Lunes, 23 de enero de 2017

| 1983/05/16 00:00

MANOS BAJO LA MESA

Jim y Olga Amaral, 25 años de estrecha colaboración estética y vital independencia artística.

MANOS BAJO LA MESA

Como quien juega su partido de póker y tiene al compañero que le pasa naipes que han de volverse triunfos, durante los últimos veinticinco años y ante un público que nunca ha entendido bien cómo es la interacción, cada uno de los miembros del matrimonio Amaral ha colaborado con el otro en "trampas" estéticas que concluyen en la producción de obras que, a pesar de su origen común, son bien distintas entre sí.
Jim ha incidido sobre Olga, transmitiéndole parte de su imaginación y su refinamiento. Así ha visto aparecer en el trabajo de ella muchas de las que seguramente han sido aspiraciones suyas, aunque no necesariamente pudiera haberlas realizado él. A su vez Olga, al recibir dicha carga de impulsos imaginativos, y al plasmarla en tapices complejos y ricos, ha indicado a su marido cómo puede reciclarse la sensibilidad delicadísima para ser replanteada en imágenes de tremenda fuerza.
La semana pasada Olga mostró en textiles Amaral, en el último piso, espaciosa mansarda, las obras que ha de llevar a su exposición individual en la Galería de Maestros Tejedores (Modern Masters Tapestries Gallery) en la ciudad de Nueva York. Esta semana, por su parte, Jim Amaral inauguró su exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Es así que casi simultáneamente se han presentado estos esposos artistas ante el público capitalino, para evidenciar cómo sus obras se han originado en un taller que más que de pintura, escultutura o tejidos, pudiera parecer laboratorio a quienes observen la singular acreción de objetos peculiares, de materiales peregrinos, de herramientas singulares y de obreros y obreras que allí trabajan, para entre todos llevar a cabo una de las aventuras creativas más interesantes, signficativas y dignas de ser tenidas seriamente en cuenta, de entre las que en nuestro medio se han desarrollado últimamente.
Durante estos últimos veinticinco años, desde que se casó con Jim, el trabajo de Olga ha atravesado diferentes etapas. Las primeras fueron de aprendizaje, e incluían la investigación y la experimentación. Con relativa rapidez su obra alcanzó niveles de verdadera creación artistica, en la cual ya no habría tanta metodización de los procesos y técnicas empleados sino que, por el contrario, estaría caracterizada por la impulsiva inmersión en las profundidades de ideas atadas a nociones estéticas que vienen desde lo más anterior de su ancestro. Con ellas ha rescatado prácticas antiquísimas de la artesanía colombiana y las ha llevado al nivel muy notable de expresión que le ha permitido ocupar uno de los lugares sobresalientes en el movimiento internacional de la textilería artística contemporánea.
En la obra con que Olga de Amaral concurre a su exposición individual de Nueva York, las crines de caballo cuelgan, levantándose, casi flotando, sobre fondos tejidos, pintados parcialmente con tonos blancos y azules, o cubiertos, parcialmente también, con laminilla de oro. Con estos recursos establece un espacio real que existe entre el levantamiento de las crines y sus fondos, y que se manifiesta visualmente por medio de las sombras que las crines proyectan. Pero también establece un espacio virtual gracias al blanco del tejido y al azul pintado para con ellos sugerir sombrías frialdades, y gracias al oro para con él sugerir luminosos y cálidos destellos. Entre todos, a su vez, evocan visos de materiales tan mutables, visualmente hablando, como el marfil, el ópalo, la madreperla o el nácar. Ellos, a través de sus imaginadas presencias, dan un carácter "antiguo" a los trozos tejidos. Con ellos también Olga de Amaral relata una historia concreta y abstracta sobre los rasgos básicos del entorno colombiano y de lo que constituye una gran parte, tanto de su carga iconográfica como idiosincrática. El trabajo de esta tejedora combina la elegancia y sensibilidad transmitida por su marido, con esa especie de brutalismo impulsivo, y de agresividad; de severidad exigente propios de ella, y que levantan su trabajo por encima del simple nivel del buen gusto para situarlo en una altísima categoría.
Por su parte, el trabajo de Jim Amaral también ha venido evolucionando durante estos últimos 25 años.
Su obra se ha movido desde una primera etapa donde una serie de expresiones dibujisticas cargadas de alusiones fantásticas tenían que ver con angustias sepsuales y sexuales, y con la decadencia de los materiales orgánicos que representaban, en su genealogía particular, la decadencia de los cuerpos y de la vida. También esa primera etapa tenía que ver, muy significativamente, con la presencia, la influencia inequívoca y con el impacto que sobre él siempre ha ejercido la estética del movimiento internacional del surrealismo.
Pero si ese surrealismo inicialmente fue díbujado, graficado y explícito, ha venido cambiando poco a poco, a lo largo de un proceso interior, consciente, discreto y serio, y se ha movido hacia la región de la pintura. Esto último puede afirmarse desde varios puntos de vista. En primer lugar porque lo puramente gráfico y lineal ha cedido su puesto a lo masivo, lo cromático, lo atmosférico; a la forma que se plantea por medio del sutil claroscuro alimentado con los recursos inagotables y fundamentales del color.
De esta misma coloratura o cromatismo parecen asimismo nutrirse las figuras con que Jim Amaral trabaja la escultura actualmente. Estas piezas de cerámica pintadas, de la serie que el artista llama "Metamorfósis", son evidencias claras de una voluntad de pintar que no se limita a trabajar las dos dimensiones reales del cuadro para sugerir una tercera, ficticia e ilusoria dimensión, sino que trastoca la acción de la pintura al pasarla a a forma tridimensional para pictorizar la escultura: esto quiere decir que el color cava hacia adentro de la superficie, desde adelante, desde atrás, desde arriba o desde abajo, siempre hacia adentro, para hacer de la forma escultórica algo mucho más denso, apretado y por tanto concreto. O sea que a través de la utilización del recurso pictórico se logra incrementar la consistencia tactil de lo tridimensional, asi como la carga significativa de sus impresionantes figuras.
En su pintura actual, Jim Amaral trabaja las imágenes de frutas de perfil sobre superficies donde se apoyan y organizan con recursos matéricos y cromáticos muy ricos, que parecen incluir el frotage, el dibujo automático, el lijado y raspado de las superficies, el descubrimiento de zonas pintadas anteriormente a través de la eliminación de capas superiores pintadas después, y toda una gama de posibilidades que se superponen para generar estas imágenes extrañas, atractivas y sugerentes. En su factura es más importante el recurso de quitar o sustraer pintura, que el mismo proceso de pintar.
Jim Amaral también ha continuado su ligamento sentimental e intelectual a los procesos intuitivos y poéticos del surrealismo, como lo atestiguan numerosos objetos que aparecen en su exposición individual.
Al casi coincidir las dos muestras de este matrimonio, se ha aclarado un punto más en la comprensión del proceso de génesis de las imágenes en el arte; a su vez ese punto ayudará a entender la alegoría implícita en este taller vivo, fuente de alquimias y transformaciones, lecho de interacciones en el trabajo de los esposos. -
Galaor Carbonell -

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