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| 12/3/1990 12:00:00 AM

LOS AÑOS DORADOS

Con Beatriz González, la Universidad Nacional muestra la faceta del artista que cuestiona la realidad del país.

No es casual que la Universidad Nacional haya escogido de Beatriz González precisamente su producción durante la última década para la exposición que presenta actualmente en el Museo de Arte de la Ciudad Universitaria. No es casual, porque no se trata simplemente de una retrospectiva de diez años de trabajo.
Lo más importante es que la que podria llamarse la "segunda etapa" de su obra coincide con este periodo.
Durante los 80 la artista santandereana logró reciclar las principales tendencias que había cultivado en su carrera.
Al iniciar el recorrido por el gran salón de la Nacional, lo primero que salta a la vista es su "Televisor en color" con la imagen de Turbay. Con esta pieza quedó sellada definitivamente su inclinación por plasmar obras de arte en muebles viejos. Pero, al mismo tiempo, con este aparato le dio paso a su hoy reconocida modalidad de seguir muy de cerca los pasos de los presidentes de la República. Asi mismo, su versión del Guernica de Picasso -donado, por cierto, a la Universidad-, titulado "Mural para fábrica socialista", constituye la última variación sobre una obra maestra del arte universal, lo cual fue también una constante en sus años anteriores.
Durante la década de los 80 Beatriz González se convirtió en la pintora de los presidentes, con la excusa de ocupar un papel similar al que abordaron en otros tiempos los artistas al servicio de reyes y emperadores. Con una salvedad: no le interesaba mostrar la figura del gobernante con un halo de grandeza para convertirlo en el ser más admirado del pueblo. Por el contrario, asumió su papel, sin permiso previo, y tomó una posición critica. Así, aparecen Turbay y Betancur, Lleras y Barco, y sus militares de cabecera, con la sonrisa del poder. Beatriz González los utiliza no como un objeto de burla -aunque la ironia es innegable sino como el prototipo de la decandencia, en unas ocasiones, o de la inconsecuencia, en otras.
En este tema, como en el de los deportistas glorificados o en el de las desgracias retoma algo de su época de suicidas y asesinados González ha realizado una considerable variación en su técnica. Parte, como antes, de la reporteria gráfica, pero ya no se basa de manera exclusiva en una fotografia del momento clave, sino que arma una especie de colage de varias placas, varia el entorno, juega con los gestos y arma su propio momento. Un momento inexistible en el tiempo, pero de viva simbología.
En el centro del salón aparecen sus totems, realizados con base en materas que llevan la figura del indigena. O las llantas de parque de diversiones, pintadas en colores vivos, y un ángel que protege a los bachilleres. Beatriz González ha querido examinar el sentir de un pueblo. Se ha colocado al nivel de los presidentes, es cierto, pero también al de los electores que finalmente no tienen ni voz ni voto. Su propósito es examinar la realidad nacional desde diversos ángulos.
La retrospectiva del Museo de Arte de la Universidad Nacional presenta otra sorpresa: la artista ha vuelto a pintar al óleo. Lo habia abandonado a finales de los 60. Ahora lo retoma para tratar temas típicos de su repertorio pero lo convierte en la excusa para salir de sus primeros planos y lograr, a través de diagonales, una imagen de profundidad. En su "Altar", inspirado en el Cuzco, aparecen deidades reales e imaginarias de la actualidad en diversos planos.
Los dioses de siempre, al fondo. Los que se han convertido en mitos de la actualidad, como René Higuita, en primer plano.
Beatriz Gonzales es con seguridad, una de las artistas que se ha ocupado de una manera más firme del acontecer del pais. Podria decirse que es una artista-periodista. Por su forma de trabajar, con base en la reportería, y por su espiritu crítico. Con ella, el Museo de la Nacional parece proponer a las nuevas generaciones no permanecer al margen de los sucesos que cada dia se convierten en noticia. Eso es Beatriz González, la noticia dentro del arte.
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