdicos, con sociedades supuestamente perfectas, sí existen muchas historias de crimen…

L.S.:
Crímenes hay en todas partes, porque ningún país está exento de personas susceptibles a la codicia, el odio o el miedo, principales motores criminales. Aunque yo diría que la realidad que de los países nórdicos nos traen las novelas allí escritas es un poco exagerada. Son sociedades de baja criminalidad, mucho más baja que la que dan a entender esos libros, muy ficticios a veces. Y cito a un autor sueco y buen amigo, Jens Lapidus, que es además abogado criminalista en ejercicio en Estocolmo y sabe de qué habla.

SEMANA: Tal vez su novela más reconocida, por lo menos en Colombia, es El alquimista impaciente con la que comenzó la trilogía de la corrupción en la que nadie se salva, ni policías ni políticos. ¿Algún funcionario se puede sentir aludido?, ¿La novela negra es una forma de denuncia?

L.S.:
Los corruptos, los criminales en general, no suelen darse por aludidos, siempre piensan que se señala a otro y siempre, o casi siempre, creen tener una justificación particular. En su día se dijo que en cierto personaje retrataba a cierto alcalde entonces en ejercicio (cosa que por lo demás no era cierta) pero no hubo ninguna reacción por su parte. Y sí, creo que la novela negra sirve para denunciar, y si es buena para autodenunciarnos, como ciudadanos: en la medida en que practicamos, permitimos o no nos oponemos con la suficiente inteligencia y decisión a las conductas y actitudes que propician el crimen.

SEMANA: Entre tantas historias de asesinatos, ¿usted puede aventurarse a decir por qué el hombre decide matar?

L.S.:
Lo anticipaba antes: codicia de lo que no tiene, necesidad de suprimir lo que se odia o miedo a perder algo que se necesita o se ama. Por esas vías circulan, diría, el 99 por ciento de los homicidios. Luego quedan los locos, pero no son insensibles a esas motivaciones, sólo responden de forma más impulsiva a ellas.

SEMANA: De dónde brotan las historias de un escritor de novela negra. ¿De casos reales, de investigaciones o todo es producto de una gran imaginación?

L.S.:
Yo procuro partir siempre de conflictos reales (los imaginarios no me interesan) y en más de un caso analizo, también, crímenes concretos que se han cometido en mi país, donde se sitúan generalmente mis historias. A partir de ahí, ficciono, personajes e incluso circunstancias, para tener libertad y no andar atado por la fidelidad a unos hechos concretos o expuesto a que se ofenda, con o sin razón, alguna persona que se haya visto envuelta en actos delictivos.

SEMANA: Unos críticos ven en la novela negra un género menor, otros, como una aguda crítica social. ¿Qué opina?

L.S.:
Lo que ya dijo Raymond Chandler, hace muchos años: Depende de quien la escriba, y de lo que tenga dentro para escribir.

SEMANA: ¿Cómo debe ser una buena novela negra?

L.S.:
Original, amena, bien escrita. Como cualquier novela.

SEMANA: Los investigadores en las novelas suelen ser hombres solitarios, pero usted le puso al suyo, Rubén Bevilacqua, una mujer. ¿Cuál fue la razón?

L.S.:
Es un guardia civil, desde siempre los guardias civiles andan en parejas, y desde hace un cuarto de siglo la pareja puede ser una mujer, lo que me pareció mucho más interesante porque así podía reflejar una realidad reciente en mi país: el acceso de la mujer, de forma efectiva, a roles antiguamente masculinos, y más en particular roles que implican ejercicio de autoridad. La compañera de Bevilacqua, Chamorro, no es sólo una buena policía, también es una tipa que sabe ejercer responsablemente la autoridad que tiene.

SEMANA: El alquimista impaciente fue adaptada al cine, como otras tantas novelas negras. ¿Cree que el cine les sigue en paso en calidad y cantidad a las novelas?

L.S.:
No, no lo creo. Hay muy buenas películas, pero creo que hoy por hoy la diversidad y la calidad que aporta la literatura es inalcanzable para el cine. Y es comprensible: para hacer una novela basta con un bolígrafo y un cuaderno. Para hacer una película de bajo presupuesto, dos o tres millones de dólares.

SEMANA: Las historias negras están en el comic y ahora abundan en la televisión, como True Detective

L.S.:
Ahí creo que se han hecho cosas muy buenas e interesantes últimamente, las mejores The Wire y Breaking Bad, en mi opinión. True Detective es interesante pero por ratos demasiado pretenciosa y hambrienta de espectáculo, en mi parecer. Y la racha sigue, por ejemplo me impresionó la segunda temporada de The Bridge, una serie estadounidense donde el personaje más poderoso es un policía mexicano de Juárez interpretado además por un actor de esa nacionalidad. Un salto cualitativo muy significativo en el caso de una industria audiovisual que siempre privilegió el punto de vista de los suyos.

SEMANA: ¿Qué tanto le sirvió para escribir sus novelas haber sido abogado?

L.S.:
Digamos que me sirve para no cometer ciertos errores. Como el de pensar que son los policías los que hacen justicia, cuando eso, si se hace, que no siempre sucede, depende de que haya un Estado de Derecho efectivo y digno de ese nombre y es tarea que incumbe a los jueces.

SEMANA: ¿De tantos investigadores, de tantos policías, cuál es su favorito de la novela negra actual?

L.S.:
La pregunta es difícil. No sé si me quedaría con uno por encima de los demás. Me gusta Bernie Gunther, el policía alemán de Philip Kerr, socialdemócrata de corazón y oficial de las SS a su pesar. O Art Keller, el torturado y casi devastado agente de la DEA de Don Winslow. Y me resulta simpático el detective tarado de Eduardo Mendoza, que ha sabido buscarle a la novela negra la vuelta humorística.

SEMANA: ¿Para qué sirven eventos como Getafe Negro, Barcelona Negra o Medellín Negro, evento al que usted ha sido invitado?

L.S.:
Para compartir, para conocer, para celebrar que somos muchos haciendo cosas diversas y siempre recíprocamente enriquecedoras. Y en particular, en el caso de los festivales de países que hablamos español, para construir esa Hispanidad efectiva, ese territorio de la Mancha que decía Fuentes, que no se hace de discursos vanos en cumbres iberoamericanas, sino de la circulación efectiva de ideas e historias, un flujo que los gobiernos deberían favorecer levantando y no poniendo trabas, por ejemplo, a la circulación de los libros escritos en español, que no es fácil que lleguen, hoy, de un país a otro.

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