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| 10/11/1982 12:00:00 AM

MALA HIERBA NUNCA MUERE

Una telenovela, "La mala hierba", divide la opinión de los televidentes.

La polémica se fue desatando sotto voce y lentamente. Era el tema de conversación de reuniones sociales y sobremesas familiares. Hasta que, de un momento para otro, salió a la luz pública. A través de comentarios de radio, artículos de periódicos, cartas al lector y un debate en TV, se hizo evidente un hecho: la opinión de los televidentes se había dividido en torno a la telenovela "La mala hierba", basada en la novela homónima de Juan Gossaín que había batido récords de venta a finales del año pasado.
Hace unos días se supo que la programadora Caracol había enviado al autor a Cartagena, para prolongar, hasta comienzos del año próximo, la telenovela. Por otra parte, había rumores sobre una posible llamada cordial del nuevo director de Inravisión, Gustavo Castro Caycedo, a los ejecutivos de la empresa, para estudiar la posibilidad de una pronta finalización de la telenovela y la disminución de las dosis de violencia.
Pero la polémica ya había comenzado con una denuncia de la Sociedad Colombiana de Toxicología y Farmacodependencia (Acotofa): "consideramos que el tema de la obra v la forma cruda como lo están presentando corrompen la higiene mental y pueden inducir a realizar actos criminales" Fue la gota que rebosó la copa y que enfrentó a tirios y troyanos.

HISTORIA CON HISTORIA
"La historia del amor y la violencia" la llamó su autor y la programadora la lanzó con un slogan que podría resultar apocalíptico: "La historia que hará historia en la televisión colombiana". Una obra que había nacido como guión de cine, se había transformado en novela y, finalmente, volvía, en cierta forma, a su dimensión original, la imagen.
Sin embargo, la guionista, Marta Bossio de Martínez, fue encontrando los problemas inherentes a la adaptación. La estructura de la novela presentaba saltos en el tiempo y en el espacio, ciertas digresiones que, en favor de la claridad de la telenovela, tenían que encontrar salidas diferentes. No se podía perder la continuidad de la acción y, además, se planteaba la necesidad de determinar núcleos dramáticos y de enriquecer psicológicamente algunos personajes para sostenerlos. Y había que inventar ciertas situaciones para configurar rasgos del carácter de los personajes.
No podían quedar hechos gratuitos, ni acciones sin justificación. Era indispensable nutrir de carne y hueso el argumento, violentando muchas veces el hilo narrativo de la novela, en favor de la lógica dramática y del lenguaje de la TV. Había que darle piso a la transformación de un mundo, de una familia, de una región, de unas costumbres, por la aparición de un negocio ilícito: el tráfico de marihuana. Fue la labor que adelantó Marta Bossio de Martínez y que fue sometiendo al análisis, caso nunca visto en la TV, de un grupo de trabajo en el que metieron mano no sólo el director, sino el autor mismo y los directivos de la programadora.
Un primer tropiezo se presentó cuando vieron las tomas iniciales de escenas realizadas en la Costa. Se había escogido como protagonista a Juan Harvey Caycedo, uno de los más cotizados locutores colombianos. Pero su actuación, sin ser mala, no convenció. Se necesitaba un actor con más cancha. Salvar el impasse no era fácil, porque existía una estrecha amistad entre Gossaín y Caycedo. Mauricio Calle, gerente de Caracol, tuvo que pasar un trago amargo al comunicarle a Caycedo las razones para "relevarlo" del papel. Sin embargo, con gran profesionalismo Caycedo entendió e hizo "mutis por el foro". En su lugar habría de desempeñar el papel el veterano Camilo Medina.
Comenzaron entonces la producción en serio y en serie: escenas en la Costa, Miami y Prado a un costo promedio de $ 450.000 el capítulo, y escenas de interiores a un costo promedio de $ 250.000 por capítulo, cifras considerables para una producción nacional.
En un comienzo estaban planteados muchos personajes pero, poco a poco, se fue haciendo evidente la necesidad de reducirlos. No había suficientes actores de calidad para desempeñar papeles que, sin ser protagónicos, necesitaban fuerza dramática. La clasificación que los mismos actores se han dado por categorías (1a, 2a y 3a), impedía que algunos aceptaran papeles buenos, pero de corta duración, por la sencilla razón de que no los consideraban de primera. Y los extras no daban la talla. Tuvieron, entonces, que inclinarse por la vía aparentemente más fácil: eliminar personajes.
La telenovela empezó cada vez más a cobrar fuerza, la audiencia fue aumentando. Mientras la telenovela anterior, "La duda", terminó con un rating que daba ganas de llorar,"La mala hierba" fue creciendo en sintonía. Actualmente, una encuesta contratada por Caracol en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla ha revelado que el rating oscila entre 59 y 65, siendo Barranquilla la ciudad donde más se ve la telenovela. Y mientras hay programas que sufren por escasez de avisos, los anunciantes literalmente "hacen cola" para pautar en la telenovela.

TIRIOS Y TROYANOS
Así, "La mala hierba", que dramatiza el mundo de la gente vinculada al negocio de la marihuana, que muestra cómo se va transformando una sociedad y una región, que pone en acción personajes y conflictos de la realidad nacional, está hoy sobre el tapete. Tal vez la cercanía histórica y la vigencia del tema han hecho mas susceptible a la opinión. Los extremos se sitúan entre aquellos que afirman que "es una presentación provocativa del tráfico de la marihuana y que podría despertar en personas mal estructuradas el deseo de alcanzar todos los lujos y la riqueza de forma aparentemente fácil", y aquellos que la defienden diciendo que la telenovela está recreando una realidad social colombiana. No habría razón de escándalo, más aún si se tiene en cuenta que es un problema que viene ocupando la atención de los medios de comunicación nacionales e internacionales. Ocultar esa realidad en TV, cuando no se oculta en otros medios, sería hacer lo del avestruz.
"Aunque es una real¿dad, es peligroso mostrarla como verdadera situación nacional" aseguran los opositores, entre quienes se cuentan no sólo la Asociación de Toxicología que revolvió el avispero, sino numerosos padres de familia y el mismo director de Inravisión, Gustavo Castro Caycedo quien dijo que "en un país con problemas, de gentes con privaciones... la carga de violencia y conflictos que le lleva la TV no está ayudando en nada" (ver entrevista). Además, consultado por SEMANA sobre la polémica afirmó: "se ha demostrado que la crudeza de las cámaras es causante de mavor violencia. En el caso de "La mala hierba" los mismos productores, Fernando Londoño Henao, Mauricio Calle y Juan Gossain, con quienes he hablado, han encontrado que hay razones para la solicitud de disminuir la dosis de violencia" No se trataría, entonces, de acabar con la telenovela, sino de "meterla en cintura" para que atenúe la violencia de algunas escenas y se ajuste al cumplimiento de las normas exigidas por Inravisión.
Pero la polémica presenta otras aristas, pues mientras los detractores sostienen que es una apología del narcotráfico y un estímulo a la farmacodependencia, porque entre la audiencia hay gente joven y susceptible que puede ser incitada a cometer actos ilícitos y a consumir marihuana, sus realizadores y una buena parte de la opinión pública alegan que las acusaciones son subjetivas y que llevan el peso de un moralismo a ultranza. Podrían reducirse, en el fondo, a un esquema falso, maniqueo, en el cual el mundo se dividiría en buenos y malos. En ese mundo, a los buenos no se les permitirían rasgos malos y viceversa, y el malo siempre sería castigado. Esto no sucede en la realidad donde, como en la telenovela, hay autoridades corrompidas que no son sancionadas y miembros de la Iglesia que han perdido el olor de santidad, dicen los defensores. Son problemas reales de ciertas regiones del país. "No hay por qué contarle al país la verdad a medias, arguye Gossaín, porque entonces tocaría crear una academia clandestina de historia para que cuente la verdad de los hechos. Además, en Colombia hay corrupción y si existe la tendencia a la vida fácil en nuestro país no es inmadurez, sino hambre".
En resumen, un problema nacional que no puede escamotearse mediante un maquillaje maniqueo, dirían unos. Y otros argumentarían que mientras el problema real toca a un cierto número de colombianos, la TV lo generaliza y lo lleva a 8 o 10 millones, en una forma que alentaría una percepción de la vida en la que no hay sanción y en la que se aceptaría el narcotráfico como medio legítimo de adquirir fortuna y elevar el nivel de vida.
Una opinión dividida cuando la telenovela apenas ha sobrepasado el capítulo 65. Faltan aún 45 capítulos más, antes de que aparezca en pantalla la palabra "fin" y habría la posibilidad de que la balanza se inclinara en uno u otro sentido. Sin embargo, lo más probable es que se conserve dividida. A pesar de una frase del cacique Miranda: "el dinero no sirve para nada".

UN PUNTO DE VISTA
Cuenta con una larga experiencia en el medio, no sólo en el campo de la tolevisión educativa como libretista y realizadora de programas para Cafam, sino como libretista de obras para la TV comercial como "El diario de Ana Franck", "Un tal Bernabé Bernal" y "El secroto do una solterona". Es Marta Bossio de Martínez quien, con la polemica quo se ha desatado en torno a la telenovela "La mala hierba", basada en la novela de Juan Gossain, está, en cierta forma, en el banquillo. Ella es la libretista.
SEMANA. ¿Cuál es su opinión sobre el debato planteado en torno a "La mala hierba"?
MARTA DE MATINEZ. El debate es positivo. Creo que todo cambio genera crisis y el debate sobre la telenovela está demostrando que se está en vías de superar una etapa en el género.
M. de M. Hay quienes piensan que la telenovela, un género tan popular, debe cumplir una función social denunciando problemas, como por ejemplo éste del narcotráfico. Y hay quienes opinan que debe limitarse a entretener contando historias y romances imposibles, cosas que, en el fondo, son más alienantes, porque se limitan a reproducir esquemas y le impiden a la gente pensar.
S.: ¿Usted cree que la telenovela es un estímulo a la violencia, el narcotráfico y la farmacodependencia ¿cómo ha sido denunciado?
M. de M. Quienes acusan a la telenovela como un estímulo para esas conductas han admitido que el estímulo sólo encuentra respuesta en determinadas personas predispuestas. Yo haría, entonces, otra pregunta. ¿quiénes están predispuestos y por qué? Y si lo están por condiciones psicológicas individuales o familiares o por condiciones sociales. El estimulo directo se daria si paralelamente a la novela se vendiera marihuana... Y no es ironía. Es la única forma en que podría ser un estímulo real. De resto, la máxima acusación que podría hacerse es que la telenovela alimenta sueños de riqueza y de poder por medios ilícitos y en ese caso la preocupación de quienes la acusan, no debería ser por la telenovela, sino por la sociedad que presenta unas condiciones tales que determinan que haya personas que necesiten alimentar o que de hecho alimenten esos sueños.
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