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| 3/16/1987 12:00:00 AM

LOS MILLONES DEL SUEPERMERCADO

Al cumplir diez años, el Centro Pompidou de París supera todos los cálculos

LOS MILLONES DEL SUEPERMERCADO LOS MILLONES DEL SUEPERMERCADO

Cuando se inauguró hace diez años, le llovieron vituperios de todo calibre, porque los parisienses lo tomaron como una bofetada contra la sagrada estética de la ciudad. Y, desde ese instante e incluso desde antes, desde cuando sus puertas aún no se habían abierto, el nombre dc Centro Pompidou se enredó en las murmuraciones de los franceses a punto de que lo comenzaron a llamar "La Refinería" o "La Cafetera" para burlarse de la estructura de hierros visibles, de tubos al aire, de su fatal parecido a un complejo industrial.

Pero ahora, una década después, la imagen ha cambiado y aunque hay muchos franceses que lo miran con desprecio, casi todos han modificado su recriminación por un nombre nostálgico --Beaubourg--, en honor a esa zona de París en donde se levanta el Pompidou, el supermercado de la cultura más grande del mundo.

Considerado por muchos como un auténtico "hijo de mayo de 1968", porque a partir de ahí el gobernante gaullismo entendió que Francia no podía quedar a la zaga de la vanguardia artística, después de mucha polémica la administración de Georges Pompidou se encargó del proyecto en 1969 y ocho años más tarde, un 31 de enero de 1977, abría puertas esta idea de concentrar en un solo sitio la máxima actividad cultural posible.

Todo es posible allí
Los casi 75 millones de visitantes que han entrado al Pompidou en estos diez años (unas 24 mil personas diariamente), lo han hecho atraídos no sólo por la mole de hierros insorteable cuando se camina por ese sector de París, sino por las múltiples atracciones que se ofrecen adentro, a donde se llega sin pagar un peso.

Museo de Arte Contemporáneo, cinemateca, discoteca, sala de exposiciones ocasionales, almacén, cafetería, restaurante, videoteca, hemeroteca, centro de idiomas y sitio de observación de la ciudad, es lo que contiene este supermercado de la cultura, donde es posible comerse una ensalada antes de iniciar una hora de clase para aprender cualquier idioma (desde griego hasta chino, desde arameo hasta swahili, cualquiera); después mirar algunas de las diez mil piezas del Museo de Arte Contemporáneo, en el descanso ver un video donde Cortázar hace de guía por sus lugares preferidos de París, u otro con los goles de México 70, o unas transparencias que cuentan los misterios de la Isla de Pascua, para rematar el día con la película del festival de cine de Costa de Marfil.

Ningún otro centro europeo recibe tal cantidad de público. En el mundo sólo Disneylandia supera en número de visitantes a este centro que esperaba recibir apenas a cinco mil personas diarias, pero que se ha convertido en el "mejor amigo" para quienes viven en París y en lugar obligado de conocer para los turistas. Ya, incluso, la Tour Eiffel fue superada en visitantes por el Pompidou, cuyas exposiciones han obtenido cifras colosales: una muestra de Dalí fue vista por 800 mil personas, entre ellas los 65 mil socios que posee, cifra que apenas es superada por los cien mil que tiene el Museo Metropolitano de Nueva York.

Según las estadísticas de las autoridades del Pompidou, el cuarenta por ciento de los visitantes son extranjeros, el promedio de edad es de 29 años, el 11 por ciento de quienes entran en "La cafetera" se limitan a pasear por ella sin entrar a ninguna de las salas o espectáculos que se exhiben, el 50 por ciento acude a la biblioteca, el 20 por ciento al Museo de Arte Contemporáneo, un 11 por ciento a la galería de las exposiciones temporales y el otro 11 al centro de creación industrial, descontando, desde luego, que miles de los visitantes ven cuatro, cinco o siete cosas en un solo día.

Industria de la cultura
Todo ese complejo cuesta plata. Y mucha. El Pompidou le cuesta al Estado francés 430 millones de francos (un poco más de quince mil millones de pesos colombianos), que se subsidian por la importancia ya irreversible del centro y por lo que significa para París tenerlo allí.

Pero no todo es subsidio. El Beaubourg produce sus propios ingresos. Catálogos (del de la ya contada exposición de Dalí se vendieron 80 mil ejemplares), postales, revistas, audiovisuales, son algunos de los negocios que tiene montado el centro, pero que no bastan para atender los gastos de un tren que mueven mil cien empleados.

Pero con todo y esos gastos, con todo y críticas, el Pompidou es hoy un centro vital de Paris, que ha ayudado, además, a crear una especie de subcultura: los espectáculos callejeros de toda índole que se desarrollan en la plaza de enfrente, donde, salvo en los días de frío límite, se advierte la ebullición cultural de una ciudad que tiene en ese supermercado toda la clave para seguir de pie como centro importante del mundo.--

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