Domingo, 22 de enero de 2017

| 2005/03/20 00:00

Los coristas

El primer largometraje firmado por el músico Christophe Barratier es una obra autobiográfica que apela a nuestro sentimentalismo.

El profesor Clément Mathieu llega a un internado en las afueras de París sin imaginar que transformará las vidas de sus estudiantes.

Título original: Les Choristes
Año de producción:2004
Director:Christophe Barratier
Actores:Gerard Jugnot, Francois Berléand, Jean-Baptiste Mauniér, Jacques Perrin, Kad Merad, Marie Bunel, Philippe Du Janerand, Jean-Paul Bonnaire, Maxence Perrin.

Con momentos, melodías y personajes hechos a la medida de nuestro sentimentalismo, llega a los cines de Colombia (primero a los de Bogotá, que no es lo mismo) la película francesa más taquillera del año pasado. Hasta hoy, domingo 20 de marzo de 2005, la han visto un poco más de 20 millones de personas en el mundo. Estas son las tres razones más evidentes de su éxito: primero, es uno de esos largometrajes nostálgicos, cargados de seres simpáticos que nos hacen sentir bien de ser como somos; segundo, vuelve a contarnos un episodio que sabemos de memoria (los productores de cine saben una cosa de nosotros: que seguimos siendo los niños que les pedían a sus papás que les volvieran a contar la misma historia) bajo la apariencia de 'valiosa obra importada desde Europa', y tercero, nos confirma á la francesa una serie de ideas edificantes (la principal podría resumirse así: 'cada quien encuentra un profesor que lo redime') repetidas hasta el cansancio en ciertas producciones norteamericanas.

Buscar la emoción hollywoodense no tiene nada de malo, no, nadie está diciendo eso. Es más: el autor de Los coristas, un músico llamado Christophe Barratier, que cuando era niño estuvo en un internado similar al del relato, no sólo ha citado producciones francesas del estilo de Cero en conducta (1933) o La jaula de los ruiseñores (1945) como sus fuentes primordiales a la hora de crear este drama menor, sino que ha sido el primero en poner en evidencia que su obra se lo debe todo a los trucos narrativos que se aprenden viendo películas gringas. Sin embargo, puestos en la tarea de valorar este trabajo bienintencionado como a cualquier ficción, deberemos reconocer que se trata de una aventura en la que todo sucede muy rápido, muy fácil, muy al pie de la letra del incompleto diario de su protagonista. Que es todo lo contrario a lo que pasa, nos gusten o no los resultados, en los mejores guiones estadounidenses: en esas páginas cada escena es consecuencia inevitable de la anterior.

Los hechos ocurren en 1949 en una escuela para niños rebeldes en las afueras de París. Un profesor de música llamado Clément Mathieu llega al lugar, en realidad una correccional, sin imaginar que sus propias composiciones transformarán las vidas de los estudiantes. Y a partir de ese momento, aun cuando el drama nos tenga de su lado, aun cuando queramos creernos todo lo que vemos, los eventos se sucederán sin pausas, como si entre 'acción' y 'reacción' o entre 'causa' y 'efecto' no hubiera jamás ningún proceso, hasta quitarle a Los coristas la verosimilitud que había ganado en las primeras secuencias. Nos parecerá increíble que los alumnos de aquel reformatorio resulten tan afinados porque no los conoceremos cuando eran desafinados. Sentiremos que los créditos finales aparecerán antes de tiempo porque no habremos alcanzado a asimilar el desenlace.

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