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| 1/7/2017 12:00:00 AM

Entre yarumos

Una novela juvenil que tiene como telón de fondo el municipio de Yarumal en la época del paramilitarismo.

La niebla no pudo ocultarlo

Albeiro Echavarría

Santillana, 2016

249 páginas

Esta es una novela de iniciación. Su protagonista y narrador, Leopoldo Builes Roldán, es un niño cuando comienza la historia y un hombre cuando culmina. A pesar de muchas pérdidas, duelos y situaciones difíciles, la vida no consigue doblegarlo, tampoco los recuerdos dolorosos de su pueblo: “Con toda sinceridad debo decir que nada me hace más feliz que regresar a mi casa en Yarumal, y que me estén esperando con un abrazo, una canción de las que ponen en El Águila, y un tinto con sabor a montaña”.

Es una novela de iniciación, pero en un contexto muy preciso: el municipio de Yarumal, norte de Antioquia, en la década de los noventa. Como se sabe, allí actuó en esa época un grupo paramilitar conocido como Los Doce Apóstoles, que asesinó a cientos de personas sospechosas –a su juicio- de tener vínculos con grupos guerrilleros y también a ladrones o adictos a las drogas, en operaciones –mal llamadas- de ‘limpieza social’. La justicia colombiana aún no ha condenado a los responsables, aunque en 2014 el Consejo de Estado, al resolver las demandas de algunos familiares de las víctimas, reconoció la complicidad de la Policía en los crímenes y la obligó a pedir disculpas públicas.

Nadie que viviera en Yarumal en ese momento podía ignorar lo que estaba sucediendo. Y menos el autor, que creció allí y vivió aquellos hechos. Pero esto no es un testimonio ni una crónica, es una novela, literatura, como lo advierte una nota al final del libro: “Los hechos y los personajes narrados en esta novela son ficticios, pero están inspirados en sucesos que ocurrieron en Yarumal, a mediados de los años noventa”. Una historia ficticia basada en hechos históricos y biográficos, como debe ser: en una novela que se precie de tal, su eficacia, su poder de persuasión dependen de sus virtudes literarias y no de la fidelidad a los hechos. Y hay que decir que el primer gran logro de La niebla no pudo ocultarlo es su trama: el padre de Leopoldo, un policía de Yarumal, se escapa un día con la mujer del barbero. Leopoldo y su hermano mayor, Mauricio, deben convivir con la vergüenza del adulterio frente al pueblo y a los hijos del barbero, sus compañeros de colegio. La vergüenza más el trauma del abandono harán que Mauricio huya de Yarumal. ¿En busca de su padre? ¿Se metió en la guerrilla, como propagan los maledicentes del pueblo? A los pocos días del regreso de Mauricio, Leopoldo y un amigo son testigos, de casualidad, del asesinato del barbero por unos hombres armados. Si la gente se entera de ese crimen, su hermano está perdido, piensa Leopoldo y decide hacer algo cuya resolución mantiene viva la trama. Así él sea un niño, lo que ocurre en el pueblo se hace presente a través de sus seres más cercanos. ¿De qué manera una situación externa afecta la vida de los personajes? De manera muy concreta, el destino del pueblo se entrelaza con los destinos individuales. Las familias se involucran y por lo tanto los niños también se involucran. El novelista lo que hace es seguir las huellas de ese entramado social.

Hay otra subtrama, más ligera, que sirve de contrapunto y nos acerca musicalmente a la conservadora cultura montañera: Luna, la tía de Leopoldo que vive con ellos después del abandono del padre, es pretendida por un serenatero, quien es rechazado por el abuelo, el paterfamilias, al considerarlo de un rango social inferior. Leopoldo oficiará de celestina y de amanuense de aquellos amores prohibidos. Son, entonces, creíbles la historia, los personajes, la atmósfera, gracias a un lenguaje sencillo, contenido, con algunos breves destellos poéticos. “Recordé entonces lo que me respondió Mayita cuando le pregunté por qué las hojas de los yarumos no eran verdes como las hojas de todos los árboles del mundo: -Es por la neblina, Leopoldo. Las hojas de los yarumos están pintadas de neblina”.

Siguiendo la tradición de la buena literatura colombiana de la violencia –que evita el panfleto- y de la buena literatura juvenil –que no le da miedo abordar temas ‘duros’-, Albeiro Echavarría ha escrito una novela juvenil para tener en cuenta.

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