Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/08/22 00:00

LOS TRES DIAMANTES

En el concierto de Los Angeles, los tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras desvirtuaron con sus voces el refrán según el cual "nunca segundas partes fueron buenas".

LOS TRES DIAMANTES

CUANDO EN 1990 SE REUNIERON POR primera vez Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, considerados como los tres más destacados tenores de las últimas décadas, todo el mundo coincidió en que sería el evento operático de fin de siglo. Bajo la batuta del director Zubin Mehta, el trío de virtuosos de la lírica contemporánea estaba encargado de cerrar, en Italia, el XIV Campeonato Mundial de Fútbol.

Finalmente se reunieron en Roma, en las Tarmas de Caracalla, frente a una multitud de espectadores que no paró de aplaudirlos. El concierto por sí solo ya era grandioso. Sin embargo, el éxito de aquel recital superó las expectativas: 800 millones de personas vieron el evento por televisión y las ventas de la grabación en CD superaron la cifra mágica de las 10 millones de copias alrededor del mundo, algo que sólo han alcanzado contados álbumes a lo largo de la historia. En pocas palabras, nadie había vendido tanto en tan poco tiempo.

Por eso el anuncio de que el trío de amigos volvería a reunirse con el mismo pretexto -cerrar el Mundial de Fútbol, esta vez el de Estados Unidos- distrajo por un instante la atención universal por el balón para centrarla en lo que serían capaces de hacer Pavarotti, Carreras y Domingo. Como tradicionalmente nunca las segundas partes han sido buenas, las expectativas y las dudas fueron aún mayores que hace cuatro años.

Para muchos, lo sucedido en las Tarmas de Caracalla era imposible de repetir. Pero lo que ocurrió la noche del pasado 16 de julio, en el estadio de béisbol de los Dodgers, en Los Angeles, fue apabullante. Las 56.000 boletas en venta, que correspondían a la máxima capacidad del estadio, se agotaron una semana antes del evento a un precio que superaba los 1.000 dólares por cada una. Y si la transmisión de 1990 había batido el récord de audiencia de un espectáculo musical, en esta oportunidad la cifra de televidentes fue alucinante: 1.300 millones de personas.

Por supuesto, los organizadores no fueron los únicos que llenaron sus arcas por cuenta del concierto. En 1990 los tres tenores habían acordado con la casa disquera Decca una cifra fija de honorarios. No obstante, las ganancias de los artistas fueron irrisorias en comparación con las escandalosas ventas de la Decca. A decir verdad, ninguno de los tres imaginó semejante éxito. Por tal motivo, este año tanto Pavarotti, como Carreras y Domingo decidieron cobrar fuerte. Tan fuerte, que la Decca no quiso asumir el riesgo y desechó la oportunidad. Por fin la Warner Music aceptó el reto de firmar un contrato mediante el cual cada uno de los cantantes recibió un millón de dólares, más las regalías que comenzarán a contar cuando la grabación en CD y en video empiece a circular el próximo mes.

Aparte de los millones de dólares invertidos, el concierto de Los Angeles resultó descrestante en escenografía. Por un lado, el estadio fue transformado en un enorme jardín en el que se acoplaron cuatro cascadas que arrojaban 600 galones de agua por minuto y se instalaron 20 columnas clásicas importadas desde Hungría.

DUELO DE TITANES

En medio de este escenario se enfrentaron los tres colosos de la lírica, acompañados por la Orquesta Filarmónica de Los Angeles. Y de nuevo conmocionaron al mundo. El trío interpretó una serie de arias famosas del repertorio operático, además de canciones populares, como Granada y Brasil. Incluso algunas ya habían sido cantadas en 1990, pero esta vez alternaron intérprete. Y si hace cuatro años el Nessun dorma, de Puccini, se convirtió en el himno del mundial italiano, en Estados Unidos el famoso brindis de La Traviata, de Verdi, acaparó la máxima atención del concierto. Uno de los momentos más emocionantes se vivió cuando Domingo, Carreras y Pavarotti le rindieron un homenaje a Frank Sinatra, cantando My Way, y otro a Gene Kelly, interpretando Singing in the rain.

La reunión de estos tres prodigios del canto fue señalada como una especie de Serie Mundial de la música, un Mundial de Fútbol, pero en ópera; una Olimpíada de tenores, o una disputa por el Oscar de la Academia al mejor intérprete principal. Y no era para menos. La personalidad arrolladora de Pavarotti, la versatilidad expresiva de Domingo y la gracia de José Carreras en un mismo escenario sólo podía dar como resultado un grandioso recital. Y así lo fue, a pesar de las críticas de algunos especialistas, como el español Arturo Reverter y el italiano Rodolfo Celleti, crítico de Milán, quienes aseguran que este tipo de conciertos no son otra cosa que la vulgarización de la ópera en las voces de tres cantantes líricos que ya están en el ocaso de sus carreras.

Los detractores de Pavarotti, Carreras y Domingo les reprochan su afición de cantar más por plata que por pasión. Pero el mismo Caruso, el más grande lírico de todos los tiempos -y también el que más dinero ganó a dólares de hoy- confesó alguna vez que cantaba por dinero.

Pero por encima de todo esto, lo cierto es que con el concierto en el estadio de los Dodgers, estos tres supertenores demostraron que si una primera vez fue excelente, una segunda podía ser mejor. Y ante tamaño éxito, las críticas son insignificantes.

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