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| 5/7/2001 12:00:00 AM

Luna Papa

Esta divertida travesía por los desiertos de Asia Central es una experiencia irrepetible. ***

Director: Bakhtiar Khudojnazarov
Protagonistas: Chulpan Khamatova, Moritz Bleibtreu, Merab Ninidze

En un pueblo ima-ginario, en un país inexistente del centro de Asia, un niño a punto de nacer narra, desde el vientre de su madre, la historia de cómo ella, la joven Mamlakat Bekmaroudova, hija de Safar, el veterinario viudo, quedó embarazada después de un misterioso encuentro bajo la Luna. Y, más tarde, el relato de cómo esa familia —la mujer atemorizada, el papá inolvidable, el hermano atontado por la guerra— se empeña en encontrar, a como dé lugar, y por cielo, mar y tierra, al padre del niño por venir.

Luna Papa es la tercera película dirigida por Bakhtiar Khudojnazarov. Se inspira, según el propio autor, en las costumbres de varios pueblos de Grecia, Turquía y el mar Negro, en una serie de recuerdos de infancia, en la literatura de Luigi Pirandello y Gabriel García Márquez, en la conmovedora tragicomedia de tres amigos que, enamorados de la misma camisa, tomaron la desastrosa decisión de comprarla entre todos y turnársela día por día, y, en la increíble y triste historia verdadera de una mujer que, con varios meses de embarazo, se convirtió en la única sobreviviente de un más o menos divertido accidente: un toro histérico, a punto de acabar con la tripulación de un avión, fue lanzado al mar, en pleno vuelo, y, 5.000 metros después, cayó sobre un indefenso barquito de pesca.

El director dice que el tema central de la película es el de la búsqueda de un padre, de un dios, de un organizador de vida, y que “se puede decir, creo, que este relato describe el mundo desde los ojos de un niño que aún no ha nacido y que es, al final, la historia de amor de una madre por su hijo, de la Santa Virgen por su salvador, de la mujer por su marido, de los gusanos por sus papas, de Icaro por el sol, de las gentes tristes por las gentes alegres, de Mamlakat por su Papa Luna”, pero, en medio de los encuadres poéticos y de la divertida lógica de la película, es muy difícil llegar a concluir algo por el estilo.

Luna Papa no se puede pensar. Lo mejor que se puede hacer es conocer a sus maravillosos —y tal vez maltratados— personajes, disfrutar de una, dos o tres escenas estupendas y recibir su extraña aventura como si se tratara de esas anécdotas que sólo creeríamos si nos dijeran que ocurrieron en la realidad. El mejor ejemplo, aparte del de aquel buzo que apareció en la última rama de un árbol, podría ser el de ese hombre que, en la mitad de su propio entierro, descubrió que estaba vivo: golpeó la tapa de su féretro y, cuando fue liberado, salió a correr, poseído por la felicidad y la angustia, por las calles de su pueblo, y, por no mirar a ambos lados de la calle, fue atropellado por un carro. El entierro, entonces, pudo continuar. Así, tan absurda y lamentable, es esta encantadora película. No se repetirá. Y ese es, tal vez, su gran mérito.
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