Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/02/21 00:00

Los 100 años de “La Diva”

El mundo conmemoró el centenario del estreno de Tosca, uno de los pilares indispensables del repertorio lírico.

Los 100 años de “La Diva”

Cosa curiosa, pero la celebración del centenario del estreno de Tosca, la ópera de Puccini, uno de los títulos indispensables en el repertorio de cualquier casa lírica que se respete, tuvo algunos de los ingredientes de la noche del estreno en el teatro Costanzi, hoy la Opera de Roma: asistencia de luminarias, muchos aplausos y al final una fría acogida de la crítica de diferentes lugares del mundo.

En 1900 hubo, claro, una enorme expectativa. Por el título mismo que en la versión teatral del original de Sardou fue un suceso europeo con la legendaria interpretación de Sarah Bernhardt. Por el prestigio de Puccini como compositor, y por la presencia de la reina de Italia en la sala. Sin embargo todo se fue al traste porque 15 minutos antes de alzar el telón corrió el rumor de que habría un atentado en el teatro. En esas condiciones nadie en el elenco logró hacer justicia a la creación de Puccini.

Ahora, para el centenario, no hubo amenaza de atentado. Entre el público se contó con la presencia de Simonetta Puccini, nieta del compositor; la actriz Gina Lollobrigida, los decorados y el vestuario de Franco Zeffirelli, Luciano Pavarotti en el rol protagonista y Plácido Domingo dirigiendo la orquesta. Claro, ante tales luminarias el público no escatimó aplausos. Pero la acogida de la crítica fue tan fría como la de la noche del estreno hace 100 años. Domingo, ingenuamente, dio la clave mientras firmaba autógrafos al final de la función: “Ha sido fantástico, un privilegio poder estar aquí. No fue necesario ensayar mucho, todo salió bien”.

Y eso fue lo que censuró la crítica del periódico Corriere della Sera de Milán, uno de los más leídos en Italia: “Aquí todos están cumpliendo su deber, se nota que ha sido ensayada pocas veces, fue una Tosca dogmática”. Lo que en otras palabras significa que la apretada agenda de las grandes estrellas, que aparecen en escena prácticamente sin ensayos, confiando los resultados a su talento, carisma y también la supuesta ignorancia del público, echó al traste el esperado centenario.

Hasta aquí las casualidades, porque en 1900, a la noche siguiente, disipada la amenaza de atentado, Tosca inició una carrera por fuera de cualquier sombra de duda. Hoy hay quienes creen —como Norman Lebrecht— que la ligereza de las grandes estrellas puede, con el tiempo, llevar a la ruina no el centenario de Tosca sino la supervivencia misma del espectáculo.

Tosca ha conocido el éxito, lo que se entiende. Primero por la teatralidad del argumento, que recrea la Roma de 1800 durante la jornada que va de la mañana del 15 al amanecer del 16 de junio de 1800, durante la ocupación del emperador Napoleón Bonaparte. Mezcla las angustias generadas por los celos de Floria Tosca, una célebre prima donna enamorada del pintor volteriano Mario Cavaradossi, la pasión que por ella siente el barón Scarpia, jefe de la policía romana, y el desgraciado equívoco generado en la falsa noticia de la derrota de Napoleón en Marengo el 14 de junio; todo bañado de una música en los terrenos mismos del melodrama, un Giacomo Puccini en su mejor vena de inspiración, que dejó momentos magistrales como el esplendoroso Te Deum que cierra el primer acto, la escena de la tortura en el Palazzo Farnesse, y tres arias que son pieza obligada de los divos: Vissi d’arte que interpreta Tosca, y dos para el tenor, Recondita armonia y Lucevan le Stelle, caballitos de batalla de Domingo y Pavarotti en sus conciertos multitudinarios de los mundiales de fútbol...

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