Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/04/17 00:00

Los orilleros

Con 'Biblia de Pobres' Juan Manuel Roca obtuvo el Premio Casa de América de Poesía Americana.

Los orilleros

Juan Manuel Roca
Biblia de Pobres
Visor, 2009
84 páginas


Biblia de pobres (Biblia Pauperum) era una biblia popular en el siglo XV que traía grabados en madera –con breves leyendas en latín y en alemán– sobre la vida de Jesús e incluía también a otros personajes populares.
 
Sobre esa idea, el poeta Juan Manuel Roca estructuró su último libro de poesía. Desde luego, utilizando lo que le servía y desechando lo que no. Del texto medieval tomó el protagonismo que tenían los orilleros, los mendigos, los derrotados, los desplazados. Y desestimó su carácter religioso, salvo en sus aspectos paganos.
 
El juego intertextual es entonces la forma que escoge la voz poética de su libro para ir encontrando su propia expresión. No hay originalidad, la verdadera originalidad consiste en saber dialogar con la cultura que nos precede. Como buen borgiano, Roca es antirromántico a la hora de inventar: “La poesía es un sueño provocado”.

La intertextualidad, bien entendida, nunca es un ejercicio de erudición y pedantería. Nada más personal y más colombiano que este libro. De los mendigos que –por no tener flechas– arrojan a los nobles sus propias heridas en la noche medieval, pasamos, sin solución de continuidad, a los mendigos y a los perros góticos de Bogotá, al mercado de lástimas que es “la iglesia de la melancolía” y que los feligreses llaman Nuestra Señora de las Nieves: “Vestidos de lamento/ Los mendigos bajan a la ciudad”.
 
La poesía, se ha dicho, reúne lo imposible a través del poder de sus metáforas: esto con aquello, el pasado con el presente, el paraguas y la máquina de coser en la mesa del quirófano. Por eso mismo, no se trata de contar la historia de la pobreza sino de encontrar el lugar y la permanencia de otros grandes marginales: el poeta y la poesía. De eso trata en el fondo este libro: “Hay un tesoro a punto de ser encontrado. / Un milagro a punto de ocurrir. / En este poema regresan al país los desterrados.”

Lo personal, en su caso, es seguir siendo poeta hasta la muerte, sin rendirse, sin claudicar. Un eterno orillero en un país que fue “una invención de los cronistas”. Porque lo ha conseguido puede ser tranquilamente él mismo. Ya en plena madurez: sin temor a mostrar sus desgarramientos y sosegado –pero contundente– en sus audacias verbales.

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