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| 10/8/2011 12:00:00 AM

Mapa antes que territorio

La esperada novela del escritor francés Michel Houellebecq, premio Goncourt 2010.

Michel Houellebecq

El mapa y el territorio

Anagrama, 2011

277 páginas

Quizá Michel Houellebecq no es un gran novelista, pero sin duda es un gran escritor. La trama, la prosa y la estructura narrativa de El mapa y el territorio sorprenden menos que su sobrecogedora mirada del arte y la sociedad contemporánea. Una mirada de etnólogo; una escritura más cercana al ensayo que a la ficción. De hecho, los reconocidos artistas plásticos Jeff Koons y Damien Hirst son personajes; también Steve Jobs y Bill Gates; Frédéric Beigbeder y otros tantos seres reales del ámbito cultural parisino. Incluso, el mismo Michel Houellebecq, el escritor misántropo y depresivo que conocemos, aparece tal cual en sus páginas. Aunque, es cierto, con la suficiente distancia irónica para romper cualquier convención realista: lo que aquí le ocurre a Michel Houllebecq (no lo vamos a contar, no somos aguafiestas) solo es posible en términos ficticios. Pese a esta salvedad, el sosias del autor termina siendo muy parecido a Jed Martin, el protagonista de la "novela". Y a eso voy: lo que sobresale en todas sus obras, lo que nos gusta y nos seduce de Houellebecq es esa voz única, auténtica, implacable, escéptica, lúcida, provocadora, políticamente incorrecta, así se esconda en la tercera persona o se disfrace de artista.

Porque eso es Jed Martin: un fotógrafo de objetos industriales que luego se hace famoso y rico fotografiando los mapas de la Guía Michelin (por eso el título del libro: El mapa y el territorio), y, hastiado de su trabajo y de su fama, se pasa a la pintura, a la desahuciada pintura al óleo en la que retratará a personas de oficios que van a desaparecer. Tal vez por eso nunca puede terminar el cuadro Jeff Koons y Damien Hirst repartiéndose el arte moderno. ¿Puede el arte dejar de ser una actividad industrial y comercial? ¿Podemos escapar a las relaciones enajenadas, al hastío y a la soledad? Jed Martin comparte sus inquietudes en el autoexilio irlandés de Houellebecq, otro artista tratando de escapar a la tragedia de la consagración en la cultura donde "el mapa es más interesante que el territorio".
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