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| 4/2/2010 12:00:00 AM

Los líos póstumos de un escritor

'Los hombres que no amaban a las mujeres' llega a las salas colombianas a finales de abril. El estreno coincide con el último episodio de la polémica por la herencia de Stieg Larsson.

La vida y muerte de pocos escritores han generado tantos titulares, tanto dinero y en tan poco tiempo como la del periodista sueco Stieg Larsson. Mucho se ha dicho sobre su muerte a finales de 2004, poco antes de que apareciera la primera parte de su exitosa trilogía de thrillers Millenium y días después de entregarle a su editor el manuscrito final de la tercera. Las tres novelas póstumas, Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, se convertirían en un éxito de ventas con más de 25 millones de copias vendidas. En 2009 Larsson sería el segundo escritor más vendido en todo el mundo, y a la adaptación sueca al cine de la primera parte -que se estrena en Colombia a finales de abril-, le seguiría una batalla por los derechos para hacer un remake norteamericano.

Entre tanto, la repentina muerte de Larsson ha generado cada vez más preguntas. Como él nunca se había casado, la ley sueca dicta que la fortuna debería ir directamente a sus familiares vivos más cercanos: Erland, su padre, y Joakim, su hermano menor. La ley, por supuesto, no contemplaba que Larsson había tenido una compañera durante más de 30 años, Eva Gabrielsson, quien además de cocinarle, ser su cómplice política y haberlo salvado de varias amenazas, según manifestó, había sido la primera lectora de los manuscritos y la que los había llevado donde el editor. Pronto se crearon dos bandos. De un lado, el que defendía a Gabrielsson, decía que los familiares de Larsson se habían aprovechado de la fortuna apenas vieron su potencial; del otro, el de los herederos legales, que Eva era una mujer difícil y que si alguien había apoyado el talento del autor muerto eran ellos, que le habían regalado una máquina de escribir a los 12 años.

A la polémica por la sucesión se le sumaron las sospechas de que la de Larsson no había sido una muerte natural, sino una asesinato político. En sus libros el autor denunciaba la corrupción de grupos de derecha en Suecia, usando como protagonistas a Mikael

Blomkvist, un periodista caído en desgracia, su álter ego ficticio, y a la joven investigadora privada Lisbeth Salander. Muchos se preguntaron hasta qué punto la historia de Millenium tenía un trasfondo real, resultado de las investigaciones que Larsson había adelantado como activista y periodista investigativo de la revista antifascista Expo. Un muerto, una millonaria fortuna, un motivo, varios sospechosos y el drama de una mujer victimizada por la avaricia de los herederos han hecho que su historia cobre visos de un thriller policiaco.

Las recientes declaraciones de Eva Gabrielsson a la revista sueca Stern, de que ella había participado "activamente" en la escritura de la trilogía abre un nuevo capítulo a la polémica que no parece tener fin. A finales del año pasado Kurdo Bakshi, un periodista que trabajó con Larsson en la revista Expo por más de 10 años, publicó My friend Stieg Larsson (Mi amigo Stieg Larsson), una biografía que no resultó ser tan amigable como lo prometía. En ella, Bakshi decía que Larsson no podía haber escrito los libros, pues nunca había tenido talento para la escritura. Anders Hellberg, otro colega de Larsson, confirmaría las sospechas en una entrevista con el periódico sueco Dagens Nyheter. Helleberg no afirmó la posibilidad de que alguien le hubiera "ayudado" a Larsson a escribir la trilogía, sino que sugirió que esta seguramente había sido escrita a cuatro manos. Gabrielsson, que tiene en su poder 200 páginas y un boceto del cuarto manuscrito, por supuesto, sería la dueña de las dos manos restantes -y del inmenso goodwill de la serie.

Por eso, sus declaraciones llegan en un momento oportuno. Oportuno, al menos, en términos de mercadeo y porque el valor de la marca Millenium está en su punto más alto. Para finales de 2009, la versión cinematográfica de Los hombres que no amaban a las mujeres había recaudado más de 100.000 dólares sólo en Europa, la película más taquillera de ese continente, y ya es la que mayores entradas ha tenido en toda la historia del cine sueco. La adaptación ha generado tal expectativa en Estados Unidos, que cuando se supo que se habían vendido los derechos de la película en Suecia se empezó a rumorar que varios estudios y productores de Hollywood se estaban peleando los derechos para hacer un remake norteamericano. Sony, Columbia Pictures, George Clooney, Brad Pitt y Quentin Tarantino fueron algunos de los nombres mencionados. Hace poco más de un mes se supo finalmente que Columbia Pictures se había quedado con la gallinita de los huevos de oro y que David Fincher, el director de Seven y Zodiaco, era quien más opciones tenía para dirigirla.

La crítica internacional ha coincido en que Los hombres que odiaban a las mujeres es una versión gótica de El silencio de los inocentes, con ecos de uno de los más recientes y más exitosos thrillers de asesinos en serie, Seven. Una adaptación tan buena que, como escribió René Rodríguez, crítico de cine de The Miami Herald, poco después del estreno en el Festival de Cine de Miami:"Lo mejor de esta película es que uno no se imagina que la historia de Stieg Larsson alguna vez haya existido en la forma de libro". Eso es quizá lo mejor que se puede decir de una adaptación de las que es común oír que no mantienen el espíritu del formato original y, en el mejor de los casos, se vuelven simples homenajes a un autor. Pero en el caso de El hombre que odiaba a las mujeres, la apreciación es más diciente. Si los detractores del libro opinaron que por momentos era caótico, desordenado y tenía demasiados personajes -en pocas palabras, que se notaba la falta de editor-, la película es una versión corregida.

Es cierto que el éxito del libro es un buen antecedente para la película. La serie cinematográfica, sin embargo, parece tener vida propia. "A pesar de la dificultad de conectarse con una película en lengua sueca, 'Los hombres que odiaban a las mujeres' es un 'thriller' que se sale del espectro de las películas independientes", dice Pía Barragán, encargada de comprar películas independientes para Cine Colombia. "Vimos en ella un potencial para salir a mercados más comerciales. A pesar de ser un 'thriller', la película está hecha con un lenguaje de cine de acción". Por eso, a diferencia de lo que ocurrió con El código Da Vinci -la versión cinematográfica del best-seller de Dan Brown que fue destrozado por la crítica-, tiene todo para ser un éxito en Colombia: una buena trama, buenas críticas y un mercado expectante por la historia de su producción.
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