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| 6/2/2017 9:23:00 AM

Las amenazas que enfrentan los centros históricos más bellos de América Latina

La recuperación de los centros históricos obliga a pensar en el vínculo de la gente con los espacios. Si bien Colombia fue modelo en la valoración de sus ciudades antiguas en el pasado, hoy otras capitales son ejemplo de restauración patrimonial.

Por: Juliana Duque Patiño

Entre 1959 y 1963 los primeros centros municipales colombianos fueron declarados Bienes de Interés Cultural de la Nación. En los años ochenta Cartagena se consagró como ícono latinoamericano gracias a la restauración de su ciudad amurallada, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984.

A la lista de la organización internacional se unieron los centros históricos de Ciudad de México en 1987 y Lima en 1991. Por muchos años, Bogotá quedó en la sombra, hasta que la creación de los planes especiales de manejo y protección (PEMP) en 2005 despertó un nuevo interés por su recuperación.

El PEMP del centro de Bogotá está a cargo del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, cuyo director, el arquitecto Mauricio Uribe, opina que los centros históricos no pueden convertirse en piezas de museo: “Hoy reconocemos las dinámicas urbanas, la identidad de los residentes y las tradiciones. El patrimonio material es el contenedor del inmaterial”.

Según Uribe, “los procesos en Quito funcionaron porque tuvieron en cuenta a la gente. En cambio, fue algo que no hizo Cartagena. Gran parte de su centro ya no lo habitan cartageneros”. Por eso, una de las estrategias para la recuperación del centro histórico de Bogotá es aumentar su número de habitantes, que en la actualidad es de 153.000. Lo ideal para Uribe es que haya 1 millón: “Estamos avanzando en grandes proyectos arquitectónicos de inversión privada y pública. En 15 años, el centro va a ser el mejor vividero de Bogotá”, señala.

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México patrimonial

Hace 30 años el centro histórico de la Ciudad de México fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. “Nuestro centro no estaba en muy buenas condiciones. La declaratoria generó un impulso. En 1990 se creó la institución que empezó a gestionar las obras y servicios orientados a recuperar el patrimonio”, comenta Martha Jarquín, coordinadora de acciones de gobierno de la Autoridad del Centro Histórico de México.

Los retos no terminan allí. La enfermedad del centro histórico de Ciudad de México es el despoblamiento: aquí viven apenas 40.000 personas. Esta cifra, enfrentada a los 2 millones de población flotante los fines de semana, demuestra un desequilibrio que repercute en temas como la seguridad. “Entendemos que buena parte de la solución está en la habitabilidad. Nos interesa mejorar las condiciones internas y externas para el beneficio de los que ya viven y para atraer a nuevos pobladores”, asegura Jarquín.
La inversión pública y privada para el rescate y la preservación de las más de 900 hectáreas de este centro histórico ha superado los 1.200 millones de dólares desde 2007.

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Lima virreinal

En 1991, la Unesco incorporó el 40 por ciento del centro histórico de Lima a su listado de Patrimonios Culturales de la Humanidad. En esta área de 240 hectáreas se encuentra el Convento Grande de San Francisco –el monumento religioso más importante de Suramérica– y otros 7.000 inmuebles representativos de la historia virreinal y republicana del continente.

Luis Martín Bogdanovich, gerente del Programa Municipal para la Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima), considera que se debe defender el valor arquitectónico a toda costa: “Si no fuese por lo monumental estaríamos hablando de cualquier otro barrio. La Constitución señala que tanto el Estado como los habitantes de esta zona tienen la obligación de proteger el patrimonio”.

Concentrados en preservar el perfil urbano de su centro, Bogdanovich y Prolima ven en el comercio masivo una de las mayores amenazas. “Los almacenes están prohibidos en ciertas zonas del centro histórico. La razón es que las estructuras de barro, madera y de telar de quincha son alteradas por los comerciantes para exhibir su mercancía, y les ponen sobrepeso y promueven una serie de dinámicas que desfavorecen las características del centro”.

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Quito y La Habana

El centro histórico de la capital ecuatoriana, de 320 hectáreas, fue el primero del mundo en ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1978. Para avanzar en su proceso de rehabilitación, en 1995 la ciudad estableció un convenio con el Banco Interamericano de Desarrollo, que le dio un crédito por 41 millones de dólares.

Por su parte, La Habana Vieja comprende 214 hectáreas habitadas por 66.750 personas, y fue añadida al listado de la Unesco en 1982. “Se conservó porque durante muchos años se frenó la actividad constructora en Cuba. Hoy tiene un patrimonio intacto. Cuenta además con la Oficina del Historiador, que es un ejemplo de institución dedicada a estos fines”, opina Uribe, del IDPC.

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