14 octubre 2006

Enviar a un amigo

Email destino:

Nombre remitente:

Email remitente:

Los poetas colombianos del siglo XX

Por Luis Fernando Afanador

LibrosLa prestigiosa editorial Visor de España hace una antología de la poesía colombiana a cargo de Ramón Cote Baraibar.

Los poetas colombianos del siglo XX.

Recuadros

La rebelión de un burgués

Jorge Vallejo Morillo
Estanislao Zuleta, su vida
Norma. 2006
275 páginas

Estanislao Zuleta fue tal vez uno de los mejores lectores que ha habido en Colombia y, por eso mismo, un gran conocedor de filósofos, escritores y artistas de talla universal. Tenía, además, el don de la pedagogía: hacía fácil lo difícil y estimulaba la pasión de conocer. Un maestro oral que escribió muy poco y que llegó a convertirse en una leyenda. Razones que, desde luego, invitan a estar atentos de cualquier biografía suya. Sin embargo, esta de Jorge Vallejo es decepcionante. Con un lenguaje que oscila entre lo coloquial y lo florido, se limita a contar anécdotas conocidas de su vida que terminan siendo irrelevantes. La importancia de un pensador es su pensamiento, y el propio Zuleta lo dijo muy bien: "Lo único que tiene importancia en mi vida es el pensamiento, es esto lo que realmente tiene historia". En ese sentido, es mucho más valioso el trabajo Estanislao Zuleta o la voluntad de comprender, de Alberto Valencia, una verdadera biografía intelectual.

La poesía del siglo XX en Colombia (Antología)
Ramón Cote Baraibar
Visor, 2006
435 páginas

En uno de los poemas contenidos en esta antología -A Guillermo Valencia-, el nadaísta Jaime Jaramillo Escobar dice que en 1935 ya había muerto Fernando Pessoa y en Colombia todavía estábamos en el parnasianismo, es decir, en la prehistoria. Y así podríamos seguir: mientras en los años 40 los pocos transgresores poetas de Piedra y Cielo escandalizaban al país y eran vistos como unos temibles revolucionarios, en todas partes las vanguardias ya eran consideradas caducas. Mejor dicho: un país atípico, conservador y rezagado al cual, como dijera el famoso vate, todo le llega tarde. El anterior planteamiento, canónico para algunos estudiosos de la poesía colombiana, es acogido también por Ramón Cote en su selección: "¿Estaba la poesía colombiana preparada para ser absolutamente moderna? Por supuesto que la respuesta es no. Y cada país de Iberoamérica lo fue a su modo y a su tiempo: Perú con Moro, Westphalen. Chile con Huidobro, Rosamel del Valle. Argentina con Girondo. Pero Colombia no tuvo una voz que encarnara en profundidad los argumentos de los vanguardistas".

¿Desde esa perspectiva habría que entender la exclusión de Porfirio Barba Jacob -nada menos- y la inclusión de Luis Vidales? Si bien es cierto que este último es el único vanguardista que tenemos para mostrar, también lo es que sus "rupturas formales" apenas alcanzan a ser graciosas travesuras humorísticas. ¿Será que al tomar como parámetro "la modernidad" Barba Jacob no tiene cabida, aunque muchas generaciones de colombianos hayan leído y memorizado sus poemas con fervor? El cuestionamiento de su vigencia no es nuevo y antes que Cote lo habían hecho Fernando Vallejo y Hernando Valencia Goelkel. Pero entonces, en ese orden de ideas tampoco se explica la presencia de Eduardo Carranza y la ausencia de Rogelio Echavarría.

Sin embargo, el inventario de las exclusiones no es el camino más afortunado para acercarse a una antología. Cualquier antología digna de ese nombre tiene que provocar algo de indignación, algún leve sentimiento de injusticia que en este caso sería: ¿por qué Cobo Borda en vez de Mario Rivero si en el mismo prólogo se señala la importancia de su libro Poemas urbanos? En fin, lo escogido es lo escogido y en vez de lamentarnos es mejor avanzar en las líneas de interpretación propuestas. Al iniciar la antología con León de Greiff y no con José Asunción Silva, es posible inferir un nuevo canon, conformado por León de Greiff, Aurelio Arturo y Álvaro Mutis. A partir de ellos, la palabra poética arraiga en una geografía y en un país concreto. El cosmopolitismo exacerbado de León de Greiff es finalmente "un viaje byroniano por las vegas del Zipa"; la intensa y sobria lírica de Arturo postula el paisaje de la infancia como la única patria posible y Mutis lo confirma ante un trópico alucinado que es sensualidad y muerte a la vez. Por cierto, el primer Mutis y posteriormente Juan Manuel Roca serán los encargados de saldar esa cuenta atrasada con los movimientos vanguardistas.

La antología de Cote es, también, la confirmación de ciertos nombres que empiezan a ser indiscutibles: Giovanny Quessep, Jaime Jaramillo Escobar y José Manuel Arango. Y la ratificación de otros polémicos como Eduardo Carranza y Raúl Gómez Jattín. La gran novedad corre por cuenta de Carlos Obregón, un poeta secreto que ha sido reivindicado en los últimos años. Y la difícil apuesta del presente y hacia el siglo XXI, con la cual cierra la selección, está a cargo de Piedad Bonnet y William Ospina.

Esta antología de 20 poetas con sus trabajos más representativos, editada en España y de alguna manera una carta de presentación hacia afuera -ya empieza a ser comentada en medios extranjeros- permite apreciar muy bien el valor y la importancia de nuestro legado poético. Un legado que, visto a la luz de estos poemas, ciertamente no es de pobreza.
PUBLICIDAD
Horóscopo
Semana en Facebook
Publicidad