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| 12/11/2010 12:00:00 AM

Los motivos del grabador

La aparición de dos nuevos sellos independientes llama a la reflexión. Ahora que el disco no es el mejor negocio, se graba por los mismos motivos de hace un siglo.

Una de las novedades discográficas del año presenta a un percusionista semidesconocido de San Juan de Urabá tocando una docena de bullerengues. Otra se centra en las peripecias de una orquesta de jazz que improvisa temas hasta de 14 minutos. Nada tienen en común estas dos grabaciones, excepto un detalle: una disquera convencional no las hubiera publicado. Bulla, del tamborero Emilsen Pacheco, y Asociación Libre Orkesta, de la agrupación homónima, son el producto de dos sellos independientes, acaso los de filosofía más interesante de la escena colombiana actual.

Luis Daniel Vega está al frente del sello Festina Lente, que con su lanzamiento de la orquesta experimental llega al tercer volumen. Con solo dos años de funcionamiento, el catálogo de tres títulos es su gran orgullo y ya prepara otros, entre los que se cuentan trabajos de cumbia y punk. "Soy un fetichista de los discos -explica-. Me gusta tocarlos, leer la información, ver el diseño. De ahí salió la idea de hacer un sello para documentar la incipiente escena de la música contemporánea en Bogotá. Si no, esos discos no los iba a sacar nadie".

El sello Festina Lente debutó el año pasado con una grabación del dúo Gallo & Flórez, con guabinas y pasillos tocados de manera vanguardista (SEMANA aclamó en su momento la publicación y el disco clasificó entre los 10 mejores del año). Pero ha sido sorprendente la continuidad: no solo se siguieron publicando álbumes, sino que todos tienen un diseño común, en estuche de cartón sin bandeja plástica, lo que permite venderlos a escasos 19.000 pesos.

Vega es seguidor de la historia de las disqueras y para su empresa se inspiró en Apple, aquel sello que fundaron los Beatles en 1968 con la intención de publicar todo lo que fuera una buena idea, sin consideraciones comerciales. "Eso ha sido clave en la visualización de mis discos: los Beatles jugaron a hacer un sello y armaron un concepto especial para cada uno".

El otro sello, Reef Records, se ha especializado en grabaciones de campo. Daniel Restrepo y Juan Sebastián Rojas organizan viajes a regiones de Colombia donde saben que existe gran potencial musical. Cargan consigo un equipo portátil de grabación y hasta 16 micrófonos, organizan las sesiones y luego publican el CD y comparten las ganancias con los músicos. En todo el proceso nunca hay que entrar a un estudio de grabación. "Me encanta grabar así por la sinceridad de la música -explica Restrepo-. En las grabaciones de campo los músicos están más relajados, la situación es más real y todo sale más barato".

Reef Records debutó en 2009 con un compilado de los mejores cantantes de la isla de Providencia. El nuevo disco, dedicado al tamborero Emilsen Pacheco de San Juan de Urabá, es un documento vital para el estudio del bullerengue, que ilustra una región poco explorada por musicólogos y oyentes. Restrepo dice que, a través de sus viajes por Colombia, se convenció de que "hay bandas que son brutales pero no tienen los 3 millones de pesos que cuesta prensar 500 discos, y no por eso dejan de ser profesionales". Ese ha sido el móvil de su sello independiente, que ya anuncia el tercer volumen.

Sin duda, estos discos apuntan a oyentes específicos y en su campo son de mucha importancia. Pero, más allá del contenido musical, vale la pena conocer los motivos del grabador. Aunque hoy suene raro, muchos sellos de antaño nacieron por amor a la música antes que por negocio: se grababa porque se sentía la necesidad. Es grato ver que, a veces, la historia se repite.
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