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| 2/4/1985 12:00:00 AM

LOS DO DE PECHO DEL 85

El año que comienza será jugoso en celebraciones musicales.

Contra toda suerte de sombríos pronósticos en el revuelto légamo de lo económico y lo político, 1985 será un año especialmente generoso en festejos y celebraciones musicales. Durante el año que apenas comienza con todo su potencial de esperanzas e incertidumbres, se conmemorarán cuatro importantes aniversarios en el ámbito etéreo de la música universal: 400 años del nacimiento de Heinrich Schutz y 300 años del natalicio simultáneo de Georg Friederich Haendel, Johann Sebastian Bach y Domenico Scarlatti. La verdad es que tan trascendentales onomásticos sólo se presentan cada siglo, pero en esta ocasión las celebraciones a escala mundial prometen registrar niveles y dimensiones memorables, máxime en los actuales estadios de desarrollo de la electrónica y las comunicaciones cuando el planeta Tierra parece haber alcanzado su condición de auténtica nave espacial. Universo más vecino de la magia que de la ciencia, la fidelísima y veloz reproducción del sonido de que se dispone hoy día permitirá conmemorar con lujo de calidad este cuadruple cumpleaños, verdadera fiesta musical sin precedentes cercanos.
Agrupaciones orquestales y corales de prestigio internacional, importantes casas disqueras, directores y solistas especializados, festivales y giras artísticas intercontinentales, ediciones extraordinarias de libros y partituras, han empezado a prepararse desde meses atrás con el ánimo expreso de honrar la memoria de estos cuatro grandes maestros. El primer aniversario corresponde a Haendel (23 de febrero), seguido del de Bach (21 de marzo), celebraciones que colmarán de fanfarrias los cielos del primer semestre; luego viene el cumpleaños de Scarlatti (26 de octubre) y finalmente el de Schutz, para cerrar la apoteosis musical de la segunda mitad del año 85 con aires de sonata para clave y canciones a capella.
No obstante nuestra inevitable posición marginal en el tráfico internacional de conciertos y grabaciones, es de esperarse que algo de toda esta fascinante avalancha musical de 1985 llegue hasta estas remotas aldeas andinas, trepidantes de sol y lluvia. Se tiene noticia de que en las principales capitales musicales, tanto de Europa como de Norteamérica, destacados maestros y virtuosos interpretarán las obras más representativas y hermosas de los compositores homenajeados: Sir Charles MacKerras llevará a escena el bíblico vigor de los oratorios de Haendel, Trevor Pinnock y la Orquesta y Coros Bach de Munich revivirán las glorias melódicas del maestro de maestros, Kenneth Gilbert y Rafael Puyana harán las fantasías del teclado a la manera de Scarlatti, el Coro Monteverdi de Hamburgo se multiplicará en la escala polifónica erigida por Schutz. En nuestro medio se anunciaron ya la puesta en escena de la prodigiosa "Pasión según San Mateo" de Bach y "El festín de Alejandro" de Haendel, dos obras colosales cuyo solo esfuerzo de montaje será en extremo provechoso para intérpretes y público. Ojalá que las orquestas y coros del país se adhieran en la medida de sus posibilidades a esta múltiple conmemoración que colma las aspiraciones musicales de 1985: el repertorio que han legado estos cuatro maestros constituye, además de un grato desafío, un sempiterno océano donde la capacidad artística raya en el delirio y en la epopeya. Por ello, musicalmente hablando, 1985 será una fecha memorable. Y si las estadísticas apocalípticas previstas en el computador ensombrecen el horizonte de los próximos meses, que por lo menos ese progresivo atardecer se tiña con los colores alegres de la música barroca.
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