Viernes, 24 de febrero de 2017

| 1984/09/17 00:00

LOS CAZADORES DEL ARCA PERDIDA

El gobierno y los cineastas buscan fórmulas para solucionar la crisis por la que atraviesa el cine colombiano

LOS CAZADORES DEL ARCA PERDIDA

Si el principal problema de la mayoría de institutos del Estado parece consistir en la actualidad en la falta de fondos, las cosas parecen funcionar al revés en FOCINE, la Compañía de Fomento Cinematográfico. Allí el principal problema parece ser, paradójicamente, el de tener dinero.
Después de un debate de varios meses, promovido por el representante Alfonso Rentería, en el cual se acusaba a la entidad de toda suerte de irregularidades, la controversia pareció agudizarse con la publicación que hizo la Unidad Investigativa de El Tiempo de un resúmen de los resultados de una investigación que había adelantando la Contraloría. A primera vista, éstos corroboraban la impresión que tenía la opinión pública de que algo andaba mal en FOCINE: además de una cartera morosa que ascendia a cerca de las dos terceras partes de los 272 millones de pesos en créditos otorgados a diciembre de 1983, el documento señalaba "manga ancha" en los términos financieros de los créditos, así como negligencia y ligereza jurídica en el otorgamiento de los mismos.
La respuesta de los cineastas no se hizo esperar. En rueda de prensa en el diario El Tiempo, calificaron el documento de "inexacto y amañado", defendieron sus casos personales y acusaron a la Contraloría de desconocer las facultades legales de la Junta Directiva de FOCINE y la realidad del cine colombiano.
Aunque "amañado" podia resultar un calificativo exagerado, la verdad era que el documento contenía inexactitudes y reflejaba más la forma del problema que el fondo.
La realidad simple y llana era la de que una entidad sin ninguna tradición administrativa se habia dedicado a prestarle dinero a una industria con prácticamente ninguna trayectoría. En este mutuo proceso de aprendizaje y acople se actuó con criterio experimental ante la relativa indiferencia tanto del gobierno como de la opinión pública. Hoy, 5 años después, mal que bien existe el cine colombiano, pero detrás han quedado los platos rotos. Como consecuencia de las fallas, se ha desembocado en una rígida vigilancia del Estado a través del control previo por parte de la Contraloría.
Con el nombramiento de Marino Tadeo Henao, actual gerente de la entidad, FOCINE ingresó en una nueva etapa. Un hombre sin experiencia en cine, pero experto en administración pública, Henao comenzó a sentar las pautas para organizar en forma racional el funcionamiento de la entidad, lo que se ha venido adelantando con empeño. Recientemente, el Presidente de la República decidió meter mano en el problema buscando una evaluación independiente del asunto, para lo cual fue traído de Nueva York el actual cónsul, Guillermo Angulo, cineasta de vieja data e íntimo amigo del primer mandatario.
Angulo permaneció 15 días en Bogotá y preparó un documento conocido por los entendidos como el "documento del Maestro Angulo", de 25 páginas de extensión que ha dejado mucha tela qué cortar. Sensato en términos generales, el documento cubre la industria del cine colombiano, desde aspectos técnicos y de distribución como la necesidad de reforzar el control de taquilla, la apertura de mercados internacionales y la asistencia a festivales, hasta aspectos económicos como el de la cartera vencida de FOCINE. Frente a ella se propone una especie de condonación de la deuda, con la posibilidad de sanearla mediante la entrega de los negativos de las películas y cancelando simbólicamente el saldo, mediante servicios que los cineastas le prestarían a FOCINE. La innovación del documento consiste en la propuesta de lo que en el mismo se califica como el "método de la escalera", que contempla un ascenso escalafonado, desde la realización de cuñas de TV, hasta la de largometrajes. Calificado como "rígido y escuelero" por el gremio cinematográfico, esta propuesta ha sido objeto de múltiples reservas, básicamente porque quien pudiera salir rajado de la prueba de hacer una cuña de TV, no tendría la posibilidad de acceder a la industria cinematográfica, además de que se crea una peligrosa equivalencia entre la publicidad y el cine.
Simultáneamente fue preparado otro documento firmado por 82 representantes del gremio y cuatro asociaciones cinematográficas que, dirigido a la ministra de Comunicaciones, también presentaba propuestas relacionadas con las posibilidades de la industria del cine nacional.
Estos dos documentos sirvieron de base para la mesa redonda que la semana pasada se realizó en las oficinas del ministerio de Comunicaciones y que permitió que entre la Ministra y los cinematografistas se lograran puntos de acuerdo para elaborar lo que parece perfilarse como una nueva y más coherente política cinematográfica. Las ideas básicas sobre las cuales se trabajó fueron las siguientes:
a) Se le dará prioridad al cumplimiento a la resolución de sobreprecio de 1972, por medio de la cual al productor de un cortometraje le corresponde el 50% del producido del mismo. En la actualidad se ha venido generalizando la práctica de la compra a precio fijo que violaba el espíritu de la norma. Este mercado representa alrededor de 600 millones de pesos al año y se intentará centralizar el recaudo del mismo en manos de FOCINE y no de los distribuidores particulares.
b) Se implantará la modalidad de producción delegada para independizar la producción ejecutiva de una película tanto de FOCINE como del director de la misma. Esto con el objeto de combinar el criterio gerencial con el criterio artistico que era el que había primado en el pasado. En esta forma se le dará a los directores de cine una infraestructura administrativa de apoyo en su labor, relevándolos de los menesteres administrativos que antes recaían directamente sobre ellos. La producción delegada se contratará con compañías especializadas en ese campo.
c) Se destinará una parte de los recursos de FOCINE a la producción de películas de televisión realizadas por cineastas en las horas que son propiedad del Estado. Esto tiene por objeto garantizar cierta regularidad en el empleo del gremio cinematográfico, con miras a disminuir los costos de producción de largometrajes ajustándolos más a las realidades del mercado nacional. No habrá subvenciones de FOCINE a las programadoras de televisión como se había rumorado en el pasado.
d) Se incentivará las coproducciones internacionales dados los beneficios que éstas aportan en términos de rentabilidad, experiencia y divisas.
e) Se saneará la cartera FOCINE mediante el recibo de los negativos por parte de la entidad, obligando a los productores o directores a pagar los saldos a través de trabajos realizados por ellos para FOCINE.
El estudio de estas medidas parece indicar un reconocimiento por parte del Estado de que el cine colombiano ha pasado de su etapa embriónica, que no pocos dolores de cabeza causó, a una etapa intermedia que debe ser administrativa con criterios menos experimentales de los que han sido aplicados en el pasado. Teniendo en cuenta la susceptibilidad de la opinión pública, los cinematografistas se están jugando su última carta en esta nueva etapa. El veredicto final quedará en manos del público, en las salas de los cines, que hasta ahora los ha rajado.

HABLA EL GERENTE DE FOCINE
En torno al diagnóstico elaborado por el maestro Guillermo Angulo sobre las posibilidades del cine nacional, y teniendo en cuenta que en el caso de ser adoptadas sus propuestas, sería el actual gerente de FOCINE, Marino Tadeo Henao, a quien le tocaría ejecutarlas, SEMANA lo entrevistó para conocer su opinión al respecto.

SEMANA: ¿ Qué opinión le merece el llamado "documento del maestro Angulo "?
MARINO TADEO HENAO: El documento puede dividirse en tres partes. En una de ellas se recomienda la apertura de mercados, el control de taquilla, la asistencia a festivales y otras cosas en las cuales todos estamos de acuerdo. Sobre las otras dos partes tengo reservas.
S.: ¿Cuáles serfan esas reservas?
M.T.H.: El documento descarta la posibilidad de que FOCINE sea productor cinematográfico directo. Soy consciente de que el primer experimento, la película "Caín", resultó muy costoso. También creo que se corre el riesgo de burocratizar la producción, y sabemos que el Estado no lo ha hecho bien como empresario en campos más sencillos que el del cine.
Pero la producción directa se diseñó como una solución de emergencia en una coyuntura muy difícil: la recesión y parálisis del sector. Yo no la adopté, porque "Caín" se hizo antes de que yo llegara. Pero cuando asumi la gerencia de FOCINE, aunque me percataba de los problemas que la producción directa implica, consideré que debía mantenerse transitoriamente, mientras se creaban las condiciones objetivas que permitieran a los productores particulares entrar nuevamente a producir. Además, no me parece plausible que el Estado varíe de políticas cada cuatro meses en cuestiones tan sustanciales como ésta, luego de haber generado tantas expectativas a su alrededor.
S.: ¿Encuentra factibles las soluciones propuestas para la cartera de FOCINE?
M.T.H.: En el informe en cuestión lo único que parece claro es la solución de los créditos especiales: a esos se les recibiría el negativo como forma de pago. Sobre los demás créditos no hay concepto claro, y constituyen la mayoría de la cartera. Yo no puedo darle una solución privilegiada a un grupo minoritario.
S.: ¿Sobre el "sistema de escalera ", qué opina?
M.T.H.: También tengo reservas.
Supone que la experiencia como director cinematográfico debe empezar por la preparación de una cuña publicitarla...
S.: ¿Considera factible la propuesta de que FOCINE se dedique a hacer documentales ecológicos a través de los nombres que propone el maestro Angulo ?
M.T.H.: Mientras yo esté en FOCINE, éso no se hará, porque si lo que queremos es crear un frente nacional cinematográfico, nos quedaron faltando dos o tres personas.
S.: Entre la multitud de propuestas que circulan para organizar a FOCINE y salvar el cine nacional, ¿hay algún denominador común? M. T.H.: Curiosamente, y aunque a partir de premisa y caminos distintos, estas propuestas conducen a dos conclusiones idénticas: primero, que el instrumento crediticio es insuficiente para una política estatal de fomento al sector cinematográfico y que el Estado tiene que definir un proyecto económico global para el desarrollo de la producción audiovisual en Colombia. Y segundo, que debemos replantearnos el modo de producción en materia de cine, para que a través de repetir modelos o patrones inadecuados, no vayamos renunciando paulatinamente a la posibilidad de hacer cine en Colombia.
S.: ¿Qué puede decir del informe de Contraloría sobre supuestas irregularidades en FOCINE?
M. T.H.: No me corresponde calificar la gestión de las administraciones que me precedieron, ni puedo calificar a quienes me fiscalizan en la Contraloría. Pero es verdad que la política estatal de fomento cinematográfico ha sido francamente insuficiente y se ha limitado a operar con el más fácil de los medios de fomento, que es el otorgamiento de créditos. Y también me parece que en su informe, la Contraloría entra a hacer valoraciones que le corresponden a la administración y no a la fiscalización cuando se refiere a las garantías que a su juicio debieran tener los créditos, o al otorgamiento de prórrogas, ampliaciones o períodos de gracia, que corresponden a una valoración típicamente administrativa que la junta directiva de FOCINE perfectamente podía hacer.

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