Lunes, 16 de enero de 2017

| 1983/07/18 00:00

LOS CONFINES DE LA TIRA COMICA

¿Quién no recuerda a este par de famosos niños sádicos, pero quién evoca, en cambio, a su creador?

LOS CONFINES DE LA TIRA COMICA

De los remotos años de la infancia surge la primera impresión de un gran libro alemán con un par de muchachitos, rubio y moreno, que por sus acciones se veía que eran muy traviesos. Y también de la infancia y gracias a la excelente revista para niños "Pinocho", publicada por la mitológica editorial Saturnino Calleja, se conoció a los famosos "Katzenjammer Kids", dinámica estilización de Max y Moritz, los muchachitos alemanes del libro grande. Nada se sabía aún del estrecho parentesco entre los hermanitos que hacían toda clase de diabluras en Alemania y sus correspondientes que las practicaban hasta el límite del sadismo en los Estados Unidos.
Max y Moritz fue creación de un genial caricaturista y pintor, Wilhelm Busch (1832-1908), que el año pasado cumplió 150 años de nacimiento, conmemoración ignorada por los aficionados a la tira cómica, que tanto debe al maestro alemán por haber inspirado la historieta gráfica más antigua del género. Busch será recordado sobre todo por su dibujos humorísticos, olvidando al hábil pintor que alternaba la expresión académica correspondiente a su tiempo, con cierto neoimpresionista de ascendencia Franz Hals, pero dibujante ante todo; sus diseños preparatorios de cuadros, son una maravilla de gracia gráfica.
A fines del siglo pasado los padres de William Hearst, futuro soberano de parte de la prensa norteamericana (el Kane de "El ciudadano" de Orson Welles), lo llevaron a Alemania, donde consiguió algunos cuadernos con las aventuras de Max y Moritz,que le gustaron mucho. Aunque Hearst no tenga buena imagen por su delirante reaccionarismo, los interesados en tiras cómicas siempre tendrán que agradecerle su interés por el género que ayudó a popularízar en sus periódicos. No se trataba de copiar el modelo alemán de Max y Moritz, sino de adaptarlo al dinamismo, a la agresividad norteamericana, lo que se propuso Hearst al ordenar a algunos de los directivos de sus periódicos que encontraran a alguien que fuera capaz de esa adaptación, escogiéndose al dibujante Rudolph Dirks, que ya había incursionado por los lados de la tira cómica. El resultado fue los "Katzenjammer Kids" que se inicia en 1898, permaneciendo desde esos años a través de diferentes dibujantes, la única tira que en pocos años llegará a centenaria. A propósito de las "Katzenjammer", es famoso el pleito que a principios del presente siglo se inició sobre la propiedad artistíca de la historieta, que se resolvió salomónicamente entre su creador Rudolph Dirks y otro gran dibujante: H.H. Knerr.
Los originales Max y Moritz de Wilhelm Busch, después de una serie de picardías no muy desastrosas, terminan trágicamente convertidos en bolitas de harina engullidas por dos gansos que se ven gordísimos a costa de los pobres muchachitos. Sería el momento de comentar algo sobre la moralidad alemana que ni en broma gráfica permite que los dos culpables queden sin castigo. De Max y Moritz, el botánico Padre Pérez Arbeláez hizo una traducción muy bien editada hace algunos años y que merece la reedición con el fin de popularizar personajes de la pre-tira cómica, tan famosos como Max y Moritz.
En cambio, a los "Katzenjammer Kids", (que cambian de nombre de acuerdo con épocas y paisajes: "La tormenta y el ciclón" o "Hazañas de Tin y Ton" , "Los Cebollitas" , "Los sobrinos del Capitán", "Aventuras de dos pilluelos", etc, etc,), nunca se les administró en sus 90 años de vida un castigo ejemplar, como a sus homólogos alemanes, fuera de las terribles azotainas administradas por el Capitán, el Inspector, un admirable reyezuelo africano caníbal, un pirata con pata de palo y otros enérgicos personajes encarnizados en las posaderas de Hans y Fritz (así llaman en los Estados Unidos a los homónimos de Max y Moritz).
Con el tiempo, se aprendió a distinguir las cualidades de los dos célebres dibujantes de los Katzenjammer: su creador Rudolph Dirks por la acción de la historieta, acción al galope de una ilustración correspondiente, y a H. H.Knerr, por la calidad de su dibujo que de pronto tiene algunas reminiscencias del de su ilustre antepasado Wilhelm Busch. Pero los dos dibujantes coinciden en la ferocidad, a veces alucinante, de ese par de niños sádicos que nunca vacilaron en inventar las bromas más sangrientas a sus fugaces enemigos o a los que juzgaran peligrosos por ejercer alguna autoridad que impidiera la libre acción de sus violentas pilatunas. Tan bellamente expuestas sobre todo en la época dorada de la tira cómica-"cómica", los 1920 antes de la equívoca aparición de los "super-héroes", acción gráfica comunicada hasta el último detalle del pequeño cuadro de la historieta. Wilhelm Busch murió en 1908, cuando los Katzenjammer tenían por lo menos 10 años de aparición; es posible que el "abuelo" hubiera reconocido a sus terribles "nietos" y hasta reído con su cara bondadosa de viejo alemán que se ve en sus autorretratos, cara múltiple, de dibujante satírico, de poeta pesimista, de agradable pintor, del admirado Wilhelm Busch

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