Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/11/03 00:00

MAESTRO DE MAESTROS

Veintiún relatos de uno delos grandes escritores de hoy.

MAESTRO DE MAESTROS

Lo que queda por vivir
John Updike Traducción de María Luisa Balseiro Tusquets
Editores Barcelona, 1997
$ 33.000
No cabe duda: John Updike es uno de los grandes escritores norteamericanos de este siglo. Poeta, ensayista y crítico, se ha destacado principalmente por su obra narrativa. Como novelista es el creador y recreador de ese personaje inolvidable que es Harry Angstrom, más conocido como Rabbit, conejo. La historia de Rabbit la ha narrado Updike en una tetralogía, enlazándola estrechamente con la vida yanqui desde la era de Kennedy hasta el crepúsculo de Carter.
Así, ha logrado plasmar un retrato implacable y muy realista del norteamericano medio, que fue del hippismo contestatario al conformismo burgués, realizando el sueño americano de la riqueza económica, con su consumismo desenfrenado, su puritanismo y su mediocridad espiritual.
Pues bien: Lo que queda por vivir continúa esa exploración despiadada y agrega nuevas facetas a su sátira de los Estados Unidos de hoy. Son 21 relatos breves, todos ellos espléndidos en su realismo, a veces sórdido, a veces muy poético.
Como siempre en Upkide, hay una historia muy cotidiana y corriente, con personajes y problemas de todos los días, que él maneja con maestría para entregarnos caricaturas de las gentes y las costumbres de su sociedad saturada de televisores, neveras, automóviles y supermercados. Siempre, también, hay detrás una tragedia, pequeña y mezquina. Cada uno de estos relatos podría ser un episodio vivido por Rabbit, ya maduro y con barriga: el nieto que llega, la madre nonagenaria, un homosexualismo tardío, el reencuentro con unos amigos de adolescencia, etcétera.
Sin embargo, en este libro se nos niega el deleite de la magnífica prosa que caracteriza la obra narrativa de Updike, pues la traducción es pésima. Resulta incomprensible y censurable que una editorial de la envergadura de Tusquets publique una traducción tan mala de un escritor de la importancia de Updike. No solo está saturada de insoportables modismos peninsulares, sino que utiliza construcciones gramaticales erradas, vocablos inexistentes o adaptados por alguien que desconoce el español a profundidad. Es de verdad imperdonable pero, aun así, el lector reconoce el gran escritor que es Updike y goza.

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