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| 2/25/2017 12:00:00 AM

Luz de luna vista por Manuel Kalmanovitz

Este drama nominado a los Óscar hace un retrato elegante y cálido de un muchacho afroamericano y su despertar homosexual en un barrio marginal de Miami. *** ½

Título original: Moonlight

País: Estados Unidos

Año: 2016

Director: Barry Jenkins

Guion: Barry Jenkins (historia de Tarell Alvin McCraney)

Actores: Alex Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes

Duración: 110 min

El color azul tiene un papel protagónico en esta película. Azul es el interior de un auto, el mar y el cielo, pero, más importante, el estado anímico es azul en el sentido que blue tiene en Estados Unidos: la manifestación compleja de la melancolía, la añoranza o la tristeza persistentes, un sentimiento difuso que lo colorea todo.

Sobre el blues como género musical –pero también como sentimiento– la cantante Billie Holiday decía: “El ‘blues’ para mí es como estar muy triste, muy enferma, ir a la iglesia, estar muy feliz. Están el ‘blues’ alegre y el ‘blues’ triste…”.

Esta película delicada y elegante muestra ambas clases de azul mientras sigue a su protagonista en tres etapas de su vida con nombres distintos: durante su infancia es Pequeño (Alex Hibbert), en la adolescencia es Chiron (Ashton Sanders) y en la adultez es Black (Trevante Rhodes).

“En algún momento debes decidir por ti mismo quién vas a ser, no puedes dejar a nadie tomar esa decisión por ti”, le explica al niño Juan (Mahershala Ali) un vendedor de drogas que, conmovido por la fragilidad y el silencio irritado del niño, se vuelve su protector. Cada uno de los tres capítulos sigue esa idea como si cada nombre revelara una decisión acerca de lo que este niño/muchacho/adulto es y quiere ser.

Más allá de las variaciones y cambios, las tres encarnaciones del muchacho tienen en común un silencio terco y persistente, que cada actor representa encontrándole distintos acentos y tonalidades.

Que el silencio es un terreno rico y cargado es bien sabido aunque resulte fácil olvidarlo, distraídos como estamos por el peso que le damos a palabras y conceptos. En Luz de luna el director Barry Jenkins parece decidido a rescatar su poder expresivo.

Es una historia de aprendizaje emocional y de matoneo. En la infancia el niño huye de sus compañeros que lo persiguen para pegarle, y encuentra refugio primero en un edificio deshabitado y luego con Juan y su pareja. En la adolescencia el matoneo persiste y el hecho de que su víctima sea este chico desgarbado, flaco y demasiado alto lo hace aún más angustioso.

Es un aprendizaje relacionado no solo con evitar que le peguen, sino con su homosexualidad que, agazapada tras su silencio, tiene algo de paralizado y de angustioso.

Aunque todo tiene lugar en Liberty City, un barrio pobre y mayoritariamente afro de Miami donde crecieron Jenkins y el autor de la historia, Tarrel Alvin McCraney, la película prefiere no enfatizar el contexto de pobreza –aunque la venta y consumo de drogas se presentan como fenómenos cotidianos–, sino las experiencias individuales que parten de este entorno particular y se proyectan a lo universal.

Con guiños al cine de Gus Van Sant o Wong Kar Wai, Luz de luna también recuerda a Killer of Sheep, esa obra maestra del realismo afroestadounidense de 1978, que mostraba con cuidado y calidez la vida en un barrio pobre de Los Ángeles donde un paisaje desolado resultaba iluminado por chispazos de felicidad. Como la definición de Holiday, Luz de luna muestra con gran elegancia cómo una vida tiene espacio para el blues alegre y el blues triste. n

CARTELERA

La chica desconocida ***

Lo más reciente de los hermanos Dardenne sigue la búsqueda apremiante de una médica por averiguar el nombre de una muchacha muerta.

El plan maestro * ½

Película plana y rutinaria de criminales, militares y asaltos bancarios.

Sin nada que perder *** ½

Otro filme de atracos bancarios, aunque este sí es imaginativo, intenso y desolado.

Lego Batman ***

Este Batman recorre la historia del personaje hilando incansablemente chistes de todos los calibres.

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