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| 11/2/2013 2:00:00 AM

Lou Reed, el poeta del lado salvaje

La semana pasada falleció Lou Reed. Esta es una anatomía de uno de los grandes compositores de la historia del rock.

Nació en Nueva York y es símbolo de esta ciudad donde “la muerte se sienta en su trono, completamente sola”, según escribió en el prólogo de su libro The Raven, publicado en 2011.

Podía improvisar poesía en vivo sobre un ritmo invariable, a veces hasta por 14 minutos seguidos. Por este talento, su colega la cantautora Patti Smith lo comparó con Walt Whitman.

Andy Warhol fue su amigo. Su relación con el artista resultó en una de las portadas más emblemáticas de la historia: el banano que ilustra su álbum The Velvet Underground & Nico de 1967.

La primera reseña que apareció sobre su música en la revista Rolling Stone data de mayo de 1969. Allí es descrito como “el duende de la muerte que nunca escribe canciones de amor”.

Tocar guitarra fue su religión pero le apostaba siempre a la sencillez de la música rock. En una ocasión afirmó: “Un acorde es suficiente. Dos acordes es bastante. Tres acordes y ya estás entrando al terreno del jazz”.

Las drogas estaban casi siempre presentes en sus canciones. Entre las más conocidas se cuentan Heroin (que alude a la heroína) y Sweet Jane (a la marihuana). Además, su clásico I’m Waiting for the Man habla de su relación con un jíbaro.

Su carrera cinematográfica es breve. En 1993 se interpretó a sí mismo en la película Tan lejos, tan cerca del director Wim Wenders. En una escena reflexiona sobre los misterios del arte de componer: “Anoche se me ocurrió algo fantástico, creí que jamás lo olvidaría y lo olvidé”.  

Incomprendido. No siempre contó con el aplauso. Su último proyecto, Lulu, al lado de la agrupación Metallica, fue bastante polémico e incomprendido por la crítica. La revista Rolling Stone lo calificó de “tedioso”.

Estudió Literatura y decía que sus discos se podían leer como “la gran novela norteamericana”. Efectivamente algunas de sus canciones, como Walk on the Wild Side, son narraciones cortas.

Su última musa. En 1996 conoció a la compositora y artista experimental Laurie Anderson, que se convertiría en su inspiración hasta el último día. El noviazgo duró 12 años. En 2008 se casaron, él a los 66 años y ella a los 60. Laurie participó en varias canciones de su esposo.

Un clásico. El mundo de la música clásica contemporánea empezó a apreciarlo cuando las piezas de su disco Metal Machine Music fueron transcritas para orquesta de cámara por el director Ulrich Krieger y presentadas en la Universidad de Columbia en 2010.

Todo parecía deprimirlo, pero en una ocasión fue más específico: “Me deprime saber que sigo vivo pero mis discos ya están fuera de circulación”.

Censura. En marzo de 1975 se presentó en concierto en Barcelona. Las tropas del franquismo irrumpieron en su camerino y le advirtieron que no interpretara su canción Heroin. Reed obedeció pero, sobre el escenario, improvisó unos versos sobre la libertad de expresión.

La enfermedad. El pasado mes de mayo se había sometido a un trasplante de hígado. Las complicaciones derivadas de esa operación causaron su muerte.
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