Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/3/2016 12:00:00 AM

Sully, la película dirigida por Clint Eastwood

Es basada en una historia real, retoma el acuatizaje de un avión de pasajeros en el río Hudson en 2009 para pensar las posibilidades del heroísmo en una época computarizada. **

Título original: Sully

País: Estados Unidos

Año: 2016

Director: Clint Eastwood

Actores: Tom Hanks, Aaron Eckhart y Laura Linney

Duración: 96 min

El centro de este filme es un episodio que dura 208 segundos. Repiten la cifra para que no quede ninguna duda y, aun así, no parece ser suficiente porque, además, muestran esos mismos tres minutos y pico varias veces y de distintas maneras.

Lo que pasó ahí fue que el avión piloteado por Chesley ‘Sully’ Sullenberger acuatizó en el río Hudson cuando ambos motores se averiaron tras chocar con una bandada de aves. Las 155 personas que iban en la aeronave sobrevivieron.

Sully, interpretado con el ceño fruncido por Tom Hanks, es una figura paterna benévola e íntegra. Un tipo decente, preparado, comprometido con su trabajo. No se derrite ante nada: cuando una desconocida lo abraza tras su hazaña se le nota la incomodidad.

En un sentido amplio, Sully es una película sobre la autoridad y sobre cómo esas figuras que en otras épocas eran honradas sin cuestionamientos ahora resultan atacadas por formas de poder más difusas, menos humanas, más difíciles de apelar. Se trata, claro, de los datos y los algoritmos que, sin rostro ni voluntad aparente, regulan buena parte de nuestras vidas.

Es un tema sin duda interesante, aunque esta película lo asume de una forma tan prosaica, tan televisiva, que es difícil emocionarse en cualquier sentido.

La autoridad que representa Sully es clara y necesaria en su rol de piloto de avión. El conflicto se da en unas audiencias con burócratas aeronáuticos que cuestionan su decisión, porque, según sus simuladores virtuales, la aeronave habría alcanzado a aterrizar en algún otro lado.

Los computadores, claro, no tienen la experiencia de Sully ni su instinto o humanidad o capacidad de desconcertarse. Tampoco –y quizás más importante– sufren el peso de sentirse responsables por la integridad física de otros seres humanos.

Pero este choque entre el instinto de una persona consciente de las dimensiones morales de su oficio y la rigidez de los computadores no es fácil de dramatizar, quizás porque es un problema más cercano a valores abstractos que a acciones que se puedan proyectar en una pantalla.

Como no se dramatiza, Sully repite cifras y sermonea. Por momentos la película se abre como las cintas clásicas de desastres –una señora en silla de ruedas compra chocolates, una familia de tres hombres regresa a casa–, pero es un caleidoscopio que se corta rápidamente: las historias se sienten superficiales, como rellenando el tiempo.

Al final, quizás, lo mejor sea ver esto no como una reflexión sobre el poder, sino como una ilustración de esas historias que cobran relevancia mediática gracias a su actualidad. En esos 208 segundos un avión se averió y su piloto logró aterrizarlo en un río helado al lado de la ciudad de Nueva York. Cuando sucedió, fue noticia de primera plana un par de días, de las páginas interiores otro par y luego desapareció sin dejar rastro, desplazada naturalmente por algún escándalo político o alguna celebridad emproblemada.

Inconscientemente, Sully demuestra la lógica de este corto umbral de atención mediática: cuando se les ve sin urgencia, no tienen mucha gracia.

CARTELERA

Te prometo anarquía ***½

Película mexicana vital y energética que muestra la cotidianidad de un grupo de jóvenes patinadores desinhibidos e inquietos.

La noche que mi madre mató a mi padre **½

Cinta española que mezcla en tono de farsa un melodrama familiar, actores famosos y un posible crimen.

Atrapados en Navidad *

Varios grupos de personas resultan atrapados en ascensores la víspera de Navidad en este filme sin gracia.

Eso que llaman amor **½

El colombiano Carlos Arbeláez (Los colores de la montaña) le hace un homenaje a Medellín, en esta película donde se entrecruzan varias historias.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.