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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Los últimos lectores

El escritor argentino Ricardo Piglia hace una historia de los lectores en las obras literarias.

Ricardo Piglia
El último lector
Anagrama, 2005
190 páginas Hay escritores, como García Márquez, a los que no les interesa para nada la crítica. Y hay otros, como Carlos Fuentes, que incursionan con éxito en ese campo. Son dos actitudes, dos talantes distintos -ambos muy respetables-, pero lo cierto es que algunos escritores, cuando han ejercido la crítica, han hecho cosas notables. Vladmir Nabokov y sus cursos de literatura, Joseph Brodsky y su estudio sobre Dante; El A B C de la lectura de Ezra Pound, los ensayos de Borges y de J.M. Coetzee, por citar sólo unos pocos ejemplos. Ricardo Piglia, sin duda, pertenece a esta última estirpe. Ha hecho novelas (Respiración artificial, La ciudad ausente, Plata quemada); cuentos (Nombre falso) y también ha ejercido la crítica (Formas breves y Crítica y ficción). Aunque, valga la aclaración, Piglia es mejor cuando separa las aguas de la creación y de la crítica. Le va muy bien en Plata quemada, por ejemplo, donde se entrega a la narración pura, y no tanto en Respiración artificial y La ciudad ausente, obras plagadas en exceso de teorías y personajes literarios. Y llega a ser brillante en crítica, como ocurre en El último lector, un ensayo nada académico que alcanza un entrañable tono personal: "Mi propia vida de lector está presente y por eso este libro es, acaso, el más personal y el más íntimo que he escrito". El último lector no es una historia de lectura, sino de lectores concretos. La mayoría de ellos son imaginarios y pertenecen a la literatura -Ana Karenina, Molly Bloom, Arsenio Dupin-, pero aparecen también lectores reales, tan disímiles como Felice Bauer, la novia de Kafka, y el revolucionario Ernesto Che Guevara. A Piglia, entonces, no le interesa saber qué es leer, sino más bien quién es el que lee, dónde está leyendo, para qué y en qué condiciones. Una pregunta que a su juicio es también una pregunta sobre la literatura y un relato singular, inquietante y siempre distinto. Para Piglia, Don Quijote es el primer lector imaginario no sólo porque "leía incluso los papeles que encontraba en la calle". sino porque lee su propia vida apócrifa en El Quijote de Avellaneda. Y Borges es quien inventa al lector como un héroe creativo, perdido en una biblioteca, que lee una serie de libros y no un libro aislado. "Un lector disperso en la fluidez y el rastreo, que tiene todos los volúmenes a su disposición. Persigue nombres, fuentes, alusiones; pasa de una cita a otra, de un referencia a otra". Alguien que vive en un universo saturado de libros donde todo está escrito y sólo se puede releer, leer de otro modo. Kafka convirtió a Felice Bauer en "la lectora en sentido puro". Para poder escribir necesitaba estar aislado, en su cueva, pero también necesitaba a una mujer que hiciera posibles sus textos. Nadie mejor que Felice -una copista- que lee sus manuscritos y los pasa a máquina. ¿Se puede atar a una mujer con la escritura? Eso es lo que intentará. Kafka escribe para Felice y quiere que ella sólo lo lea a él. Las cartas que le escribió son las pruebas "de ese mecanismo de control y seducción (y esclavitud). Obligar a otro a leer. Una mujer es la figura sentimental que permite unir la escritura y la vida". Esta historia se encuentra descrita en varios libros, pero Piglia nos la cuenta de una manera inmejorable. Como lo hace en el capítulo relativo a los detectives privados, para él, una de las mayores representaciones modernas de la figura del lector. Pequeña muestra privada e incompleta de la sociedad de los lectores, "los últimos lectores", que parecen siempre a punto de extinguirse o a quienes desde siempre les han vaticinado su desaparición. Los que se detienen un momento mientras la vida sigue su curso para protegerse, para construir un refugio frente a la hostilidad del mundo y, efectivamente, constatan que la vida se puede detener . Preguntar por un lector es preguntar por el otro, dice Piglia. Una justificación suficiente para acercarse a este sugestivo libro.
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