Sábado, 21 de enero de 2017

| 1986/12/29 00:00

LOS "CHUPASANGRE"

Los cronistas policiacos, una de las más extrañas sectas del periodismo

LOS "CHUPASANGRE"

Vive untado de sangre y no es médico, vive al lado de los criminales más peligrosos, no es policía, tiene que levantarse a cualquier hora de la madrugada, y no es cura. Su profesión: cronista judicial una de las ramas más peligrosas y espeluznantes de los medios de comunicación, donde hay que vivir pendiente de cada puñalada, de cada disparo, y donde hay que familiarizarse con lo que tanto se teme: la muerte.

Miles son los casos macabros que han tenido que resistir los cronistas judiciales, que por carambola de la vida terminaron dedicando cada minuto del día al dolor ajeno, y que por fuerza mayor se han vuelto inmunes a las balas y a los cuchillos. El periodismo judicial ha existido en Colombia desde que existen medios de comunicación, porque se trata de un aspecto más de la vida, pero con el paso del tiempo este tipo de noticia ha adquirido otro matiz en algunos medios, como ocurrió en el periódico El Tiempo, de Bogotá, en El Heraldo de Barranquilla, y en la Cadena Caracol, donde se hizo un divorcio entre la parte judicial y la policiaca. Esto no sucede en provincia. El mismo periodista que cubre los asesinatos, los atracos y las muertes, cubre también la crónica política, la reunión social y la baja en los precios del café, pero curiosamente, las noticias que tienen mayor acogida y que más interesan a la gente (en provincia) son aquellas donde la sangre ocupa un papel primordial .

GOLES ROJOS
Guillermo Franco, cronista judicial y policiaco de la Cadena Caracol, Bogotá, hizo sus primeros pinos periodisticos hace 27 años, analizando los goles, y narrando detalladamente cada pinchazo en la Vuelta a Colombia. En una combinación extraña con la sección judicial, dedicaba unas horas a la semana a investigar los casos scabrosos que sucedían en la capital "...porque yo era una de las pocas personas que podía enfrentar esos casos sin nerviosismo, y además me gustaba ese trabajo cuando casi todos mis compañeros le sacaban el cuerpo por tralarse de muertes y asesinatos".
Con el paso del tiempo, la reportería judicial ha adquirido otros matices afirma Guillermo Franco a SEMANA, "pero, definitivamente, yo me siento muy reportero y sobre todo cronista de casos policiacos".

Las historias que cuenta son infinitas y de cada una de ellas, Franco guarda "cariñosamente" un recuerdito, señalando una a una las cajitas plásticas que tiene pegadas en el vidrio frente a su escritorio, va recordando: "Este es el retazo del saco de una muchacha que una vez se lanzó por el Salto del Tequendama. Cuando llegué al lugar de la tragedia, le encontré que en un chamizo, cerca al lugar que la niña había escogido para lanzarse, estaba enredada esta lana.
Recogí la muestra sin saber exactamente de qué se trataba, y cuando vi el cadáver me di cuenta de que formaba parte del saco que llevaba puesto.
Lo guardé de recuerdo. Esta cajita, que tengo allí--señala con el dedo- guarda los huesos de una mano de algún muerto en la tragedia del Palacio de Justicia, y esto es una muestra de arena que tuvo a bien botar el Nevado del Ruiz...". Pero Franco ha llegado a ser tan conocido en el medio policiaco, que no solamente sirve para destacar las noticias que diariamente suceden en la capital, sino que ha servido de mediador entre el gobierno y grupos que se sublevan, como en el caso de los presos de la Cárcel Modelo. "En esa ocasión--explica a SEMANA Juan Darío Lara jefe de redacción de la planta de Caracol--, los presos se subieron a los techos y gritaban toda clase de consignas, destruyeron las instalaciones, pero lo más grave es que no querían negociar con el director de la prisión.
Anunciaron que con la única persona que querían negociar para que sirviera de mediador entre ellos y el gobierno, era con Guillermo Franco.
Efectivamente, así se hizo y aunque el caso no tuvo un final muy feliz, todo se solucionó".

La experiencia que adquiere un cronista judicial es impresionante, afirma Ismael Enrique Arenas, jefe de la sección judicial y policiaca del periódico El Tiempo hace más de 40 años, y quien fue maestro de Franco.
"Generalmente, la mayoría de los muchachos que empiezan a desempeñarse en la labor periodística, pasan por esta sección. Aquí lo que más vale es el amor por el trabajo, dejando a un lado cualquier interés laboral, por que un cronista judicial o policiaco --sobre todo el último--no puede estar limitado a horarios, a lugares ni a que una cosa le impresiona o haga sentir mal, porque en este trabajo no hay disculpa que valga, por eso, el valor masculino es casi una condición para desempeñar este trabajo".

NO A LAS FALDAS
Curiosamente, en ningún medio las mujeres se dedican a lo policiaco. Ismael Enrique Arenas dice a SEMANA que uno de los pocos casos pasó por su sección. "Se llama Nidia Tobón, quien más tarde resultó relacionada con el caso de "El Chacal".
Ella fue una magnífica colaboradora de judiciales, en muchas ocasiones le tocaba ayudar a cubrir los casos más dramáticos y sangrientos. Creo que llegó a familiarizarse con la sangre hasta que se curtió, y grande fue la sorpresa cuando en alguna oportunidad se volvió protagonista de la noticia, con "El Chacal". De hacerla pasó a formar parte de ella. Tal vez es la única mujer que recuerdo. Y entiendo que no resistan el trote que se lleva aquí porque es una modalidad periodística para hombres", afirmó Arenas a SEMANA.

El agente Palacios, de la Estación Cien en Bogotá, afirma que "las mujeres se ponen a llorar cuando ven sangre, y cuando eso no sucede, llegan al lugar del hecho y se ponen a mover cuanta cosa encuentran y dañan toda la investigación. Para realizar ese trabajo hay que tener sangre fría, el muerto no lo puede impresionar". Y Franco está completamente de acuerdo: "La única mujer que he conocido que logra desempeñar esta labor sin que sufra una transformación drástica, es Mónica Rodríguez, aunque esto es una gran excepción porque la mayoría de los hombres no resiste trabajar con muertes y fatalidades".
Pero hay casos de casos. Manuel Pérez, periodista encargado en El Heraldo de Barranquilla, de cubrir la crónica policiaca resultó por su aspecto y su fornia de ser, el personaje perfecto para protagonizar el papel de un mercenario, "Hombre Tos", en la película inglesa "La misión". Gaspito, como cariñosamente lo llaman en su pueblo, tiene los rasgos clásicos de nuestro indígena, con la única diferencia de que es calvo y se dedica diariamente a llenar cuartillas con casos sangrientos, como fue su muerte en la cinta, donde es apuñalado por el personaje principal. "Barranquilla es una ciudad muy calmada--explica a SEMANA Ricardo Rocha, jefe de redacción de El Heraldo--, y cuando se presenta un caso dramático como el del "Siete Mujeres", (protagonista de una telenovela que fue recientemente asesinado), es cuando Pérez entra en acción".

En cualquier caso, esta es una de las especialidades más difíciles del periodismo. El periodista que se dedica a cubrir la crónica roja es algo insensible y duro, difícil de impresionar y sobre todo, no le tiene miedo a las amenazas, los anónimos y mucho menos a la sangre que tiene que ver casi a diario. Llega a desempeñar el trabajo como algo tan cotidiano, que en el momento en el que tiene una "chiva", la maneja casi con frivolidad.

"¡Sangre, sangre, sangre!", es como Guillermo Franco da a entender que tiene algo bueno, y aunque sus compañeros se impresionan, pero se ríen, él explica que "es la única forma de no hacer tan trágico lo que es trágico. Pero con esto, en ningún momento me burlo del dolor ajeno. Al contrario, lo respeto y lo entiendo, pero ese es mi trabajo y me gusta". --

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