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| 2/22/1999 12:00:00 AM

LUTO EN LAS TABLAS

Con la muerte de Jerzy Grotowsky el teatro mundial pierde a uno de sus más grandes <BR>reformadores.

A la hora de hablar de teatro contemporáneo el nombre de Jerzy Grotowsky se convierte en
una referencia obligada. Su muerte en Pontedera, ciudad al noreste de Italia y donde vivía desde 1986, ha
conmocionado a miles de sus discípulos, quienes se han dedicado a difundir su particular visión del teatro.
Los determinantes aportes que hizo este teórico polaco en las últimas cuatro décadas a la concepción
escénica han hecho que su nombre figure al lado de directores de la talla de Bertolt Brecht y Konstantin
Stanislavsky. De este último heredó su persistente investigación sobre la naturaleza de la actuación y ello
lo condujo a la creación del llamado "teatro pobre". Grotowsky entendió que lo único indispensable era la
relación entre el actor y el espectador, mientras que a los demás elementos los consideró innecesarios.
Dentro de su teoría, la escenografía, los efectos de luz y de sonido, el maquillaje y el vestuario sobran a la
hora de concebir el verdadero teatro. La utilización de dichos recursos técnicos constituían para él un "teatro
rico, pero en deficiencias". Sin embargo sus planteamientos no se quedaron en el debate del uso o no de
dichos apoyos escénicos. Sus mayores aportes los dio con la creación del Laboratorio Teatral, un lugar en el
que experimentó todo tipo de sensaciones con los actores. En este centro de investigación, que inicialmente
tuvo su sede en Opole, Polonia, Grotowsky buscaba que los actores entraran en un trance, que serviría
para eliminar sus propios temores y dificultades, antes de abordar cualquier personaje. Con su método
quería que el actor mostrara a los espectadores sus más íntimos impulsos y pensamientos. Esta intención
generaría el trabajo del 'actor santo', bajo el cual el papel se convierte en un pretexto para exorcisar lo que el
actor tiene escondido dentro de sí , para hallar las semejanzas entre el personaje y su propia vida con el fin de
exponerlo a un público determinado. Ese 'actor santo' debe ser el opuesto al actor cortesano, quien, según
Grotowsky, es el que se vende y el que espera beneficios por su interpretación. "Grotowsky propuso una
forma de trabajo sobre el actor mismo. Lo que le preocupaba era el actor como persona", afirma Fernando
Montes, profesor de la escuela de formación de actores del Teatro Libre de Bogotá, quien conoció al maestro
personalmente. Para Grotowsky, si había que representar a un perro no había que imitarlo sino buscar lo que
cada actor tiene de ese animal. Su método llegaba a tal punto de sólo permitir la entrada de 25 espectadores a
cada obra para que existiera una mayor interrelación con los actores. Pregonaba una técnica de shock, en la
que el actor podía desfogar sus intimidades sin ningún pudor. Esa fue la característica principal de las obras
que dirigió, entre ellas Caín, de Byron; Hamlet , de Shakespeare; El doctor Fausto, de Marlowe, y el
Príncipe constante, de Calderón. Sus métodos, difundidos por Europa, se convirtieron en un rompimiento con
los esquemas que venían utilizándose en la concepción del arte escénico antes de los años 60. Su legado es
invaluable y el mundo de las tablas apenas se repone del adiós de uno de los más grandes del siglo XX.
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