Lunes, 16 de enero de 2017

| 1985/05/27 00:00

LOS DOS LIBERALISMOS

O de cómo el partido liberal viajó del conservatismo al conservatismo pasando por el reformismo

LOS DOS LIBERALISMOS

El pequeño y excelente libro de María Carrizosa de López --ochenta páginas publicadas por el Instituto de Estudios Liberales-- pretende demostrar una tesis: que en Colombia en el último medio siglo (aunque el estudio sólo cubre los años de la "república liberal", de 1930 a 1945) el liberalismo ha estado claramente dividido en dos tendencias contrapuestas. Una que la autora llama "centrista": doctrinaria en los principios abstractos, republicanista --o sea, componedora-- en su origen, y en fin de cuentas conservadora. Y otra que llama "de izquierda": pragmática en su análisis de la realidad nacional, programática en su inspiración, reformista, y progresista.
La primera, en los años de la república liberal, se aglutinó en torno a Eduardo Santos y a la gran prensa liberal (El Tiempo del propio Santos y El Espectador de Luis Cano). La segunda, en torno a Alfonso López Pumarejo y los colaboradores de sus dos gobiernos. En el poder, la tendencia "centrista" cuajó en parálisis o retrocesos: la conciliación nacional de Olaya Herrera, y luego la marcha atrás impuesta por el gobierno de Santos a la Revolución en Marcha, y finalmente la "conspiración" bajo el segundo gobierno de López. La tendencia "de izquierda", por su parte, se expresó en las reformas sociales y políticas de la Revolución en Marcha. Y todo terminó, no con la división liberal entre las candidaturas de Gaitán y Turbay y la consiguiente victoria del conservador Mariano Ospina, sino antes: con la renuncia de López Pumarejo a la presidencia y el mea culpa de su sucesor Alberto Lleras, que al reemplazarlo en calidad de Designado abandonó por la práctica de la conciliación la tesis del gobierno de partido ("que ha sido muy cara para mí, durante mucho tiempo"), y dio el salto de una tendencia a la otra, del reformismo a la moderación. En suma: del lopismo al santismo.
Pero plantearlo así es desvirtuar el principal interés del libro, que consiste en demostrar que --a diferencia de lo que puede parecer visto desde 1985-- el liberalismo colombiano sí ha tenido disputas ideológicas, y sí ha tenido ideas, y no simplemente rivalidades de personas o talantes individuales.
En su prólogo, el ex presidente López Michelsen le hace involuntariamente un flaco servicio al libro de María Carrizosa. Porque empieza por elogiar el hecho de que la autora haya ido a escudriñar "las fuentes más confiables". López Michelsen las señala: "los discursos y las alocuciones presidenciales, los debates parlamentarios y las campañas electorales de los candidatos a la Primerá Magistratura". Y para el ojo escalado y escéptico del lector de 1985, esas fuentes "más confiables" son las que menos confianza inspiran: porque estamos acostumbrados a que lo que dicen en discursos, debates y campañas los jefes liberales, no tenga nada que ver con lo que hacen. Y sin embargo la autora demuestra ampliamente, con gran acopio de citas, que así era. Que en esos tiempós ya remotos en que el Partido Liberal estaba dividido en dos tendencias, sus voceros decían lo que pensaban, y, lo que es más, hacían lo que decían. El lector sabe hoy que pasados los años iba a llegar el Frente Nacional, y tras él la posdata del "mandato claro" que se iba a convertir en la práctica en "gobierno puente" que desembocaría en uno cívico-militar.
Esto ha sucedido porque en ese combate entre las dos tendencias liberales (que la autora interrumpe en 1945, pero cuya continuación anuncia para los años de la dictadura militar y el Frente Nacional), acabó ganando una: el centrismo, el republicanismo, el conservatismo liberal. María Carrizosa lo define así: "Para el liberalismo de centro hay una disociación entre teoría y práctica, lo que permite un espacio mayor de "manipulación" en la práctica política a fin de realizar su principal propósito que es, no el de realizar un programa definido, sino mantenerse en el poder".
Una apasionante lectura en estos días de campaña electoral, cuando los liberales, sin haberlo perdido, invitan a luchar para reconquistarlo.-- A.C

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